Desolladero

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En números anteriores de Confabulario, el escritor Guillermo Sheridan y la doctora Elsa Schwarz han debatido sobre la tortuosa relación de Octavio Paz con su hija Helena, y que ambos han estudiado en sus respectivos archivos personales

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México 19 de mayo del 2020

Sr. Sheridan:
No sin bastante antipatía escribo estas líneas. Pues su visión de la relación entre padre e hija Paz no se basa en casi ningún argumento. Su interés no es la disputa científica, ni la verdad y ni siquiera la plausibilidad, sino el placer de la verdad a medias; es la vil insinuación y la difamación profana. Esta forma no vale la pena y me repela.

 

Si no es la búsqueda de la verdad, ¿cuál es su finalidad? Supongo que dos motivos: uno, parece que se siente en la obligación de resguardar sagradamente la fama póstuma de la vida privada de Octavio Paz, sin siquiera tomar en cuenta la otra cara de la historia. De esta manera cierra toda posibilidad a una discusión libre y abierta. ¿Hubiese querido Paz que esto fuera así? Además, Paz, un hombre de la palabra ¿hubiese aceptado su retórica insultante y sin argumentos? El otro motivo puede ser su falta de respeto hacia la mujer. También aquí, en relación con Helena. La soledad en el laberinto, usted vocifera: ¡Abajo las autoras, abajo la prologuista, abajo Helena y su madre! La violada Helena, ¿otra más?

 

Lo que nuestra sociedad necesita, señor Sheridan, son hombres libres de prejuicios que estén dispuestos a participar en diálogos. Desde los días de Sócrates sabemos que el diálogo es la única forma de buscar la verdad.

 

Hasta entonces y sin más que añadir.

 

 

Dra. Elsa Schwarz

 

 

Respuesta de Guillermo Sheridan
Dra. Elsa Margarita Schwarz Gasque:

 

Luego de declararse regida por la antipatía y reinvindicar a la ciencia en el mismo párrafo, psicoanaliza usted que ya difamé, insulté, vociferé, prejuzgué y carecí de “respeto a la mujer”. Luego de la catarsis, encomia usted la búsqueda de la verdad. Lo celebro.

 

Ya aceptó usted que Helena Paz Garro podía mentir, pues ya eligió usted creerle menos a ella que a su golpeador (curioso, pues es una de las pocas ocasiones en que ella no miente). Ahora pregúntese si no serán mentira las acusaciones a su padre. Y pregúntese en qué medida mentía por (dice usted) “la identificación con los aspectos autodestructivos de su madre, con quien estaba profundamente identificada”. Ese es el verdadero problema. Pero no lo opaque reponsabilizando a un hombre: muestre su “respeto a la mujer” creyéndola capaz de tomar sus propias decisiones.

 

Es inútil dialogar con quien no lee o, peor aún, prefiere no entender lo que lee. Es claro que le ocurre a usted ante las cartas que adelanté. Tampoco leerá las muchas más cartas de Paz a su hija que contradicen sus muchas mentiras (ya están en la zonaoctaviopaz.com). Yo, que sí leo, le agradezco al libro de usted que haya explicado a dónde iba a dar el mucho dinero que Paz envió a Helena Paz durante años: al alcoholismo y al derroche de ella y del pariente que la golpeaba a ella y a su madre, ese a quien usted justificó pues, según la ciencia de usted, las mujeres sienten “celos” de quien las golpea.

 

 

G. Sheridan

 

FOTO: Octavio y Helena Paz, en Japón, circa, 1952./ Especial

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