Don Winslow: el poder de la ficción

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En entrevista exclusiva, el autor de El poder del perro y El cártel, obras que han capturado con lucidez y en toda su amplitud la violencia del narcotráfico en México y Estados Unidos, comparte su visión de la literatura policiaca como vehículo contra el silencio, su apoyo a la legalización de las drogas y su defensa de la interculturalidad. Su más reciente obra, The Force, aborda la corrupción policiaca en Nueva York

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POR LEONARDO TARIFEÑO

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A poco más de diez años de su publicación, no cabe duda que El poder del perro (2005) es una de las mejores novelas que se han escrito sobre la violencia del crimen organizado en México. Comparada una y otra vez con El padrino, de Mario Puzo, su historia retrata el enfrentamiento durante décadas de un agente de la DEA con un capo del narcotráfico, lucha que pone en evidencia la corrupción institucional en México y la ruta político-militar del dinero sucio en Estados Unidos. Su autor, Don Winslow, trabajó durante seis años en la investigación y escritura del libro, y otros diez en la que sería su secuela, El cártel (RBA, 2015).

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Hijo de una bibliotecaria y de un oficial de la Marina, Winslow es un narrador dúctil y agudo, que lo mismo escribe acerca de la supervivencia de los hombres con pasados tenebrosos (El invierno de Frankie Machine), como de ex presidiarios sin nada que perder (Muerte y vida de Bobby Z). Sin embargo, da la impresión de que su mundo narrativo más personal lo encontró en el narcotráfico mexicano, escenario en el que expone los distintos modus operandi de criminales y agentes secretos como un rompecabezas de recelos e intereses complementarios, en el que los ideales de legalidad y justicia han sido reemplazados por la venganza y la impunidad a distintos niveles. Con Winslow, la literatura recuerda que tiene mucho para decir en los momentos de alta conflictividad social, y que una de sus principales tareas consiste en iluminar y explicar los pliegues ocultos de la realidad. El autor, que ha sido periodista, detective privado y guía de safaris en Kenia, reivindica la lucidez del thriller para exhibir lo que las élites niegan y convierte al género policial en un arma narrativa indispensable a la hora de entender el México de hoy. A sólo unos meses de la aparición en nuestro país de The Force, su nueva novela, Winslow explica en esta entrevista exclusiva para Confabulario las razones de su apoyo a la legalización de las drogas, subraya el rol de Estados Unidos en la formación global del negocio del narcotráfico y le pide a los escritores que no dejen de entender su trabajo como un contrapeso indispensable a la corrupción del poder.

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¿Cómo nació su interés por México?

Vivo cerca de la frontera en un área muy intercultural, donde la gente normalmente se mueve de un lado a otro entre los dos países, por lo que México es una presencia cotidiana y no una abstracción… ¡como sí lo es para algunos de nuestros políticos! Muchos de nuestros vecinos y amigos son mexicoamericanos o mexicanos o provienen de ambos contextos. Yo nunca les he preguntado por sus papeles y ellos nunca me pidieron los míos. Mi hijo aprendió más español en la cancha de futbol con sus compañeros de equipo que en el salón de clase. Yo trabajé en la construcción de una escuela en Tijuana.

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¿De esa relación cotidiana con México surge El poder del perro?

Así es. En esta parte de Estados Unidos que, por supuesto, era México nuestras culturas e historias son inseparables. Estamos entrelazados y ningún muro puede cambiar eso. La idea de que se pueden destruir cinco siglos de historia compartida con unos millones de toneladas de concreto y alambre de púas es ridícula. Pero ya estoy despotricando. Para responder a la pregunta: el origen de El poder del perro fue cuando, hace bastantes años ya, tomé un periódico y leí acerca de la masacre de gente inocente en El Sauzal. Hasta ese momento, el tema de la droga en México no me interesaba ni lo conocía en absoluto. Sólo quería saber cómo había ocurrido algo tan horrible. Mientras más sabía, más enojado me ponía. Y es que “el problema de la droga en México” no es el problema de la droga en México; es el problema estadounidense de la droga.

“El poder del perro” (2005), de Don Winslow.

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El poder del perro está dedicada a alguien “que siempre quiso encontrar la verdad”. ¿Cómo encontró “la verdad” vertida en la novela?

Bueno, está claro que mucho de “la verdad” en la llamada “guerra contra las drogas”, simplemente no lo es. Pensamos que el gobierno de Estados Unidos siempre combate el negocio de las drogas, pero no es tan así. Mi país alentó el cultivo de amapola durante la Segunda Guerra Mundial para proporcionar morfina a los soldados heridos. Pensamos que nuestra policía y servicios de inteligencia siempre trabajan contra los traficantes de droga, pero eso no es verdad. Al contrario, cooperamos activamente con traficantes de heroína en el Sudeste asiático y después en México y Centroamérica como parte de nuestra guerra contra el comunismo, y estamos cooperando con cultivadores de opio en Afganistán como parte de nuestra guerra contra el terrorismo. Pensamos que la guerra contra las drogas era una estrategia positiva, y eso tampoco es verdad. Después de cincuenta años, las drogas son más accesibles, baratas y potentes que nunca, y hemos encarcelado a más gente que ninguna otra sociedad en la faz de la tierra. Eso sin mencionar el daño que tanto nuestra prohibición como el deseo de consumirlas les ha hecho a México y a Centroamérica.

