La generosidad de los maestros

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Los Dones es el nuevo libro del multifacético autor y empresario del norte que nos comparte, en este avance, sus breves encuentros con los maestros de la literatura universal

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POR CARLOS MORA ÁLVAREZ
Cuando dedicas gran parte de tu vida a generar lazos de amistad, de trabajo y de unión por causas nobles, no es difícil pensar en que el destino te presentará con la oportunidad de conocer a grandes e inigualables personajes. Estas tres breves crónicas que rondan apenas instantes de la vida Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes fueron escritas a lo largo de los años, entre viajes y reuniones, encuentros fortuitos que me permitieron charlar con estos creadores que fueron el rostro de la cultura mundial durante la segunda parte del siglo XX y principios del siglo XXI; de esto trata mi libro Los Dones.

 

 

Mario Vargas Llosa
Aquella resultó ser una semana particularmente emocionante y activa. Eran los últimos días del mes de febrero del año 2007, cuando el contingente de los más reconocidos intelectuales, diplomáticos y políticos latinoamericanos llegó a la Ciudad de México, invitados por la Fundación de Grupo Vidanta, y a la cabeza del grupo destacaba en muchos sentidos don Mario Vargas Llosa.
Dentro de ese colectivo de grandes personalidades venían también el doctor Ricardo Lagos, expresidente chileno; el doctor José Miguel Insulza, secretario General de la Organización de Estados Americanos; la doctora Alicia Bárcena, secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el expresidente uruguayo, el doctor Julio María Sanguinetti, entre muchos otros de los reales pensadores de la realidad actual.

 

 

Desde el primer instante de la recepción estuvimos conscientes de la alta responsabilidad que implicaba ser anfitriones. Las actividades se desarrollaron durante cinco largos días que incluyeron coloquios, seminarios, conferencias y una cena de gala en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en la que los oradores magistrales fueron el escritor peruano y el expresidente de Chile.

 

 

El discurso de don Mario fue brillante, estuvo cimentado en las problemáticas del momento del continente americano y su convivencia mundial. Muy ilustrador resultó el encuentro por la claridad de su mente, sus aspiraciones hacia la modernidad y la oportunidad que representaba la globalización para los latinoamericanos dados sus antecedentes históricos. El despliegue de su cultura como escritor nos brindó la oportunidad de presenciar un momento histórico en México y en nuestro encuentro.

 

 

Tres años después, al ser enterado que don Mario, podría –una vez más– ser incluido en los listados siempre sigilosos además de misteriosos, que se conforman con los posibles galardonados con el Premio Nobel, leí declaraciones del propio escritor en las que señalaba que ya no esperaba este nivel de reconocimiento. Habiéndole tratado de forma tan cercana por varios días, inscribí estas palabras en su alto sentido de la modestia, que se suman a la conciencia de un hombre que trabaja y ama por sobre todas las cosas el uso del lenguaje y las palabras.

 

 

Considero que las demostraciones de sorpresa al recibir la increíble noticia de vida cuando le informan que su nombre quedará inscrito hasta la posteridad entre los inmortales de la literatura; el escritor peruano se sintió además de halagado muy enternecido por el más grande honor que un erudito de su talla puede recibir.

 

A diferencia de los padres del “Boom latinoamericano” a los que he leído plenamente como el caso de don Gabo García Márquez. De la vasta, como espléndida obra de don Mario, sólo he completado unos cuantos ejemplares, como Pantaleón y las visitadoras, La fiesta del Chivo y Travesuras de la niña mala; pendientes por estrenarse en mi biblioteca se encuentran sus más famosas creaciones: La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral y La tía Julia y el escribidor, para muchos sus más emblemáticas entregas.

 

 

Nacido en Arequipa, Perú, el 28 de marzo de 1936, se nacionalizó español en el año 93, después de la incursión política en su país. Es hijo de don Ernesto Vargas y doña Dora Llosa, quienes se separaron previo a su nacimiento. Está casado en segundas nupcias con su prima doña Patricia Llosa desde el 65, quien le obsequió tres hijos a los que adora: Álvaro, Gonzalo y Morgana. Su primer enlace fue con su tía política doña Julia Urquidí, 19 años mayor que él, lo que le suscitó críticas en su momento, y que francamente pareció importarle muy poco, feliz con su primer amor.

 

 

A partir del año 2011, don Mario Vargas Llosa obtuvo el tratamiento protocolar de “Ilustrísimo Señor” por ser Marqués. Seguro estoy que en su infinita sencillez éste, como la multiplicidad de  premios, galardones y condecoraciones que ha recibido a lo largo de su prolífica trayectoria, lo único que logran es ampliarle un poco más, su fácil sonrisa, que fue lo primero que me regaló cuando tuve el incalculable privilegio de estrechar su sólida mano y sentir su cálido abrazo.

