Desolladero

May 16 • Conexiones, destacamos, principales • 3664 Views • No hay comentarios en Desolladero

/

En el número 360 de Confabulario publicamos un artículo de Guillermo Sheridan que expone la relación epistolar de Octavio Paz con su hija Helena, y en el que hace referencia al libro Helena. La soledad en el laberinto. Epistolario de Helena Laura Paz Garro y Ernst Jünger. Una de sus autoras, la doctora Elsa Margarita Schwarz Gasque, envía esta respuesta, que es atendida por nuestro colaborador

/

Réplica a El Malvado Octavio Paz ataca de nuevo y “Ama la vida”. Octavio Paz le escribe a su hija

Ciudad de México, 12 de mayo de 2020.

Muy estimado Dr. Guillermo Sheridan:

Leí su artículo sobre mi libro Helena. La soledad en el laberinto (coedición de Ediciones del Lirio y de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla), que publicó El Universal el día 21 de abril bajo el título de “El Malvado Octavio Paz ataca de nuevo”, así como su otro texto del 9 de mayo de este año, “‘ Ama la vida’ . Octavio Paz le escribe a su hija”.

 

Permítame informarle que Helena. La soledad en el laberinto no es un libro acerca del señor Octavio Paz ni una crítica a su obra literaria (sin duda es el gran poeta de México), ni es acerca de la escritora Elena Garro, sino sobre su hija, Helena Paz Garro. Tampoco es ficción como usted refirió, sino una investigación científica, profunda y detallada, sin sesgo político y que está respaldada por las entrevistas personales con Helena Paz Garro, su libro Memorias, sus poemarios Ónix, La rueda de la fortuna y, desde luego, la correspondencia inédita sostenida entre ella y el escritor Ernst Jünger, que como usted sabe, fue uno de los pensadores más importantes del siglo XX en Alemania. El epistolario se encuentra en dos archivos en este país europeo, en uno privado y en el Deutsches Literaturarchiv Marbach.

 

No se puede evitar que por la naturaleza del libro se menciona a sus padres, ya que ellos fueron responsables, en gran medida, del fracaso en la vida de Helena, debido a su indiferencia y egoísmo hacia ella . Estoy segura que si usted lee el libro con detenimiento, reconsiderará su opinión; pues emitió un juicio prematuro y apresurado. Por sus comentarios, se visibiliza el desconocimiento de su parte acerca de lo que representa la realización de este trabajo. Es menester mencionar también que la relación con Helena Paz no fue de “paciente”, como usted lo afirmó incorrectamente, sino que fue parte de una investigación para profundizar en la historia de esta mujer que no fue reconocida.

 

En relación con las cartas de Octavio Paz a las que usted hace alusión en su artículo correspondiente, vemos las cartas de un espléndido ensayista lleno de buenos consejos. Por ejemplo: “libertad tiene que ser, en primer término, espiritual y económica”. Pero estas epístolas están muy lejos de ser empáticas de un padre hacia su hija adolescente, cuyos padres se están divorciando.

 

Podemos imaginarnos cómo se sintió Helena Paz cuando, después del divorcio, su padre le dice que él está dispuesto a aceptar la decisión de su hija de quedarse “con mamá o papá o sola”. Sin embargo, él no le expresó que desearía que estuviera con él. Podemos imaginarnos cómo se sintió Helena cuando su padre le dice que “no podemos confiar a nadie”, lo cual la empujó a un mundo solitario y triste, colocándola en una postura de desamparo y desconfianza. Podemos imaginarnos cómo se sintió Helena cuando su padre, en un momento de autorreflexión acerca de la forma en como le escribe a su hija, dice: “me vuelvo abstracto”. Cuando Helena tenía la necesidad de recibir una ayuda concreta . Para “ama la vida” (uno de sus consejos), no se necesitan teorías abstractas, sino la confianza, la seguridad y el amor que todos los humanos necesitamos para vivir.

 

Las cartas de Ernst Jünger, por su parte, le transmiten a Helena la seguridad que necesita. Por ejemplo, cuando Helena pasó uno de sus peores momentos de angustia, confusión y miedo, buscó a Jünger y su respuesta no fue abstracta, sino concreta, pues le dijo, sencillamente, que podía confiar en él. Jünger le envió una postal con una mariposa que lleva su nombre (Trachydora jungeri), diciéndole: “Querida Helena, las mariposas son más fuertes que los demonios, no tenga usted miedo, con los mejores deseos. Ernst Jünger”. Esta tarjeta la guardó Helena como un talismán hasta el día de su muerte.

 

Respecto a otra de las cartas de Paz a Helena que usted menciona, él escribe: “después de mi muerte verás con otros ojos nuestra relación”. La reacción a estas palabras por parte de Helena Paz se encuentra en el libro Helena: la soledad en el laberinto, pues es ella quien habla de la deplorable relación que mantuvo con su padre y, además, Helena, terminó vendiendo las cartas que Octavio Paz le envió en un momento de escasez económica. En cambio, las cartas de Ernst Jünger prevalecieron en la vida de Helena hasta su muerte, a pesar de la misma situación precaria.

