La depresión como un perro rabioso

Jul 31 • Lecturas, Miradas • 1802 Views • No hay comentarios en La depresión como un perro rabioso

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En este libro, el autor reflexiona en torno al suicidio basándose no sólo en testimonios de filósofos, poetas y especialistas, sino también en su propia experiencia

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POR JOSÉ JUAN DE ÁVILA
Cuenta Mauricio Montiel Figueiras que la psiquiatra que lo atiende dice que “quienes se dedican a actividades creativas son más propensos a caer en las garras de la depresión”. Nada hay de espíritu romántico en esa afirmación, basta adentrarse en el más reciente libro del narrador, poeta y ensayista.

 

Un perro rabioso. Noticias desde la depresión (Turner Noema, 2021) puede verse como una galería de retratos de gente que se dedicó a “actividades creativas” durante los últimos siglos, en especial poetas, pintores y aun actores y chefs, muy emparentada a aquella majestuosa de Pascal Quignard —contra la censura en primera instancia—, en un libro capital sobre el arte y el erotismo, La nuit sexuelle (Flammarion, 2007).

 

Algunos miembros de ese club del horror al que Montiel Figueiras (Guadalajara, 1968) se unió en 2014 sin haber pedido membresía, aunque la muerte prematura de su madre en 2005 lo había encaminado con una adicción al alprazolam: William Styron, Anne Sexton, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Dylan Thomas, Yasunari Kawabata, Yukio Mishima, Robin Williams, Dante Alighieri, Francisco de Goya, Edvard Munch, Mark Rothko, Francis Bacon, Virginia Woolf, Franz Kafka, Emily Dickinson, Paul Celan, Robert Walser, Charles Baudelaire, Frédéric Chopin, Ernest Hemingway, Chuck Palahniuk, Kate Spade, Anthony Bourdain, René Magritte, Peder Balke, Mark Fisher, Ingmar Bergman, Albert Camus, Caspar David Friedrich, Dawid Planeta, William Turner, Haruki Murakami…

 

El autor de Insomnios del otro lado (1994) relata su temporada en el infierno —como la de Dante y la de Rimbaud— con su testimonio y el de filósofos, narradores, poetas, especialistas en la enfermedad del siglo XXI, muchos de los cuales escaparon por una puerta que Montiel Figueiras defiende: el suicidio.

 

“Emprendí una búsqueda de espejos que me pudieran reflejar en el arte, el cine, la filosofía, la literatura, el psicoanálisis, la psiquiatría y eso que llamamos la realidad cotidiana”, explica de entrada..

 

Pero no es necesaria la creatividad para que el perro muerda. El mismo autor de La piel insomne (2002) apunta que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el planeta y al año se cobra la vida de 800 mil por la vía del suicidio, que es la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años de edad.

 

Cita cifras de la Organización Mundial de la Salud, que también dan cuenta que el 50 por ciento de quienes padecen depresión no reciben el tratamiento necesario y, por ende, corren peligro de suicidarse, como él, que un día de 2018 estuvo a punto de saltar del balcón del edificio donde vive, según apunta en su relato autobiográfico, que acompaña de poemas, anécdotas, reflexiones y recuerdos de suicidios.

 

Un perro rabioso. Noticias desde la depresión refleja un solo rostro en espejos de múltiples caras, estrellados, fragmentados, que, de acuerdo con el autor, es como sienten los pacientes de la depresión.

 

Él mismo se reconoce despersonalizado, una de las características que atribuye al padecimiento y subraya que la depresión no es lo mismo que estar triste o melancólico, porque es una enfermedad, de la que se siente sobreviviente después de dos “mordidas” críticas, de tratamientos psiquiátricos, terapias, ingesta de múltiples antidepresivos y somníferos, y de escribir este nuevo libro como catarsis.

 

Montiel Figueiras, coordinador nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes de 2015 a 2017, cuando ya se sentía afectado por la depresión, armoniza fragmentos de poemas de sus compañeros de infierno del pasado y presente, interpretaciones de pinturas célebres —como las de Goya o Munch—, citas de filósofos como Nietzsche y Camus, de quienes extrae metáforas sustanciales para hacer tangible un padecimiento que invisibiliza a sus víctimas, como las del perro y la piedra de Sísifo.

 

El título del libro alude, de hecho, a una cita de La gaya ciencia con que arranca el libro: “He dado a mi dolor un nombre, y lo llamo perro” y a otro epígrafe de Horacio Quiroga: “Estoy seguro de que el aullido de un perro rabioso, que se obstina de noche alrededor de nuestra casa, provocará en todos la misma fúnebre angustia”. Pero el volumen es más que la depresión como “perro rabioso”, una licencia del autor, pues es muy poco probable que alguna vez haya visto a un perro rabioso en su medio siglo.

 

Dos puntos controvertidos sobre el libro de la extraordinaria colección Noema de Turner son la defensa que hace Montiel Figueiras del suicidio como escape a la depresión, con el argumento de que quienes lo juzgan no saben el sufrimiento que se padece; y que el autor a veces parece encontrar la depresión en cuanto lee o mira, de forma quizá forzada, por ejemplo, al volver a obras de autores en las que antes no había detectado síntomas o huellas de la enfermedad, como los casos de Murakami o de Goya.

 

Sin embargo, su defensa del suicidio no es promoción de éste; al contrario, en todo momento el autor plantea la necesidad de afrontar la depresión, de sacarla de las tinieblas a la luz, en busca de ayuda, de prevenir y evitar que el suicidio termine por ser la última solución frente a una persona con depresión.

 

A lo largo de centenar y medio de páginas, Montiel Figueiras expone la necesidad de hablar sobre la depresión, de no esconderse pues implica un riesgo que en la gran mayoría de los artistas y escritores a quienes recurre derivó en suicidio. El primer paso para un tratamiento es reconocer el padecimiento.

 

Aunque el autor sostiene que, a diferencia de otros trastornos de salud, la depresión no admite un tratamiento unívoco y cada paciente debe pasar por el ciclo prueba-error para encontrar su medicina, quizá la lectura de Un perro rabioso. Noticias desde la depresión pueda contribuir al diagnóstico y tratamiento, como un paso para que quien ha sido mordido no se asuma solo contra esta enfermedad.

 

FOTO: Portada del libro Un perro rabioso. Noticias desde la depresión/ Crédito: Turner Noema

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