 

 

Gabriel García Márquez
En la biblioteca familiar cuento con un excepcional ejemplar de Cien años de soledad, por mucho la mejor obra del autor. Lo único, peculiar, inmejorable de esta particular novela es que está firmada, además decorada con una flor, dedicada personalmente por el ganador delpremio Nobel de Literatura en el año de 1982, don Gabriel García Márquez.

 

Obviamente es uno de los muchos libros del gran “Gabo”, apócope con el que se le conoce a nivel mundial. Otro título que considero especial, debido a que es la primera edición, es El amor en los tiempos del cólera. Por cierto, es mi libro favorito porque lo obtuve gracias a la generosidad de mi amigo Arturo Castro, tijuanense avecindado en la Riviera Maya, que sabrá Dios dónde lo consiguió.

 

Tuve el privilegio de conocer a don Gabriel García Márquez en una insuperable noche en la casa del entonces secretario de Turismo federal, Rodolfo Elizondo. A García Márquez fue el primer Nobel al que le estreché la mano y tuve la oportunidad de charlar con él, desarmándome por la sencillez que sólo pueden tener los genios, los sabios.

 

Novelista, cuentista, guionista, pero sobre todo periodista, es el creador de la frase que muestra su máximo amor por la profesión de escritor al bautizarlo como “El mejor oficio del mundo”. Fundador del “Realismo Mágico”, publica su primera entrega literaria, La hojarasca, a la edad de 27 años, lleno de una espléndida ficción y desbordante fantasía que nos atrapó para siempre, como toda su vasta bibliografía.

 

Intelectual ligado íntimamente a la izquierda, hizo de su cercanía con Fidel Castro Ruz un verdadero estandarte de amistad entrañable. A pesar de las críticas que recibió por apoyar, aunque controversial, a la Revolución cubana.

 

Con casas en París, Bogotá y Cartagena de Indias, ha hecho de su residencia en nuestro país un verdadero santuario de paz y armonía, donde radicó por más de medio siglo. Sin olvidar por un instante su añorada Aracataca en Colombia, donde vio la primera luz un memorable 6 de marzo del año 1927. Sin olvidar, por supuesto, otro de sus grandes afectos: Barranquilla, lugar donde contrajo matrimonio en el año 58, con el amor de toda su vida, doña Mercedes Barcha Parda, colombiana con antecedentes egipcios que fue su máximo apoyo en la vida, que además le dio otros dos grandes amores, sus hijos Rodrigo y Gonzalo.

 

La grandeza es un logro que no llega de manera inmediata, ni mucho menos con una sola publicación. Toda una eternidad le ha tomado a don Gabo convertirse en uno de los escritores más admirados, respetados y reconocidos en la historia de la literatura latinoamericana y universal. Sin embargo, sus personajes esculpidos con carne, sangre y huesos, como Úrsula y José Arcadio Buendía, Fermina Daza y Florentino Ariza, además de los destinos de Macondo y La Manga nos despertaron sensaciones inexplicables a todos sus lectores que no conocíamos. Esos personajes nos fueron guiando a través de esos universos desbordantes de emociones que sólo un ser humano con su nivel de sensibilidad nos podría haber haber planteado. Desde mi forma de ver y sentir la literatura, jamás un solo escrito literario sembró tanto, logró tanto, enseñó tanto y por eso la magnanimidad del talento indiscutible del idolatrado maestro.

 

La crudeza y lo descarnado de su documentación en Noticia de un secuestro nos demostró que don Gabo no se ha sustraído jamás de su realidad. Goza y sufre con sus creaciones, pero en esa narrativa trágica de la realidad, en ese obsequio novelado que nos llenó de angustia y dolor, también nos dio un sinfín de lecciones acerca de la necesidad de luchar por la justicia y obtenerla para la tranquilidad y la evolución de nuestro espíritu.

 

Al morir a los 87 años, don Gabriel García Márquez se convirtió en un ícono de la expresión, de las palabras, de las letras; infinidad de premios y reconocimientos ha recibido por todo el planeta, por su legado magistral que lo acercan a la inmortalidad de los apellidos que le antecedieron como Cervantes, Saramago y Paz, con quienes la comparación sólo lo enaltece en su infinita y valiosa inspiración.

 

 

Carlos Fuentes
En aquella ocasión nos saludó con un elegante ademán de cabeza al identificarnos como mexicanos. Era un caballero de fina estampa, coincidimos en el Hotel Palace de Madrid, sin mayor intercambio de palabras. No era necesario. Tiempo después sí tuvimos un encuentro e intercambio de palabras; fue a finales de octubre de 2009, en Milán. Coincidimos en la entrada del Hotel Four Seasons y respondió amablemente a nuestro respetuoso llamado, era una tarde soleada y el maestro Fuentes arrancaba su caminata vespertina.