 

Usted mencionó que cuando Helena intentó ver a su padre enfermo cerca de su muerte él contestó: “No. A mi hija la perdí para siempre”. Sin haberse dado cuenta que ya la había perdido desde el momento que no supo protegerla y asumir su papel de padre. No se puede ignorar el terrible hecho de que Helena fue víctima de una violación siendo una niña, pero lo más triste y detestable de esta historia es que sus progenitores la entregaron nuevamente a su agresor. Podemos imaginarnos cómo se sintió Helena, desolada y enojada, cuando Paz le escribió en una carta: “Recordarte de niña”…

 

Por último, el hecho de que Helena Paz Garro haya sido violada no es una banalidad para ningún ser humano; en otras palabras, no es un hecho “tal cual” como usted lo señala en su artículo del pasado 21 de abril.

 

Señor Sheridan, todos deseamos que nuestros héroes sean infalibles, pero a casi nadie se le concede esta fortuna imperturbable en el transcurso de la vida, como si fuera esto parte imprescindible de la tragedia humana.

 

 

Atentamente,

Dra. Elsa Schwarz

 

 

Respuesta a la Dra. Elsa Schwarz Gasque
No, Dra. Elsa Margarita Schwarz Gasque, el libro suyo y de sus colegas Helena. La soledad en el laberinto no es un libro sobre Octavio Paz, aunque lo proclame su título paródico y aunque desde el “Preludio” (sic) se declare a Paz el villano de la historia, ese que “afligió e hirió a su primogénita con la amarga existencia que le impuso”.

 

Usted y colegas anexos sostuvieron también que Octavio Paz “ignoró” a su hija y que la sometió a “violencia física y verbal desde niña”, juicios que la prensa divulgó profusamente y que es lo que ustedes y las autoridades promotoras del libro buscaron. Misión cumplida.

 

Conmueve que argumente usted que las conclusiones de su psicoanálisis “científico” están “respaldadas por las entrevistas personales con Helena Paz Garro” y por sus escritos. Desconcierta que ni usted ni sus colegas ponen en duda la “verdad” de tales testimonios, como tampoco lo hacen quienes no dudan de los de su madre, Elena Garro, por más fantasiosos que sean. Apena que ignoren que, por ejemplo, Elena Poniatowska haya llamado a precaverse de las “inexactitudes” y las “imposturas” que Elena Garro (y su hija-reflejo) fabricaba maniáticamente y que llevan a gente ingenua a producir libros “sesgados y tendenciosos”.

 

Me pregunto si la ignorancia de ustedes incluya los trabajos de Helene Deutsch sobre cómo lidiar en psicoanálisis con “impostoras” y mentirosas mórbidas y cómo, en tales casos, el análisis no debe atarearse con lo “verdadero” del testimonio, sino detectar la naturaleza de la impostura para acceder a la “verdad” del problema, sobre todo cuando se busca una gratificación narcisista imitando o repitiendo las imposturas de la madre.

 

La cosa se complica porque, además, Helena Paz y su madre traficaban sus imposturas como “verdades”. Patricia Vega narró que alguna vez Helena Paz le hizo “una propuesta de colaboración”: escribir un libro en el que ella revelaría “detalles para alimentar el morbo de los lectores” y venderlo bien. Vega se negó, desde luego, pues la oferta anulaba la verdad. Muchas otras personas sí le entraron al negocio…

 

Quienes conocieron a Garro y a su hija refieren delirios compartidos, “folie à deux”, mitomanía, monomanía, paranoia, hipocondria, alcoholismo, delirio de persecución, síntomas esquizoides, etc. Hasta ustedes –pues es tan obvio– registran que Helena Paz da señales de “comportamiento perturbado”, que está rodeada de “fantasmas persecutorios” y que lleva una “relación diádica” con su madre. Pero en vez de escudriñar en ello, eligieron culpar a “un tercero que opera como ordenador del psiquismo”: de nuevo el malvado Octavio Paz.

 

A pesar de las evidencias, ustedes eligieron científicamente creer las imposturas de Helena Paz (espejeo de las de Garro) porque les convenía un villano “patriarcal”, siempre de uso tan útil y fácil. Lo reitera ahora en su carta cuando, de nuevo, sentencia usted que Octavio Paz manifestó “su indiferencia y egoísmo hacia ella”, a pesar de las cartas que publiqué.

 

Son ustedes tan cándidas que la única vez que no le creen un testimonio a Helena Paz es cuando narra las golpizas que le daba su primo Jesús Garro. El primo científicamente les dijo a ustedes que no fue “tan grave” (aunque la prima iba a dar al hospital) y ustedes científicamente le creyeron y psicoanalizaron que la prima exageró por tenerle “celos”. Esa sola tontería, llena de misoginia,  habría significado el rechazo del libro en una editorial seria.

 

Lograron ustedes con los titulares de la prensa, señoras doctoras científicas, sus quince minutos de fama. Preocupan más los cincuenta minutos de las sesiones que le cobran a sus pacientes. Dudo mucho que las psicoanalicen con eficiencia mínima.

 

 

Guillermo Sheridan

 

FOTO: Octavio Paz y Helena Paz Garro, circa 1957./ Especial

« »