Diario de un loco: delirio teatral

Feb 21 • Escenarios, Miradas • 7313 Views • No hay comentarios en Diario de un loco: delirio teatral

 

 

POR JUAN HERNÁNDEZ

 

 

 

Mario Iván Martínez es un actor de probado talento. En el monólogo Diario de un loco, del escritor ruso Nikolái Gógol (1809-1852), el intérprete realiza actos de prestidigitación histriónica al pasar de un estado emocional a otro y conseguir el delirio teatral en el que se convierte la puesta en escena.

 

Martínez toma la batuta dejada por el fallecido actor Carlos Ancira, quien por años presentó, lunes tras lunes, el monólogo. Se trata de una obra en la que su autor deja fluir su neurosis y ansiedad, al mismo tiempo que hace una crítica social respecto a las desigualdades de clase, así como al sistema de salud para tratar la “locura”.

 

Una obra compleja que exige al actor concentración absoluta, comprensión plena del personaje y derroche de energía para mantener el tono delirante de la puesta en escena.

 

Diario de un loco es una obra para el ejercicio pleno del músculo actoral. El monólogo de dos horas, exige al interprete mantener alerta todos sus sentidos, pues no cuenta con elementos de apoyo más que los recursos de su capacidad histriónica.

 

El monólogo refiere a la fragilidad de un hombre que trabaja como burócrata. En su empleo es víctima de humillaciones. Ante la frustración por no tener un estatus alto en la sociedad en la que vive, el personaje comienza a tener delirios de poder y fantasías sexuales.

 

Lo atrayente de este monólogo es la capacidad del actor para transformar el espacio e interpretar a varios personajes. Este desdoblamiento de la personalidad es una característica de la inestabilidad del personaje.

 

La escenografía es la habitación del hombre solo: una cama, un perchero, un tapete y un taburete. En escena el actor consigue recrear diferentes espacios: la oficina del burócrata, la casa de su jefe, la calle helada y la habitación de la joven con quien el personaje tiene fantasías sexuales.

 

El actor está en transformación permanente, cuenta la historia del personaje a partir del diario de un loco que se cree Rey de España y padece el maltrato del personal del hospital en el que ha sido recluido tras perder el juicio.

 

La puesta en escena de Luly Rede es esencial, íntima, busca desnudar el alma del hombre que se ha ido a habitar un mundo en donde él puede ser lo que quiera. Un personaje que, visto de otra manera, podría ser metáfora de un mundo igualmente enloquecido, neurótico y esquizofrénico.

 

Quizá por eso es una obra de actualidad. El mundo de Gógol no es muy diferente al actual en el sentido de la decadencia espiritual. Vista desde la perspectiva dolorosa, al referirse a la fragilidad humana, se trata de una obra conmovedora, que toca las fibras sensibles de los espectadores, quienes, muy probablemente, pueden encontrar en el personaje algo de sí mismos.

 

Pese al tema, la obra está llena de momentos humorísticos. Reírse de la desgracia parece ser una de las mejores formas de mirarla a los ojos y comprenderla. Así que la puesta en escena tiene una estructura lúdica, con muchos elementos de los juegos infantiles, en el que los niños inventan mundos. Los espectadores son llevados por medio del humor ácido a recovecos misteriosos del alma humana.

 

Mario Iván Martínez se crece frente al reto que representa un texto como Diario de un loco. Se trata de un actor formal, de matices varios y de una asepsia interpretativa que no permite errores. El público va a ver al actor ahora, como en el pasado fueron a ver por años a Carlos Ancira.

 

Más allá de la propuesta dramática, el monólogo es una oportunidad para disfrutar del actor en escena, quien deja ver las costuras internas de la construcción del personaje y de la ficción. El histrión se vuelve en una especie de mago, que cambia el tiempo, el espacio y ofrece, a partir del movimiento, un viaje delirante.

 

Diario de un loco, con el actor Mario Iván Martínez, es una obra para ser disfrutada. Una puesta en escena que invita a participar del mundo delirante del personaje, gozar del trabajo actoral y entender el fenómeno escénico desde adentro.

 

 

 

*Diario de un loco, de Nikolái Gógol, con Mario Iván Martínez, dirección de Luly Rede, escenografía de Edyta Rzewuzka , música original de Omar González, e iluminación de Matías Gorlero, se presenta en el Teatro Julio Prieto (Xola 809, Del Valle), los lunes a las 20:30 horas.

*Mario Iván Martínez en su personificación del monólogo clásico de Nikolái Gógol / Cortesía: Teatro Julio Prieto

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