 

Al reconocerme, con su gran clase de caballero, me preguntó qué hacíamos en la ciudad y le respondí: “maestro, acompaño a mi esposa a quien honran con un premio en Ferrara, Italia, como una de las mejores periodistas de nuestro país”. Su entusiasmo fue real y franco, se interesó por el reconocimiento y sus características. Tomé la oportunidad para hacerle una invitación a que encabezara las actividades de nuestra fundación el siguiente año, explicándole que un año antes el Premio Nobel don Mario Vargas Llosa fue la figura central. Que sería un altísimo honor contar con su distinguida presencia. Don Carlos mostró su disposición y manifestó su ánimo por participar, no sin antes dejar en claro que prefería tomar un espacio distinto al que ocuparían el historiador Enrique Krauze y el escritor Héctor Aguilar Camín.

 

Mucho se ha escrito del incomparable maestro a raíz de su partida el mediodía del 15 de mayo de 2012, a los 83 años. Don Carlos era, fue y será un ilustre y reconocido mexicano; su vida en Europa, su línea crítica pero objetiva sobre los norteamericanos, su breve pero brillante carrera diplomática, su magnífica personalidad, sus expresiones ilustradas, su actividad televisiva, sus colaboraciones periodísticas, su inagotable cantera acerca de los mexicanos y la mexicanidad es inolvidable. Así como sus complejos, sus orígenes, sus méritos, su magia, su mente y su mito. La vida no le fue fácil y mucho menos sencilla, la muerte le arrebató dos hijos y sin embargo la entereza de su carácter y el amor por su mujer, doña Silvia Lemus, siempre fue su mejor bálsamo. El amor se le entregó pleno y amplio.

 

De sobra es conocida su meritoria mención en las listas siempre sigilosas de la posibilidad del Nobel de Literatura. En lo personal, considero que un premio más, aunque fuese el de Suecia, a su rica y afortunada vida, no le era indispensable. Ingresó a El Colegio Nacional en el año 1972 con menos de 50 años. En el 77 recibió el premio Rómulo Gallegos, el Cervantes en el 87, el Príncipe de Asturias en el 94, la Gran Cruz de la orden de Isabel la Católica en el año 2009, sólo por citar algunos y finalmente ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua en el 2001.

 

Por lo que el Nobel y como siempre lo mencionó sencillamente, la omisión de tal presea lo honra y ubica al lado de los grandes Kafka y Borges.

 

Nació un 28 de noviembre de 1928 en Panamá, donde su padre cumplía una función diplomática para nuestro gobierno, por lo que su origen fue mexicano. Nacido en el extranjero, no llegó a nuestro país hasta prácticamente pasada la infancia. Su curiosidad por conocer el origen de sus ancestros era enorme. Su padre le había enseñado y profesado un amor absoluto y total por nuestra tierra, por lo que su entusiasmo al llegar y sumarse era fundamental.

 

Su obra fue pródiga y prodigiosa: La región más transparente, Aura, La silla del águila, Contra Bush, La muerte de Artemio Cruz, Adán en el Edén, En esto creo, Gringo Viejo, Terra Nostra, por citar sólo algunos de sus brillantes logros que terminan con un largo, larguísimo etcétera para este increíble escritor, novelista, guionista, teatrista, autor de ópera, incansable trabajador de las letras que ilustran y embellecen la literatura mundial. Seguramente el apreciado lector tendrá sus favoritos en la inmensa obra de don Carlos, yo me quedo con Aura y el último capítulo de La silla del águila, donde el increíble Fuentes hace hablar a un niño desafortunadamente autista y no incluye una sola coma en toda la redacción, francamente genial. Magistral.

 

Por estos días y en Madrid nuevamente en la feria de San Isidro, al tomar la copa antenoche después de la corrida de toros, el simpático Hamid, barman marroquí del Hotel Palace, recordaba con un gran cariño al maestro Fuentes. Señalaba que más allá desus enormes méritos literarios, era su seductora e irresistible personalidad lo que más honda huella dejaba. La partida de don Carlos, el aprecio y el respeto que inspiraba difícilmente podrán ser llenados en su dolorosa ausencia. A esa desaparición se suman las de figuras inmortales como Lara, José Alfredo y Manolete, que como bien suele precisarse, en la infinita escuela de la vida, estas faltas, jamás podrán ser sustituidas. Pues surcan el corazón del pueblo.

 

FOTO: Gabriel García Márquez, circa 1977./ Archivo EL UNIVERSAL

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