La imaginación poética como método deductivo

Mar 23 • destacamos, Lecturas, Miradas, principales • 1186 Views • No hay comentarios en La imaginación poética como método deductivo

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Expediente X.V. es un camino hacia la experimentación donde la sombra del investigador se convierte en la sombra de Xavier Villaurrutia, el poeta muerto

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POR LEONARDO IVÁN MARTÍNEZ 

Un nudo inusual en la corbata, una cicatriz en la oreja del cadáver o un simple rumor entre los testigos en la escena del crimen pueden ser, a los ojos del observador común, una nimiedad o un dato de más en la investigación policiaca. Sin embargo, para el poeta y el detective –ya sea éste un experto en el verso blanco o la medicina forense– no les está permitido desatender estos detalles. El poeta, al igual que el detective, abre líneas de investigación, husmea, huele, indaga, pero sobre todo, imagina.

 

Expediente X.V., de Christian Peña es un libro que no deja cabo suelto, a través de la imaginación poética, en una de las páginas más inquietantes en la historia de la literatura mexicana: la sospecha de que la muerte de Xavier Villaurrutia haya sido por un suicidio y no por una angina de pecho, según la versión oficial. Como si el mismo libro se tratara de la apertura de un expediente policiaco hay algunas pistas que permiten ubicar este libro de Christian Peña dentro de un registro poético híbrido en el que coexisten la confesión personal, el testimonio y el retrato poético. En primer lugar Expediente X.V. es una apelación a un dictamen asentado en un acta de defunción:

 

 

En la escena del crimen,
En la hora en que la muerte ///sale a escena,
Hay algo que no acaba de encajarme.
Sin importar lo que se lee en el acta,
////////no creo que el infarto haya sido la causa:
el corazón, a menudo, es una falsa pista.

 

 

Se trata de un libro escrito desde la inconformidad, la “apelación” dirían los hombres de levita. El primer apartado del libro, “Nocturno del suicida, notas del investigador”, se distingue por tener un alto grado de autofiguración del poeta; parecería una redundancia en uno de los géneros más personales. Desde la preparatoria se nos enseña que la poesía es el género más íntimo y personal en la literatura, sin embargo en este apartado el poeta se transforma o aparece ante nosotros como un “investigador”. En uno de los poemas el “investigador” hace un autorretrato en la escena del crimen; se posa bajo la luz de un poste frente al número 247 de la calle Puebla en la colonia Roma, su sombra se multiplica, se fragmenta de igual modo en que se multiplican las indagatorias y líneas de investigación. La sombra del “investigador” se convierte después en la sombra del poeta muerto, Xavier Villaurrutia:

 

 

Camino por su calle,/// hago un recuento
de las sombras que se sabe que tuvo:
////la sombra de su voz,
la sombra del lugar donde no lo besaron
y la sombra que era si guardaba silencio
y la sombra abismal de su cerebro

 

 

Hay un doble recurso con el que Peña hace suya la muerte ajena. El primero de ellos es ese tránsito que va de la autofiguración a la mimetización con Xavier Villaurrutia. El segundo de ellos es el uso de los epígrafes, todos firmados con las iniciales X.V. El lector entonces “deduce” la autoría del fragmento y el poema que le sigue se convierte en una glosa del epígrafe, o ¿por qué no?, en una sombra que éste proyecta.

 

Más allá de que el poeta indague o apele la versión oficial de la muerte de Xavier Villaurrutia, en Expediente X.V. hay un procedimiento en donde el método deductivo hace mancuerna con la imaginación y la duda. En otro de los poemas de este apartado es ilustrativa la insistencia que Peña hace en imaginar o trazar casos hipotéticos en la vida de Villaurrutia: “Me pregunto si él habrá bebido”, “Lo imagino en su cuarto”, “Lo imagino después de haberse terminado una botella”, “tratándose de él, pudo ser cocaína”.

 

Hay un momento en el libro de Peña en donde incluso se permite romper con la solemnidad que impera en el tema de la muerte. El apartado “Nostalgia de la preparatoria” contiene un solo poema elegíaco a Lourdes, una “amiga” de sus años preparatorianos con la que leía los poemas de Villaurrutia antes de que ésta muriera de leucemia:

 

 

Voy a contar un chisme: una vez, en la prepa,
Lourdes me pidió ayuda para pagar la renta,
su padre estaba enfermo y no podía trabajar.

 

 

Este poema largo en Expediente X.V. hace que este libro transite del tono imaginativo e hipotético de los primeros apartados al tono especulativo:

 

 

Se dice que Villaurrutia murió
de una angina de pecho, fulminado de golpe,
pero hay quien asegura –así empiezan los chismes–

que se murió de amor por un bolero
o que se suicidó; el punto es que su rostro
era nocturno y pálido dentro del ataúd.

 

 

El apartado titulado “Declaración de los testigos” viene a reforzar este tono especulativo de Expediente X.V. Los fragmentos de los testimonios de Elías Nandino, Jaime Torres Bodet, Jorge Cuesta, Salvador Novo y Gilberto Owen sobre la muerte Villaurrutia dotan a este libro de un registro de literatura testimonial. De entre todas estas declaraciones sobresale en mi lectura la cita a Jorge Cuesta: “La poesía es un método de análisis, un instrumento de investigación”. Mientras las otras declaraciones detallan los últimos momentos de Villaurrutia, la de Cuesta se distingue por hablar de un método, un procedimiento de escritura, muy parecido a la que seguiría un “investigador” en una pesquisa policial. Expediente X.V. tiene como tema la especulación sobre la muerte de Xavier Villaurrutia, sin embargo el camino que elige Peña le debe mucho también al autor de Canto a un dios mineral en su intento de hacer un tipo de poesía que se acerque a ese afán de Cuesta por dotar a la poesía de un carácter más racional. Ahí está el gesto policial, el tono detectivesco en este libro que alterna el tono testimonial con el tono evocativo o anecdótico y a veces, voluntariamente, en la especulación.

 

FOTO: Christian Peña recibió el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2014 por Me llamo Hokusai. / Archivo EL UNIVERSAL

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