Jimmie Durham cuenta un cuento

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Las obras de este artista de origen cheroqui detonan reflexiones e historias sobre el colonialismo aún vigente, como expresó en un diálogo on line con la escultora coreana Haegue Yang

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POR GERARDO LAMMERS
Al igual que sus esculturas, en las que gusta emplear piedras, cráneos de animales, tubos de PVC y objetos que va encontrando en su camino, los dibujos y obras bidimensionales de Jimmie Durham (Washington, Arkansas, 1940) destilan una sencillez enigmática y estimulante, una facilidad despreocupada como su letra, posiblemente uno de los motivos que han convertido a este hombre de origen cheroqui en un artista de culto.

 

A fines de marzo y como parte de Art Basel Pioneers la galería kurimanzutto ofreció el salón virtual (Online Viewing Room) Through Eyes and Mouth: Jimmy Durham as seen as Haegue Yang, una charla-entrevista a propósito de ocho dibujos autoría de Durham. Un pretexto para conocer los puntos de vista de un artista que antes de “exiliarse” primero en México y después en Europa, donde reside hasta la fecha, fue representante de los pueblos indios de Norteamérica ante la ONU.

 

La práctica durhamiana del dibujo se expande hacia los linderos con la pintura y el collage, pero también hacia los del performance, la poesía y el chiste, desde un no saber. Reconoce que no sabe dibujar, pero al mismo tiempo no cree que el dibujo deba parecerse a la realidad, dice vía remota desde una iluminada habitación. Durham es un tipo bromista que gusta rematar sus declaraciones con una risa divertida y con brillo, el del marco metálico de uno de sus dientes.

 

En plena charla, recuerda de pronto el nombre de un dibujo “sin título”: The Southern Warrior, realizado en 1989 cuando vivía en Cuernavaca. En éste aparece un colibrí, un caballo y un riachuelo de sangre que brota del caballo. El colibrí es el guerrero del sur, claro, ese que pica como una abeja (y flota como una mariposa) “según la idea de Mohammad Alí”, dice riéndose. “El significado de este dibujo es…”

 

“Me encantan los caballos”, aclara. “Hay una bonita historia de cuando los aztecas capturaron por primera vez a un caballo. Nunca habían visto uno antes y le trajeron todo lo que tenían de comer para ver que clase de cosas le gustaban”, cuenta y bromea con la idea que le hubieran ofrecido un pozole, un atole o un chocolate.

 

Not Caliban’s Nose es un trabajo impactante, quizá por tratarse de un rostro violentamente estrellado, acompañado de un texto que dice: “Cuando resistí causé accidentalmente que me golpeara en la nariz”. Durham lo hizo en 1992, el año del quinto centenario, basado en el diario imaginario de Calibán, personaje de La tempestad de Shakespeare, para más señas un esclavo salvaje y monstruoso, nativo de una isla a la que llega Próspero, el protagonista. “La tempestad es como un mapa, un proyecto para la colonización de las Américas. Es una de las peores obras de Shakespeare y a mí encanta porque es muy… el racismo es muy claro en Shakespeare. Él era un hombre honesto —se ríe— y mi idea de hacer un diario escrito por Calibán es presentar a éste como un joven abusado que se siente culpable. Todo en su diario trata sobre cuán malo es él y cuán bueno, su colonizador”.

 

Quisiera terminar con una Secuencia de eventos, así se llama la obra, hecha con un pase de abordar de Mexicana, otro de Air France y una hoja rota y vieja de lo que parece ser un viejo folleto de una aeronave.

Secuence of events_1993

 

“Primero, Benito Juárez, un indio zapoteca, mató al ‘emperador de México’ de Napoleón, Maximiliano”, escribió Durham. “Después, fui a París. El Día de la Bastilla encontré este papel en el ático de un viejo castillo. Regresé a casa al día siguiente y esperé dos semanas antes de venir a Los Ángeles. Todavía hay indios en Los Ángeles, yo hablé con uno de ellos el 14 de septiembre”.
Durham le explica a Yang que a Benito Mussolini le pusieron ese nombre porque su padre, el de Mussolini, era socialista y amaba a Juárez.

 

“¿Cómo puedes recordar todo eso?”, le pregunta Yang azorada.

 

“No puedo recordar ni los nombres de mis hermanas, pero recuerdo viejas cosas”, contesta y ríe divertido.

Sin título, 1989.

 

 

La conversación completa entre Durham y Yang está disponible en: https://vimeo.com/525213877

 

FOTO: Not Caliban’s Nose (1992), Pintura y tinta sobre papel, 45 x 48.7 cm./Cortesía Kurimanzutto

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