Páradais, una deuda personal de Fernanda Melchor

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En entrevista, la escritora habla de su nueva novela, en la que la marginalidad de sus personajes va más allá de los estratos sociales, y la violencia aparece como una manifestación demoledora de las frustraciones machistas

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POR GERARDO ANTONIO MARTÍNEZ
En el verano de 2017, cuando Temporada de huracanes (Literatura Random House, 2017) acumulaba elogios de lectores y la atención de medios, la crítica literaria y la academia, apareció una reseña en la revista Crítica que parecía englobar buena parte de los acercamientos que escritores y críticos de mayor proyección habían hecho sobre la segunda novela de Fernanda Melchor.

 

Su autor, el escritor Gabriel Wolfson, entre las satisfacción y el escepticismo de quien está curado de espantos, hacía una categorización de Temporada de huracanes desde otros dos momentos representativos de las letras mexicanas: el recibimiento que tuvieron Los de abajo de Mariano Azuela, hacia 1924-1925 y Pedro Páramo de Juan Rulfo, a mediados del siglo XX. Estas obras, explica, habían cerrado de alguna manera “la ‘falsa’ disyuntiva entre ‘las obras centradas en la estética, el lenguaje y sus procedimientos’, por un lado, y por otro ‘las que privilegian el registro de la llamada ‘naturaleza humana’”.

 

Retomo estas aproximaciones alrededor de Temporada de huracanes porque son éstas las que dan a un escritor la seriedad que no siempre dan las reseñas más entusiastas o francamente promocionales. Antes de poner algunos reparos en ciertos excesos, vicios, apresuramientos y extravíos de la trama –él los llama intemperie de su lenguaje–, escribe: “En sus mejores momentos, Temporada de huracanes brinda atmósferas densas, palpables, inhalables, paisajes brueghelianos llenos de figuras que, mientras perfeccionan detalles y deslizan decenas de anécdotas, no dejan de ofrecerse como un tapiz compacto, uniformado en este caso por la miseria, la intemperie ética, el
desamparo”.

 

Y es quizá el lenguaje, asociado a la crudeza de la historia y la desnudez en la que los personajes se nos presentan tan contradictorios como humanos que Páradais atiende algunas deudas que la propia autora tuvo con su novela anterior. En esta entrevista, al hablar de las particularidades de cada una de estas novelas, Melchor dice: “Cuando terminé Temporada de huracanes me quedé con una deuda. Tal vez algunos lectores se quedaron con la idea de que estaba estableciendo un paralelismo entre pobreza y violencia, marginación y violencia. La verdad, me quedé con un sabor de boca un poco agridulce”.

 

“Todo fue culpa del gordo, eso iba a decirles. Todo fue culpa de Franco Andrade y su obsesión con la señora Marián”, dicen las primeras frases de esta novela. El que habla es Polo, un adolescente que trabaja como mil usos en un fraccionamiento de lujo llamado Paradise, quien participará en el crimen contra una de sus habitantes, Marián Maroño. Con ella fantasea el gordo Franco Andrade, quien dominado por una sexopatía planea tomar por asalto la casa de los Maroño durante la noche para agredirla sexualmente y asesinar a toda la familia para evadir a la justicia. Desde dos puntos de la marginalidad, Polo y Franco también encarnan las ambivalencias de la dominación desde el machismo más silvestre, que puede encontrarse en cualquier estrato.

 

Por la polifonía de voces y el lenguaje, Páradais (Literatura Random House, 2021) podría leerse como una adenda de Temporada de huracanes, sin que esto vaya en detrimento de su carácter original en cuanto obra autónoma y con una caracterización de los personajes que por la naturaleza de sus historias no se habían explorado en su novela de 2017.

 

 