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En varias ocasiones se ha pronunciado a favor de la legalización de las drogas y contra la criminalización de los usuarios. ¿Por qué apoya esas medidas? ¿Y qué tan viables las ve en México?

La criminalización ha sido una catástrofe tanto en Estados Unidos como en México. Cuando se criminaliza un tema, sólo los criminales pueden manejarlo. Si sólo los criminales pueden manejarlo, no hay opciones para la ley. Cuando no hay opciones para la ley, sólo queda lugar para la violencia. Cuando sólo hay lugar para la violencia, inevitablemente lo más violento emerge. Esto es exactamente lo que ha ocurrido como consecuencia de la prohibición de drogas. Al mismo tiempo, gastamos millones de dólares en drogas que prohibimos. Esta actitud esquizofrénica ha generado pandillas violentas en las calles de los Estados Unidos y ha creado, respaldado, financiado y perpetuado a los cárteles en México. El caso contrario es el del alcohol. Es legal y nadie ve cultivadores de uva disputándose rutas de contrabando o plazas a punta de pistola. Pero alguna vez sí fue así, cuando el alcohol era ilegal. La criminalización de las drogas también vuelve criminales a los adictos y los desalienta para que busquen y reciban tratamiento. El dinero que gastamos en la prohibición debería ir al tratamiento y a las raíces de las causas del uso de las drogas. Los opiáceos son los responsables del dolor, ¿acaso no podríamos aliviar las causas del dolor en lugar de perpetuarlo?

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Fue periodista y detective privado. ¿Qué le brindaron estas experiencias a su trabajo como escritor?

Sobre todo, métodos de investigación. El oscuro secreto de ser un investigador privado es que normalmente resulta muy tedioso, ya que la mayor parte del tiempo uno se la pasa sobre miles de páginas de documentos. Lo más interesante es cuando entrevistas gente. Lo mismo ocurre en el periodismo, o al menos debería ocurrir, y también para escribir el tipo de novelas que escribo. Por lo tanto, aplico los mismos patrones que habría aplicado a mi investigación o a mi trabajo periodístico.

“El problema de la droga en México es el problema estadounidense de la droga”, asegura Winslow. En la foto, Joaquín Guzmán Loera a su llegada a Nueva York en enero de 2017./Xinhua

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¿Cómo trabaja? ¿Decide con anticipación escribir sobre un tema o los hechos reales lo motivan a contar una historia específica?

Depende del libro, pero generalmente me inspiran hechos de la vida real. Me gusta escribir algo que esté cerca de la verdad. Pero, así como trabajo muy cerca de la realidad en todo lo relacionado con los hechos y las acciones, también me gusta desarrollar mis propios personajes. Creo que la ficción puede darles a los lectores una comprensión de los hechos mayor que el periodismo, porque los novelistas tienen la libertad de crear pensamientos, emociones y diálogo. Creo que mi tarea es conducir a los lectores a un mundo en el cual de otra manera no podrían entrar, o ayudarlos a ver las cosas de una manera diferente, es decir, a partir de los puntos de vista del personaje. Entonces, incluso si elijo un tema de la realidad sobre el cual escribir, durante mucho tiempo pienso en los personajes posibles antes de decidir si puedo contar la historia.

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En el caso de la monumental El poder del perro, ¿qué fue lo más difícil? ¿Investigar los hechos contados en el libro? ¿Desarrollar la estructura narrativa? ¿Crear los personajes?

Me pasé casi seis años en la investigación y escritura de El poder del perro, así que es difícil responder la pregunta. A veces pensé que la investigación nunca terminaría, que simplemente nunca iba a saber lo suficiente como para poder escribir la historia. Pero llega un momento en que uno se tiene que sentar y escribir. Fue ahí cuando supe que la estructura iba a ser un desafío enorme. Me había propuesto escribir sobre cinco personajes principales a lo largo de treinta y cinco años y no tenía idea de cómo hacerlo. Manoteaba en el aire como alguien que se está hundiendo, tratando de encontrar el eje que amarrara la historia en conjunto mientras permanecía fiel a la historia real. Alguna vez pensé en rendirme porque sólo tenía una enorme pila de páginas cuyas historias no estaban unidas. En ese momento, tomé distancia y me pregunté: “¿Qué es lo que los personajes principales tienen en común?”. Y ahí comenzó a emerger la estructura. Todos los personajes batallaban por responder la pregunta “¿cómo puedo amar en un mundo indigno?” Una vez que encontré esto, tuve el eje.

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¿Cómo define su propia obra? ¿Considera que hay una continuidad temática y estilística o, por el contrario, se desarrolla con ciclos y rupturas?

