‘Residuos de acciones’, de lo íntimo a lo social

Ago 15 • Escenarios, Miradas • 3677 Views • No hay comentarios en ‘Residuos de acciones’, de lo íntimo a lo social

POR JUAN HERNÁNDEZ 

 

Pero ese es sólo un cliché, un prejuicio que nos aleja de la danza como un fenómeno en el cual se manifiestan poderosamente impulsos vitales. Y no es que el virtuosismo técnico sea innecesario, todo lo contrario, pero no siempre esa cualidad está puesta al servicio de la “espectacularidad” del acto cuasi circense que quita el aliento; en ocasiones, se trata de una capacidad para producir energía cuyo objetivo es el de construir universos significativos, íntimos y provocadores en la escena.

 

Se requiere no sólo de un conocimiento y dominio de la técnica dancística —pues la idea es saber de ella para luego transformarla en función de lo que se quiere decir— sino de una asombrosa, esa sí, capacidad para dar nacimiento a realidades nuevas.

 

Recientemente nos encontramos con una coreógrafa y bailarina de cualidades interpretativas virtuosas: Leonor Maldonado. Autora e intérprete del espectáculo unipersonal Residuos de acciones, presentado en el Teatro Sergio Magaña. Espectáculo que introduce al espectador en un espacio de intimidad, en donde el cuerpo es el portador de un mensaje de dolor, de fractura, de imposibilidad. Violentado el cuerpo del hombre, pero también el cuerpo social y político.

 

La escena se manifiesta en la penumbra: atmósfera lúgubre, de luto. En esa oscuridad aparece el cuerpo no como una unidad, sino como una fractura. El pie doblado, sin fuerza, intenta sostener el peso del edificio corpóreo. El torso y los brazos se descuelgan y se aferran a la vida. El cuerpo de la bailarina busca ponerse de pie, pero no consigue el equilibrio armonioso: es reflejo de la violencia y del dolor.

 

Más allá de buscar imágenes “espectaculares”, la coreógrafa se empeña en una poética que refleja lesiones físicas y del alma, producto de la experiencia de vida. Reconstruye en el cuerpo el pasado: memoria emocional y física, remembranza de las lesiones de la sociedad en el devenir de la historia y de la civilización en los avatares de la cultura, figuradas como una sola estructura: la de la bailarina.

 

La interpretación refleja las “descomposturas” orgánicas, es la respuesta desde la estructura del cuerpo a las afecciones de la vida personal y social. Es una reflexión que va de la intimidad más profunda, a la expresión de lo colectivo.

 

Pocos son los elementos de los cuales se vale la coreógrafa. No hay objetos escenográficos o de utilería de apoyo en el escenario que sirvan de muletas a la intérprete. Es ella y su cuerpo en un espacio constituido por la penumbra. Es su capacidad para la introspección y el descubrimiento, en el espacio interno, no sólo de las cicatrices personales, sino de las que ha heredado como miembro de un todo social, de una cultura y de una civilización.

 

Resulta sumamente interesante asistir a este tipo de eventos, en donde el compromiso del espectador es fundamental para completar el ciclo creativo; pues no se trata de una obra cómoda, a la que uno va y se sienta para ser distraído. En este tipo de espectáculos el público debe convenir en ser cómplice de la ficción, buscarse en el espacio y los recovecos que se van desplegando como un cosmos en el escenario.

 

El cuerpo que intenta levantarse, a pesar de todas sus heridas, es la manifestación férrea de un instinto: el de supervivencia. No importa la violencia al que se le ha sometido, el cuerpo quiere vivir, respirar, y aún con sus dolores intenta manifestarse. Ese manifiesto es, sin duda, político. Nos habla de nuestro tiempo, de la deshumanización del mundo contemporáneo, de la “cosificación” y enajenación del propio cuerpo, para ser convertido en objeto de consumo; privado así de su capacidad para convertirse en vehículo de las reflexiones más profundas sobre la condición humana.

 

La obra cuenta con la participación del compositor de música electrónica James Blake. Música que apuntala la sensación de dislocación de la estructura coreográfica propuesta por Leonor Maldonado, quien en el 2014 ganó, junto con el Colectivo AM, la beca de Estímulo a la Producción de Danza Nacional (Eprodanza) del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, por el proyecto Pulpo propagación de ondas coreográficas.

 

Residuos de acciones, obra de 45 minutos —que se ha presentado en escenarios como el Salón de Danza de la UNAM, el Teatro El Milagro, así como en Sinaloa, Sonora y Chiapas—, parece desarrollarse en un suspiro. Provoca una desazón en el propio cuerpo y deja sin aliento por un instante. El tiempo de la danza parece sintetizar en un respiro el acontecimiento de lo cotidiano. Esa es su virtud: el cuerpo de la bailarina es el cuerpo de todos, es el cuerpo social que se expresa lastimado, violentado, que se fragmenta a través de un cuadro de luz reflejado en una mampara. Es la corporalidad que se agolpa sobre el piso y que se pierde en la oscuridad del misterio.

 

La danza contemporánea nos ofrece en este unipersonal una expresión potente sobre lo humano. No necesita de grandes artificios escénicos. Solo un cuerpo vivo en la escena que se aferra a la vida y que manifiesta, a través de su respiración, bestial, las lesiones como residuos de la experiencia humana en un mundo cada vez más violento.

 

*Residuos de acciones, coreografía e interpretación de Leonor Maldonado, con música electrónica del británico James Blake, se presentó en el teatro Sergio Magaña, del 4 al 13 de agosto.

 

*FOTO: Residuos de acciones, coreografía e interpretación de Leonor Maldonado, con música electrónica del británico James Blake, se presentó en el teatro Sergio Magaña/Tania Victoria/Secretaría de Cultura.

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