¿Qué representó este nuevo proyecto narrativo, Páradais, tomando en cuenta la aceptación de Temporada de huracanes? Hay expectativas de los lectores, pero también el autor sabe que tiene una responsabilidad con su propia obra.
Es un poco como el sueño de todo escritor y también su peor pesadilla, las expectativas de los lectores. ¿Qué escritor no quiere llegar a un público amplio, internacional, ser traducido, ganar premios, estar nominado a un premio tan importante como el Booker International? Al mismo tiempo, la presión externa no es una buena forma de fomentar el impulso creativo. De alguna forma –algo que siempre le digo a los escritores jóvenes– el fracaso a veces es más un alimento que el éxito. A veces tener mucho éxito puede ir en detrimento de la propia obra, sobre todo porque uno se vuelve incapaz de acallar lo que se dice de la obra. Por ejemplo, todos los elogios de Temporada de huracanes se vuelven un círculo vicioso en el que uno es incapaz de escuchar su propia voz. Lo que me benefició mucho es que Páradais es una novela que se empezó a escribir antes de terminar Temporada de huracanes. Ya estaba por publicarse, pero todavía no entregaba el borrador final que para mí siempre es algo que entrego a regañadientes. Me lo tienen que arrebatar. Me gusta trabajar muy intensamente con mis borradores, los corrijo hasta el último minuto posible. Páradais nació en esa época, cuando yo todavía no soltaba Temporada… Entonces ya tenía cierto trabajo hecho, bastante, cuando llegó el éxito de esta novela, las traducciones, los premios internacionales, entonces fue un trabajo de poder estar en silencio, ese silencio que hace que uno pueda escuchar las voces que le están diciendo la historia que debes contar. Decía uno de nuestros mejores escritores mexicanos, Sergio Pitol, que un escritor es alguien que escucha voces; pero a veces el ruido externo es tan fuerte que no puedes escuchar esas voces. Para mí fue un momento de introspección, como de alejamiento de las redes, me sirvió mucho. Voy a decir algo que quizá no se escucha muy bien, pero la pandemia me ayudó mucho. Sé que ha sido un momento en que hemos tenido a nivel personal y colectivo, pero a muchos escritores nos vino muy bien esta cuestión de poder alejarnos un poco de la vida social y poder volcarnos a nuestra vida personal, nuestra vida interior para poder escribir.

 

 

Ya que haces referencia a este tránsito que pasó Páradais, de alguna manera paralela a Temporada de huracanes, ¿Páradais significó un reto para renovar tu obra, pero al mismo tiempo sin traicionar la voz que has desarrollado en otras novelas?
Es complicado. A veces me preguntan mucho sobre los temas recurrentes en mis novelas: la violencia, la masculinidad desmedida, la adolescencia de jóvenes marginales, pero rara vez escribo a partir de temas. No es que yo piense hacer una novela sobre el embarazo adolescente o las condiciones de vida de los pescadores de Alvarado [Veracruz]. Siempre parto de otro lugar, en mi caso de una necesidad de cambiar de escenario por completo. Como escritora me voy reinventando. Siento que cuando la novela está entregada al publico, deja de ser de uno, cuando el proceso de escritura acabó por completo, reviso mi trabajo y encuentro deudas, lo que me hizo falta. En mi primera novela, Falsa liebre, tuve la impresión de que me hizo falta abordar personajes femeninos más complejos. Me había concentrado en contar la vida de cuatro chavos y todas las mujeres que aparecían en la novela tenían una relación con esos chavos, o eran histéricas o estaban locas. Sentí que me hizo falta trabajar personajes femeninos más complejos, más humanos. Cuando comencé la escritura de Temporada de huracanes, la mayor parte de la historia está fundamentada en personajes femeninos complejos, como Norma, la Bruja, Yesenia. También, cuando terminé Temporada… me quedé con una deuda. Tal vez algunos lectores se quedaron con la idea de que estaba estableciendo un paralelismo entre pobreza y violencia, marginación y violencia. La verdad, me quedé con un sabor de boca un poco agridulce.

 

 

Los personajes de Páradais, al igual que en Temporada de huracanes, ya son personajes más contradictorios en cuanto humanos. Algunos, como Polo, son explotados laboralmente y son violentadores de mujeres; otros son sicarios y piadosos al mismo tiempo, como Milton; algunos son libidinosos y pusilánimes como Franco Andrade o controladoras y sumisas como Marián. ¿En qué consistió la construcción literaria de cada uno de los personajes?
Independientemente de todo el trabajo que hice en cada uno de los personajes en términos esquemáticos, dramáticos, una novela tan corta como Páradais, es un de género que estaba emocionada de poder abordar. Es un género que ha dado joyas en la literatura mexicana como Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, que está citada en uno de los epígrafes de Páradais, o Elsinore de Salvador Elizondo; pienso en La vida conyugal de Sergio Pitol, una novela excepcional. Se han dado muchos buenos ejemplos de novelas cortas en México y era un género que estaba ansiosa de explorar. Pero este género también requiere una conceptualización muy precisa de los personajes, en la novela corta no tienes el espacio que sí hay en la novela tradicional para abundar y construir con base en la acumulación. En la novela corta, más que nunca, resulta indispensable construir a los personajes y escenarios con detalles precisos, no abundantes sino puntuales. Es como hacer una pintura con pinceladas muy cortas pero lo más abarcadoras posibles. En este sentido me interesaba construir desde la empatía, meternos en la cabeza de las personas involucradas, meternos en la cabeza de personas que están apunto de cometer un crimen horrendo. Una de las peores pesadillas que como mujer me puedo imaginar es algo que sucede en Páradais. Al mismo tiempo quería que el lector no se quedara con la impresión de que los personajes sólo son víctimas. En esta sociedad todos podemos ser víctimas, y lo somos de algún tipo de violencia, que hay muchas, las mujeres en gran medida lo somos.