Definitivamente, con ciclos y rupturas. Así como en la arquitectura se dice que “la forma sigue la función”, del mismo modo creo que en la escritura “el estilo sigue a la historia”. Por eso, siempre debo buscar el estilo apropiado para la historia que quiero contar. Si escribo acerca de surfistas, eso demanda un ritmo y una jerga determinados; por otro lado, historias como El poder del perro o El cártel requieren un tono más pesado, más serio. A algunos lectores les gustan estas aproximaciones diferentes; algunos las objetan. Me doy cuenta. Pero mi única preocupación sobre mi trabajo es que sea de alta calidad.

"El cártel" (2005), de Don Winslow.
"El cártel" (2005), de Don Winslow.

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¿Cuáles son sus principales influencias literarias?

Uy, son muchas. Mi más temprana influencia fue William Shakespeare, a quien de chico leí vorazmente, junto con los cómics de Superman, Batman y Sgto. Rock. Después me dio por novelistas populares como James Michener, Leon Uris y Robert Ruark. Más tarde, como casi todos los escritores estadounidenses, tuve un período de Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald. Después me marcaron George Eliot y León Tolstoi. En el género policial, me han influido mucho Raymond Chandler, John D. MacDonald, Ross Macdonald, Lawrence Block, Elmore Leonard y James Ellroy. Más recientemente, considero que James Jones, Jim Harrison y Richard Russo también me han influido. Y por cierto, no dejaría de mencionar a algunos autores de literatura mexicana, como Luis Urrea, Carlos Fuentes, Mariano Azuela, Élmer Mendoza y Valeria Luiselli, entre otros.

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Cabe suponer que si El poder del perro se hubiera escrito en México, el autor habría recibido amenazas. ¿Temió alguna represalia?

A ver, de ningún modo me quiero comparar con los escritores mexicanos que han sufrido enormemente. Vamos a ser honestos: al ser un autor de ficción y un ciudadano estadounidense, yo tengo un doble nivel de protección. Atacarme no tiene sentido. Prefiero no abordar el tema de las amenazas específicas porque creo que les confiere a los violentos un poder que no deberían tener.

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Ha dicho que “el tráfico de drogas es terrorismo global”. ¿Podría extender esta idea?

El tráfico de drogas y el terrorismo han estado emparentados desde siempre. La primera organización terrorista, los Asesinos, proviene de la palabra que se utilizaba por entonces para referirse al hashish. La relación entre drogas y terrorismo tiene dos vertientes: financiamiento y tácticas. Las organizaciones terroristas han usado el tráfico de drogas para financiar sus operaciones, sobre todo los Contras en los años 80, Hezbolá y, actualmente, los talibanes. Y en cuanto a las tácticas, los traficantes de drogas y los terroristas tienen necesidades semejantes: deben controlar territorios y poblaciones y hacerlo con una mezcla de benevolencia y, como el nombre terrorista lo indica, intimidación. Es por eso mismo que ambos grupos construyen clínicas y escuelas, por un lado; y ponen bombas y torturan, por el otro. Además, ambos grupos han evolucionado al usar redes sociales, han descubierto que no sólo tienen el control de los hechos, sino de su narrativa. El ISIS, por ejemplo, ha imitado a los cárteles mexicanos el uso de videos atroces para intimidar y reclutar.

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¿La literatura puede hacerle frente a grandes conflictos sociales, como la violencia del crimen organizado?

Yo diría que hoy, más que nunca, los escritores necesitan decirle la verdad al poder. Hasta un cierto punto, el poder es una cuestión de percepción. Por supuesto que la alianza de un gobierno corrupto y el crimen organizado ejercen un gran poder real. Pero es no significa que debamos vernos a nosotros mismos como carentes de poder. Los gobiernos y los criminales pueden hacer mucho por silenciarnos, no hay duda de ello, pero lo que no podemos hacer es terminar por silenciarnos a nosotros mismos. La literatura contiene un inmenso poder, porque tiene la habilidad de hacer que la gente vea, piense y sienta. Ese poder emotivo puede ser y siempre ha sido un agente de cambio. Las novelas y el cine han cambiado la mentalidad de la gente y han forzado a los gobiernos a cambiar políticas. Yo no soy un activista; soy un novelista policial y mi trabajo consiste en escribir buenas novelas, emocionantes y entretenidas. Pero si en el transcurso de mi trabajo puedo mostrarles a las personas un mundo que no conocía, o proporcionarles una información y un conocimiento que no tenían, mucho mejor.

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¿Qué pueden esperar los lectores de su nueva novela, The Force?

Una buena historia, espero. Es un mundo distinto al del México de las drogas. The Force trata sobre el Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York y un heroico policía que incurre en actos de corrupción y después tiene que enfrentar grandes conflictos relacionados con la lealtad y el honor. Es una gran historia sobre la corrupción en el gobierno de la ciudad y en el sistema de justicia; habla del racismo y del estado actual de la sociedad estadounidense en su conjunto. Investigué durante mucho tiempo y estuve años con los policías y sus familias. Es un libro que siempre quise escribir.

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Traducción: Alma Delia Miranda Aguilar

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FOTO:  El escritor estadounidense también fue periodista y detective privado./AFP

 

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