Fracaso de la civilización

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Infierno comprendido, adaptación de El castillo, de Kafka, es una apuesta contra la banalización del arte y la enajenación de la existencia humana

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POR JUAN HERNÁNDEZ

Fernando Anacarsis Ramos es un director, dramaturgo y director joven. Y como todo joven dirige la energía a impugnar de fondo el pensamiento racional sobre el cual se ha sostenido el sentido de la civilización occidental.

 

El creador establece desde la escena líneas argumentativas que ponen de manifiesto la crisis de la humanidad en el mundo contemporáneo. Su postura echa por tierra verdades asumidas tanto en relación con reflexiones filosóficas realizadas por distintos pensadores en diferentes épocas, al mismo tiempo que hace un cuestionamiento radical sobre el significado del arte.

 

En la obra Infierno comprendido, inspirada en El castillo, novela inconclusa de Franz Kafka (1883-1924), el dramaturgo y director de escena mexicano recurre a la cualidad performativa de la escena para potenciar el significado de acciones, enunciados e imágenes simbólicas.

 

Esta manera de asumir el quehacer escénico se ha convertido en una tendencia actual para dislocar las convenciones tanto del texto dramático como de la representación y la percepción del espectador. La idea es poner en tela de juicio todo aquello que se da por sentado y sobre sus escombros manifestar la inconformidad del ser humano.

 

Infierno comprendido recupera la trama de El castillo de Kafka: un joven agrimensor llega a una aldea en donde ha sido contratado y busca entrar en contacto con el patrón, quien resulta inaccesible frente a un aparato burocrático impenetrable.

 

Anacarsis retoma esta línea narrativa para luego dislocarla y actualizar el discurso. La experiencia del teatro como “acontecimiento ontológico” (Jorge Dubatti dixit), es en este caso una reflexión sobre el poder autoritario que determina la vida de una comunidad que banaliza su existencia entre números de karaoke y anuncios de supermercado.

 

La puesta en escena refleja el caos y el fracaso de la modernidad, elemento esencial en la narrativa de la novela del también autor de El proceso, que se radicaliza a través de la mirada contemporánea. De ahí que los personajes reflejen no sólo la automatización del pensamiento, también la incapacidad para desarrollarse fuera de los cauces delimitados por el poder omnímodo. El personaje del agrimensor es, en este contexto, un disidente. Es él quien se rebela en contra de ese orden deshumanizado.

 

En este montaje estridente, inconforme, en el que la humanidad ha fracasado, el director y dramaturgo amplía el espectro narrativo: hace preguntas de respuestas imposibles, reconfigura el entendimiento de los valores religiosos judeo-cristianos y los lleva al campo de la estética, y, finalmente, hace un cuestionamiento radical sobre el sentido y la pertinencia del teatro.

 

Imágenes sombrías perturban la impasible fachada de los dogmas y, así, la puesta en escena se vuelve una experiencia de inconformidad. El teatro cimbra al ser humano en su cómoda apariencia. Anacarsis Ramos cuestiona su oficio de dramaturgo y director. A los actores les impone el reto de hacer lo propio en la reflexión autocrítica de su quehacer. Desde esta postura artística, Infierno comprendido repugna la cultura de masas, señala la banalización del arte y remarca la enajenación de la existencia humana.

 

El dramaturgo y director plantea esta puesta en escena como un experimento, en sentido estricto, para escudriñar en el misterio revelador de la escena, al tiempo que genera pensamiento profundo y crítico sobre las normas, estructuras, formas de organización y de producción que determinan la existencia del hombre como especie.

 

Esta forma de pensamiento dislocado recurre a la interrupción constante de la línea temporal de la narración. Es la consumación de un ritual que empieza y no tiene fin. Es también la interpelación al espectador pasivo —removido de su comodidad— al que no se le brinda la posibilidad de la redención. La puesta en escena se desarrolla dentro de una atmósfera soez, que resalta el simbolismo de personajes estrambóticos y perturbados, reflejo de la debacle incontenible de la humanidad y de la civilización.

 

 

FOTO: Infierno comprendido, dramaturgia y dirección de Servando Anacarsis Ramos, basada en la novela “El castillo” de Franz Kafka, con las actuaciones de Paula Watson, Nick Angiuly, Mariana Villegas, Sofía Gabriel, Cuauhtémoc Lara, Alejo Contreras y Sebastián Dante; vestuario de Anabel Ortega, iluminación de Mauricio Arizona, video y multimedia de Gerardo Del Razo, diseño sonoro de Dulce Mariel, se presenta en el Teatro El Milagro (Milán 24, col. Juárez), martes y miércoles a las 20:30, hasta el 6 de febrero. / Estudio Alós & Ponce / Cortesía de la Producción

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