La memoria que ilumina los laberintos

Abr 15 • Conexiones, destacamos, principales • 1230 Views • No hay comentarios en La memoria que ilumina los laberintos

 

La fotógrafa mexicana fue cómplice y testigo de varios pasajes íntimos de la vida de Octavio Paz que, a pesar de la reticencia del poeta a la cámara, logró perpetuar con singularidad y cariño. Desde las reuniones privadas hasta los exabruptos públicos, en este ejercicio Lavista recuerda algunos momentos con el escritor, a quien quiso “como un padre y cada día admiro más”

 

POR PAULINA LAVISTA
Cuando conocí a Octavio Paz tenía 26 años. Estábamos en la Librería Universitaria, en una ceremonia por un premio que ganó David Huerta. Él era un poco dogmático, ensimismado, aunque muy afable sonriendo, hablaba de lo que él quería, de su mundo: la poesía. Era 1971, Paz regresó con Marie-Jo a México después de que había dejado su cargo diplomático en la India por la matanza estudiantil en Tlatelolco; había mucha expectativa y su llegada fue muy importante para plantear un nuevo orden de pensamiento. Vino a cuestionar a los regímenes totalitaristas, a rectificar la pasión y el amor que todos tuvimos por Cuba; nos quitó la sonrisa porque apenas nos enterábamos de los horrores de Stalin. Se había caído la máscara. Fue una voz que nos llevó a reflexionar: “Piénsenlo, la democracia es lo mejor; debemos estar del lado de la libertad de expresión”, nos decía. Para él era claro que el totalitarismo y la izquierda habían fracasado. Su postura, su fuerza, fue reunir y darle valor a los jóvenes literatos. Era un hombre abierto al debate, a la polémica, y eso se va a manifestar en la revista Plural que fundó en el periódico Excélsior, que desgraciadamente cayó años después por presiones políticas pues se cuestionaba al totalitarismo; algo a lo que lamentablemente estamos volviendo.

 

 

Para festejar el cumpleaños 78 de Octavio Paz, Juan Sánchez Navarro nos invitó a su hacienda con un selecto grupo de amigos como Soumaya Domit, Carlos Slim, José Luis Martínez, Teodoro González de León, Enrique Krauze, Alejandro Rossi, entre otros. Octavio tuvo el sentido del humor de soplar el pastel, agradecía estos momentos con cierta ironía pues no creía mucho en las celebraciones. Pero como fue embajador, era un hombre de protocolos, de buenas maneras y muy amable. Capturé el momento en el que apaga la vela con la vehemencia de un niño, junto a Soumaya. Cuando estábamos reunidos, él era el punto de atracción, le rendíamos homenaje en vida.

 

 

José Luis Cuevas nos invitó a su casa, a una comida en honor a Paz. Casi no daban alcohol en su residencia, recuerdo que Carlos Fuentes le hacía burla: “Sírvame más whisky, aquí parece que dan puras chirri aguas”. Marie-Jo y Octavio estaban sentados en el sofá, tenían un matrimonio feliz y de mucho amor. En una ocasión, realicé un coctel en el famoso restaurante del hotel Majestic, pues Salvador Elizondo, mi esposo, había entrado al El Colegio Nacional. Ahí María José iba muy linda, con un escote que se bajaba al hombre y Octavio se la comía a besos. Me di cuenta de la sensualidad que él sentía por Marie-Jo. Sin embargo, Octavio también estuvo enamorado de otras mujeres. Ella cometió algunos errores como viuda, por los celos llegó a cambiar las dedicatorias a los poemas con tal de atribuírselos. Usted no puede negar la vida anterior del marido; cada amor tiene su tiempo.

 

 

Ninguna de las conferencias que dan ahora se llenan como lo hacía Paz. A él y a Salvador Elizondo lo invitaron a una mesa redonda sobre surrealismo en el Museo de Arte Moderno. Fernando Gamboa, quien era el director del recinto, se envolvió en una polémica con el poeta, había debate. Octavio era una persona que siempre miraba fijamente al expositor, era muy atento y, por lo mismo, muy crítico. No era un hombre dócil, se imponía con argumentos. Sin embargo, también representaba libertad de expresión, no era un poeta arrogante. Su figura fue esencial para fomentar el pensamiento libre en México.

 

 

Era 10 de junio de 1971, estábamos en el Auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Acudimos a una mesa redonda sobre poesía con José Alvarado, Carlos Fuentes y Paz. De pronto, entraron corriendo unos jóvenes a avisarle al panel sobre los sucesos de San Cosme, El Halconazo. Octavio se exaltó de que haya sucedido algo muy similar a lo del 68. Cancelaron el evento y dejaron en claro su indignación. Nos fuimos a casa de Fuentes a discutir qué se iba a hacer, qué se iba a publicar: denunciaron al grupo paramilitar y exigieron una investigación. Fue una reunión muy interesante, yo llevaba una cámara muy chiquita, una Rollei 35, pero a veces también iba en el rol de esposa y no de fotógrafa.

 

 

En 1982, Televisa invitó a Jorge Luis Borges al programa “La poesía en nuestro tiempo”, en el Palacio de Minería. Fue un momento muy interesante porque se reunieron titanes de la literatura. Salvador Elizondo, quien también participó, y Paz estaban un poco inquietos, pues hubo cambios de último momento. La grabación se iba a realizar en el patio del Palacio, ya estaba todo montado pero había mucho ruido y tuvieron que trasladarse a la Capilla Guadalupana. El encuentro fue un poco tenso porque no coincidían en los gustos literarios, sin embargo, siempre fueron muy respetuosos. Entre los cortes de la grabación, platicaban, sonreían y yo aprovechaba para fotografiarlos. Me acercaba a María Kodama para platicar, y al final le regalé un retrato de Borges en las pirámides de Teotihuacán, que le había hecho hace unos años.

 

 

Paz era bastante reticente a la cámara fotográfica. Durante esa grabación en Palacio de Minería, lo jalé al balcón y le dije: “Octavio, llevó más de 10 años de conocerte y no me has permitido hacerte un retrato. Te suplico que me poses”. Lo singular de esa foto fue su heroísmo y amabilidad de posar aún con dolor, unos días atrás le habían quitado el yeso de las muñecas, sufrió una caída y se las había rotó. Esa fue la única vez que me posó, fue un privilegio; esa foto sí le gustó mucho a Marie-Jo. Desgraciadamente, la muerte muchas veces trae el olvido, pero la obra y el pensamiento político de Octavio Paz sigue vigente. Fue un hombre de convicciones firmes; los jóvenes lo acompañaron y protegieron.

 

 

FOTOS: CORTESÍA PAULINA LAVISTA /ESPECIAL

« »