El anti cool o la apología del ñoño

May 16 • destacamos, principales, Reflexiones • 3369 Views • No hay comentarios en El anti cool o la apología del ñoño

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Las nomenclaturas sociales con frecuencia pasan por alto virtudes que la timidez oculta, pero no por eso excluyen la sensibilidad y el goce vital de todas la personas

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POR JUAN VADILLO
A principios del siglo XVIII, la palabra inglesa cool -que hasta entonces había significado frío- se enriqueció con una nueva acepción cuando empezó a utilizarse para referirse a algo tranquilo. Pero no fue sino hasta la década de los cuarentas cuando un destacado saxofonista, Lester Young, la popularizó (con un nuevo significado) al emplearla para describir una forma de tocar Jazz. Young no sólo había retomado el antiguo significado de “tranquilo”, sino que, además, había añadido a la misma voz sus respectivas antítesis: exaltado, nervioso, excitado; de tal suerte que para algunos jazzistas (Stan Getz, Dexter Gordon, Paul Desmond), la voz cool entrañaba en sí misma una contradicción, la cual, como en el caso de muchas otras paradojas, se resolvía en la práctica, en la efímera improvisación, donde era necesario emocionarse y excitarse, pero al mismo tiempo había que mantenerse tranquilo, ponerle bridas a la emoción. De tal manera que cool expresaba con claridad una forma de tocar jazz, el llamado estilo cool, que en la jerga de los jazzistas era definido por medio de un oxímoron; se trataba de tocar con “intensidad relajada.” Este concepto entraña un problema ancestral, que se presenta a lo largo de la historia del arte, y se remonta por lo menos al nacimiento de la tragedia griega, se trata del diálogo contrapuntístico entre lo apolíneo (mesura, control, sobriedad) y lo dionisíaco (desmesura, descontrol, embriaguez) capaz de generar el arte. Nadie como Bécquer para expresarlo en cuatro versos: “Con ambas [razón e inspiración] siempre en lucha / y de ambas vencedor, / tan sólo el Genio puede / a un yugo atar las dos.” Sin duda los jazzistas de la década cool eran verdaderos genios capaces de reinventar la tradición y atar, en un solo de saxofón, descontrol y control, desmesura y mesura, “intensidad relajada.”

 

La riqueza de la voz cool como “intensidad relajada” se fue transformando en el proceso del cambio lingüístico hasta perder totalmente la intensidad, de ser un concepto jazzístico pasó al léxico general y al del mercado masivo con diversas acepciones semánticamente contiguas, ninguna de ellas conserva ya la paradoja: calmado, alivianado, fresco, ligero, chido, sensacional, padre, genial son algunas acepciones que va a adquirir el anglicismo cool a la hora de ser asimilado por el español de México. La que más nos interesa en este momento es la de “fresco,” porque nos remite a la antigua voz inglesa cuando cool significaba solamente “frío;” creemos que en la raíz de la lexicalización de cool en el inglés americano actual hay un denominador común, la frialdad. La frase stay cool, no solamente se puede traducir como “estate tranquilo”, sino que, de una manera más profunda, puede traducirse también como “mantente frío.” El gran valor de “stay cool” es el de mantenerse siempre frío, incluso ante la peor adversidad; es decir no expresar los sentimientos, congelarlos, portar una máscara de hielo. Porque, en una sociedad esencialmente competitiva, quien comunica sus sentimientos está expresando su propia debilidad. De ahí que casi todo el mundo esté ok cuando se les pregunta cómo están, aunque por dentro se estén muriendo.

 

Mientras que el saxofonista cool conseguía expresar con honestidad sus sentimientos, el ciudadano cool de la sociedad masiva consigue ocultarlos de manera hipócrita. En el discurso del poder el egoísmo cool consiste en no afligirse por nada, mucho menos por el dolor del prójimo, que ya de antemano es un perdedor, un loser. De ahí la necesidad de una nueva antítesis complementaria, de tal suerte que el mismo ciudadano cool crea el vocablo nerd para denigrar a quien es diametralmente opuesto a él. Aunque nerd también se usa actualmente en el español de México (algunas niñas fresas incluso han acuñado el término “nerdícola”), preferimos usar -por su mayor riqueza semántica- un sinónimo con prosodia mexicana, se trata de “ñoño.” En principio lo que define al ñoño es su aflicción, el ñoño no solamente es capaz de expresar de manera honesta (con voz temblorosa o tartamudeando) sus sentimientos, sino que también se muestra sensible a los sentimientos de los demás; es por ello que el ciudadano cool lo va a denigrar con adjetivos como afectado, apocado, melindroso, mojigato, timorato, matado, empollón etc. En realidad, lo que se consigue es develar la gran sensibilidad del ñoño, profundamente afectado por la fragilidad del hombre, intensamente sensible a la tragedia de la vida. Es por eso que el ñoño se aísla para estudiar obsesivamente, porque, igual que ciertos poetas, sabe reconocer el elogio de la sombra. Mientras el cool siempre aparece socializando, popular, presumiendo, mostrando su supuesta superioridad, el ñoño se consagra a la lectura y a la soledad más profunda, no le queda más recurso que el autoerotismo, porque sabe que para la güerita fresa que tanto le gusta siempre será un nerdícola, un esperpento; es por ello que también se le aplica el término chaqueto.

 

El ñoño es noble, es leal, ha descifrado la ironía de la vida. Como todos los mortales tiene miedo, pero no le teme a mostrar su miedo. En su soledad, atrincherado, ha conseguido sublimar los placeres volátiles que le ofrece el mundo. Desde su autoerotismo, como un Quijote, puede fantasear que las güeritas fresas son sus dulcineas; puede transformar a sus agresores gigantes en molinos de viento. Nos demuestra que su mundo interior es más real que la realidad del cool, frívola, superficial, evanescente.

 

FOTO: Lester Young fue un maestro del Jazz que alcanzó la fama después de la Segunda Guerra./

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