 

Cualquiera de nosotros puede ser víctima. Pero también es la reflexión contraria, cualquiera de nosotros puede ser un victimario, cualquiera de nosotros puede usar esta violencia, la capacidad de violencia que se nos ha dado como parte de nuestro armamento evolutivo para sobrevivir en este mundo lo podemos usar en contra de nosotros, en contra de los demás, en contra de la sociedad. Esa era la reflexión que quería trabajar en Páradais.

 

Sí, Polo es una víctima de la sociedad, de una familia rota, de un entorno que propicia trabajos mal pagados, donde se explota a los trabajadores, pero al mismo tiempo también tiene una responsabilidad personal, un libre albedrío que lo lleva a tomar pésimas decisiones. Creo que podríamos decir lo mismo de cualquier personaje. Creo que una de las tareas de la literatura es justamente eso, acercarnos al otro. Pero ese otro que no sólo es un villano o un héroe, sino esta persona igual de compleja que yo, llena de claroscuros, con virtudes y defectos y distintas formas de actuar en momentos de gran estrés, como sucede en Páradais.

 

 

Recuerdo que en el caso de Temporada de huracanes mencionabas que a los protagonistas de esta novela los distinguía la búsqueda del amor desde sus realidades marginales. En Páradais vemos intenciones distintas, más banales. ¿Qué buscan Polo y Franco, los protagonistas de Páradais?
Creo que el amor es una emoción tan poderosa que mueve siempre a todo. Diría que de alguna manera también buscan amor, pero aquí es menos concreto que con Temporada… Por eso creo que es más fácil empatizar con los personajes de Temporada de huracanes que con los de Páradais porque están más exhibidos sus defectos y virtudes, que las hay, pocas pero las hay. Creo que aquí hay una búsqueda definitiva de escapismo. Pienso que los personajes de Páradais, a diferencia de los de Temporada…, buscan huir. También los de Temporada… buscaban hacerlo, por eso su consumo de drogas y alcohol. Pero aquí es menos clara la intención. Son personajes más jóvenes y estamos hablando de un momento de la adolescencia en donde uno no tiene muy claro lo que quiere, sólo sabe que quiere escapar. ¿Adónde? No se sabe. ¿Para qué? Tampoco se sabe. Sólo hay una profunda inconformidad con el momento que se está viviendo.

 

 

En mi caso, como lector, observo en Polo la presencia de cierta culpa, algo que no estaba presente en Temporada de huracanes. ¿Cuál es su relación con la culpa?
Me interesaba abordar, además de esta violencia patológica, que es como la naturaleza de la sexualidad de Franco, que está totalmente obsesionado y que no quiere parar hasta satisfacer su deseo, en el caso de Polo quería hablar de otro tipo de violencia, que es más “normal” por así decirlo. Para él su relación con las mujeres pasa a través de la dominación. Él siente que para ser un hombre de verdad, tiene que dominar a las mujeres. Y como él en realidad en su vida es dominado por éstas, pues se siente muy mal. Es un catalizador para su odio, su rencor, todas estas emociones incómodas que experimenta y lo impulsan a estos terrenos de la violencia. Pero también hay otro tipo de violencia en Polo, que tiene que ver con la culpa que siente y todo el tiempo trata de expulsar, de negar. Todo el tiempo Polo está hablando de culpa. De hecho, la novela empieza así: “Todo fue culpa de Franco Andrade”. Pero hay un constante malabareo de Polo por arrojarle una papa caliente. Siempre culpa a alguien más: todo es culpa del gordo, todo es culpa de su mamá, todo es culpa de su primo, todo es culpa del narco, todo es culpa de la vida y el destino. Hay una cobardía muy grande en él que lo impulsa a resistirse a decir que la culpa es suya. La novela es un constante toma y daca con esta sensación de culpa. Es una de las formas de violencia que buscaba representar en la novela y que tiene que ver con las pequeñas formas de violencia que ejercemos todos los días y tratamos de desligarnos.

 

FOTO:  En 2019, Fernanda Melchor recibió el Premio Anna Seghers, que entrega la fundación dedicada a promover la obra de esta escritora alemana./ Omar Conteras/ EL UNIVERSAL

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