Ensambles visitantes

Abr 27 • Miradas, Música • 800 Views • No hay comentarios en Ensambles visitantes

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Martin Haselböck irrumpe en los escenarios mexicanos, su casa musical en el extranjero siempre de puertas abiertas, aunque sin público en la sala

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POR IVÁN MARTÍNEZ

 

De lo ofrecido estas semanas por el Festival del Centro Histórico en su edición número 35, el apartado de música tenía en La Pasión Según San Mateo, de Bach, presentado el viernes 12 de abril en el Palacio de Bellas Artes, su inciso más prominente, no solamente por la programación de este monumento musical, sino por los encargados de llevarlo a cabo, prácticamente su única oferta internacional: al frente el director Martin Haselböck –quien ya había estado aquí presentando su versión del Radamisto de Haëndel, producción del Festival de Salzburgo- y tres ensambles de los que es director artístico: la orquesta Wiener Akademie, la orquesta barroca Musica Angelica y el coro Musica Angelica Consort, estos dos residentes en Santa Barbara, California; y éste último conformado en realidad por cantantes freelance provenientes de distintas latitudes, pero todos con experiencia trabajando con este maestro especialista en la interpretación historicista del repertorio antiguo.

 

La ejecución ha sido llevada a cabo en términos que generalmente podría calificar como mesurada, íntima. Desde su visita anterior, Haselböck me ha parecido un líder cauteloso, no por ello con menos autoridad; si algo se percibe de su dirección es autoridad, en tanto a la unidad sonora y confección estructural de su pensamiento musical. Pero lo que para algunos interpretativamente puede traducirse como timidez, en el caso de esta Pasión se trató más bien de dar cause a una lectura reflexiva, introspectiva, no solo llana de la partitura sino instintivamente dramatúrgica y filosófica de los significados extramusicales en ella. ¿Es Haselböck un creyente? No lo sé, pero su lectura ha sido la de un buen sacerdote, prudente y maduro, que invita a la reflexión abriéndole los ojos a sus creyentes.

 

Ambas orquestas han ofrecido una ejecución transparente, menos pesante que las referenciales que tenía en la memoria, lo que le ha brindado una naturalidad a los pasajes que sentí con mucha libertad. Junto a ellos, ha funcionado a esa naturalidad transparente el que el coro estuviera “limitado” a solo 16 voces (discusión a parte a la que no entraré, aquella que debate entre lo numeroso que deben ser los ensambles corales en estas obras), incluidos los solistas.

 

De entre los solistas, ha sobresalido el tenor Zachary Wilder, quien ha cantado el papel del evangelista. De canto rico en carácter y sonoridad, concretamente imprimió efectividad dramática a la lectura de sus textos. Igualmente los contratenores, Reginald Mobley y Alois Muhlfbacher, potentes y de mucha claridad en sus pasajes virtuosos. Las sopranos Teresa Wakim y Theodora Raftis, así como el tenor Pablo Corá y el bajo Christoph Filler han estado correctos, pero en discreción, siendo quizá el eslabón más débil de este ensamble el bajo John Taylor Ward, encargado de cantar a Jesús, de vocalidad mediana pero sobre todo de intenciones musicales poco efectivas y de pocos matices.

 

Una lástima que el teatro del Palacio estuviera especialmente vacío para este concierto, aunque debe anotarse particularmente, para el anecdotario, la seriedad y calma sentida entre el público. Sobre todo a diferencia del día siguiente, cuando el cuarteto de la orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, presentado por la Embajada alemana en este mismo recinto, y que fue abarrotado por invitados pero también por constantes ruidos y entradas a la sala durante las ejecuciones.

 

Conformado hoy por dos de los concertinos de la legendaria orquesta –una de las más antiguas, de la que el mismo Mendelssohn fue su director-, Frank-Michael Erben y Yun Jin Cho, por el violista Anton Jivaev y su violonchelista principal Jürnjakob Timm, el ensamble, al estar ligado a ésta, ha podido sobrevivir y contar una historia constante de más de 200 años. También por lo mismo, adscritos a una de las tradiciones más arraigadas de la historia musical alemana, su concepción sonora está ya impregnada en su sangre y que una variación en su alineación –el violista fue el último en integrarse al grupo y a diferencia de ellos no se formó en Alemania, sino en Curtis- no variaría ni la forma de sonar ni la de ejecutar el repertorio tradicional de cuarteto. Lo que por un lado va a significar escucharlos siempre en un estándar altísimo, quizá difícilmente superable, y una lectura referencial de cada obra que no debe ignorarse -¿quién mejor que ellos para acudir a Mendelssohn, a quien ofrecieron como encore?-, pero por otro lado, puede haber ocasiones, como ésta en la que presentaron un programa conformado por los cuartetos no. 3 del op. 41, en La Mayor, de Schumann y el segundo, en mi menor, de los op. 59, conocidos como Razumovsky, de Beethoven, en que lo se escuche no sea precisamente una ejecución viva, interesada o con presente, que fuera más allá de la rutina.

 

Para melómanos conocedores:

 

 

La Pasión de Peter Sellars
No precisamente historicista, la Filarmónica de Berlín y su anterior director, Simon Rattle, ofrecieron una versión escenificada por la mente de Peter Sellars a esta Pasión. Está en el Digital Concert Hall de la orquesta.

 

 

Cuartetos de Mendelssohn
Lo mejor del concierto con el cuarteto de la orquesta de la Gewandhaus fue su encore: Mendelssohn. En este álbum, se incluyen todos su cuartetos y otras obras para cuerdas como el demandante Octeto, op. 20.

 

 

Beethoven con el Danish String Quartet
Uno de los cuartetos actuales y jóvenes que encuentro más fascinantes y de interpretaciones más vibrantes, este cuarteto presentará la integral de Beethoven el próximo año. Aquí ejecutan el op. 127.

 

 

FOTO: El cuarteto de Gewandhaus. / INBA

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