¿Por qué pararemos el 9 de marzo?

Feb 29 • Reflexiones • 3351 Views • No hay comentarios en ¿Por qué pararemos el 9 de marzo?

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POR CINTIA MARTÍNEZ VELASCO

 

Vivimos un momento crítico debido a la violencia en contra de las mujeres. Es sabido que, en un intento por tapar el sol con un dedo, el fiscal General de la República propuso eliminar el tipo penal de feminicidio para redefinirlo como un agravante de homicidio. Unos días después, como fenómeno en cadena que revelaría cuán absurda es la propuesta, el país fue testigo del feminicidio de Ingrid Escamilla y la filtración de las imágenes de su cuerpo desollado. Poco tiempo después, nos cimbró el escalofriante feminicidio de Fátima, la niña de apenas 7 años.

 

Las respuestas del presidente Andrés Manuel López Obrador no han estado a la altura de la crisis, en sus conferencias mañaneras ha tenido el mal tino de culpar al neoliberalismo del feminicidio, suponiendo, quizá, que eso era suficiente para deslindarse de su responsabilidad con el tema. Peor aún, ubicó a la derecha infiltrada y los detractores de su gobierno en el corazón de las protestas feministas. Lo anterior, nos ha dejado ver con claridad su nula capacidad de autocrítica, lo que suena afín a algo que vimos hace apenas unos meses, cuando AMLO destinó la distribución de su Cartilla moral a grupos evangélicos, de los que no se ha distanciado desde su campaña presidencial. Es momento de recordar que la agenda de dichas organizaciones religiosas/empresariales es antagónica con lo que señalan como “ideología de género”. “El movimiento en contra de la supuesta ideología de género es un movimiento reactivo con los avances de las mujeres en la década de los noventa” dijo la activista LGBT y feminista Gloria Careaga el 9 de octubre del 2019 en Ciudad Universitaria.

 

El término “ideología de género” fue una reacción religiosa ante el reconocimiento internacional de los Derechos Humanos de las mujeres en 1993 y a diversas conferencias organizadas por Naciones Unidas a propósito de dicho logro. No es casual que poco después Joseph Ratzinger (después Papa Benedicto XVI) comenzara a escribir sobre “ideología de género”. Es interesante mirar cómo nuevos grupos religiosos como los evangélicos (y sus ramas) retomaron el término y se sumaron a la iglesia católica para delinear las características de un antagonista común: el que no procure una familia conformada por hombre y mujer heterosexual con roles de género desfavorables para la mujer. Tampoco sorprende la condena feroz de estos grupos al aborto. Esto permite identificar el oportunismo del PAN, que recientemente ha tratado de autoproclamarse “feminista”, con todo y su antiabortismo, como si tal cosa fuera posible. La palabra “ideología” se ha utilizado recientemente como un recurso “crítico” para descalificar cualquier intento feminista por levantar la voz. Es de hacer notar la cercanía entre “ideología de género” e “ideología” y cómo ambos apelativos son usados -por grupos religiosos, pro-vida y el común de la gente- para el desprestigio de similares propósitos: los de feministas y los de la comunidad disidente sexual.

 

Puestas así las cosas, estaríamos ante un panorama desolador. Sin embargo, cuando dios cierra una puerta, viene el diablo y abre una ventana. Estamos siendo testigos de un movimiento feminista al que cada vez se suman más y más voces, plumas, rabias. Este resurgimiento del feminismo puede, en mi opinión, situarse hace cuatro años con la marcha del 24 de Abril (24A), el hashtag #MiPrimerAcoso, movimiento que politizó el secreto del acoso, usualmente guardado en la intimidad del olvido. Lo anterior desencadenó innumerable cantidad de marchas, aunadas a fenómenos, siempre polémicos pero nunca imperceptibles, como los tendederos del acoso en diversas universidades, el escrache, el #MeToo en todas versiones, los paros en la UNAM y los últimos llamados a Paro de Mujeres el 8 de marzo. Todo lo anterior nos dice que hay una juventud que no tiene tiempo de esperar.

 

El próximo 9 de marzo la colectiva Brujas del Mar llamó a “Un día sin mujeres”, paro al que se han sumado diversos frentes. Este 2020 paramos para manifestar nuestro rechazo a la violencia. Me interesa aprovechar para decir que es momento de concretar expectativas en materia de feminicidio y de laicismo. Considero que no sólo se trata de parar, es momento de exigir a AMLO lo que él no va a proponer por su cuenta.

 

A) Desde su tipificación en el Código Penal Federal en el 2012 apareció el feminicidio. En febrero de este año, el pleno de la Cámara de Diputados incrementó a 65 los años de prisión, como si la medida fuera suficiente para frenarlo. Sin embargo, datos oficiales de las fiscalías estatales y de los poderes judiciales locales recolectados y reportados por Inegi del 2015 a 2018, arrojan que sólo el 3.2% de los casos alcanzaron sentencias condenatorias. Por esta razón, podemos afirmar que el incremento de las condenas no es la solución al problema. María de la Luz Estrada –Coordinadora Ejecutiva del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio–, compartió para Animal Político en el artículo “Suben penas por feminicidios, pero sólo 3 de cada 100 asesinatos de mujeres son esclarecidos y llegan a condena” (21 de febrero del 2020) que se necesita un protocolo que actúe en las fiscalías, pues este tipo de crimen necesita un estudio del contexto. Es decir, es más importante procurar las fases indagatorias e incluso proponer un protocolo de tipificación de los casos. El punto me parece indispensable, y a éste agregaría la urgencia de fortalecer la Alerta de violencia de género y fomentar los debates sobre su importancia de decretarla a nivel nacional.

 

B) Es importante pedir a AMLO un gobierno laico. No podemos conceder que la iglesia, evangélica o católica, mantenga vínculos estrechos el gobierno e influya en sus decisiones. No lo podemos hacer por los mismos compromisos que trae la religión consigo, el feminismo debe sumarse a defender la libertad y no imposición religiosa de normas y valores morales. Sobre todo, porque la lógica religiosa es la misma que está detrás del feminicidio: por un lado, se mata a las mujeres porque valen menos, y por el otro, se las condena al exigir derechos, igualdad, libertad sobre sus cuerpos. En ambos casos la mujer es un ser poco digno de derechos o valor.

 

 

El feminicidio y el transfeminicidio son sólo una expresión del problema, ese hecho que podemos condenar porque aparece ante nosotros como algo difícil de explicar y resulta inaceptable. Pero éste viene con muchos fenómenos detrás, imperceptibles y cotidianos, que nos acompañan en las esferas más privadas; me refiero a la desigualdad entre hombres y mujeres tanto en la casa como en la familia. Esto significa que lo expuesto arriba tiene limitaciones, porque para solucionar el feminicidio no es suficiente con mejorar los mecanismos de castigo. Necesitamos, más que nunca, imaginación y participación de hombres y mujeres mediante el cuestionamiento de las formas de vivir el ser hombre y el ser mujer. El gobierno no alcanza para tal fin, es labor pendiente de la que debemos participar todes, todas, todos si no queremos seguir en un país tan inhabitable.

 

ILUSTRACIÓN: Eréndira Derbez

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