¡Saco la cacariza! Vicente Leñero en el cine

Jun 2 • Conexiones, principales • 6684 Views • No hay comentarios en ¡Saco la cacariza! Vicente Leñero en el cine

POR ROGELIO SEGOVIANO

 

Cuando el Nobel egipcio Naguib Mahfuz escribió su novela El Callejón de los Milagros, ni en sus sueños más guajiros imaginó que la adaptación al cine de su obra maestra la realizaría algún día un mexicano fanático del beisbol, quien, sin el mayor remordimiento, la dividiría en cuatro tiempos para comenzar la historia con un grupo de sujetos jugando al dominó en una cantina del Centro Histórico del DF, al grito de la alburera frase: “¡Saco la cacariza!”.

Tal “atrevimiento” sólo podía tenerlo un hombre de letras como el tapatío Vicente Leñero, quien además de ser un solvente y reconocido escritor, dramaturgo y periodista, también ha demostrado ser uno de los mejores y más efectivos guionistas en la historia moderna del cine mexicano, con seis premios Ariel por su trabajo. Entre sus trabajos más destacados se encuentran: Los albañiles, Cadena perpetua, Mariana Mariana, Miroslava, La Ley de Herodes, El crimen del padre Amaro, Fuera del cielo y, la ya referida, El Callejón de los Milagros.

Ganador en 2007 de la Medalla Salvador Toscano por su contribución al desarrollo histórico y artístico del cine mexicano, Leñero, el guionista, nos presenta una estética narrativa basada en el realismo puro y vivencial, construyendo grandes personajes en pantalla, que van desde un memorable grupo de peones y albañiles en una obra de la Ciudad de México; un torturado ex convicto obligado a delinquir; un cura incontinente y acomodaticio y, una hermosa joven pobre y arribista, hasta un corrupto presidente municipal en un pueblito en medio de la nada. Para el, la verosimilitud del guionista, además de estar sustentada en los hechos, se refuerza en la manera de narrarlos.

Leñero parte de una sólida posición ética. Su tarea de escritor frente al mundo es la de dar testimonio de la realidad, y al tener el don de la palabra, el que escribe no debe olvidar que lo hace para los demás, y al hacerlo debe dejar constancia de lo vivido por todos.

 

El Callejón de los Milagros

Secuencia inicial / Interior, cantina. Tarde-noche

(Cuatro tipos beben, ríen y juegan al dominó en una mesa…)

ZACARÍAS:

¡Saco la cacariza!

DON FIDEL:

El duque de Veragua…

TUERTO BELTRÁN:

¡Híjole…! Me doblo.

UBALDO:

Esos que se doblan a la primera…

ZACARÍAS:

La tripa…

DON FIDEL:

Este juego es de mudos, eh… Cinco, desde aquí te brinco.

TUERTO BELTRÁN:

En la madre, compañero… ¡Fíjese, hombre…! Paso.

UBALDO:

Pasas por el abismo de mis tristezas, como un rayo de luna sobre los mares.

ZACARÍAS:

Para el pito, la Güera…

DON FIDEL:

Para la Güera, el pito…

TUERTO BELTRÁN:

Pues yo, me doblo al pito, como don Ru.

UBALDO:

Ya tramonta mi vida, la tuya empiezas; / más, salvando del tiempo los valladares, / como un rayo de luna sobre los mares, / pasas por el abismo de mis tristezas…

DON FIDEL:

Déjate de pendejadas Ubaldo, y fíjate, carajo.

UBALDO:

No son pendejadas, es Amado Nervo.

ZACARÍAS:

Amado nervio, el mío, cabrones.

DON FIDEL:

Ya viste, pinche Ubaldo… Paso.

(Don Ru lleva más tragos a la mesa…)

TUERTO BELTRÁN:

¿Qué…, qué…, a quién le toca…?

DON FIDEL:

¿Cómo a quién?

ZACARÍAS:

El que pregunta va, güey.

UBALDO:

Ya lo dijo el poeta…

ZACARÍAS:

¿Cómo era eso de mi amado nervio, Ubaldo…? En este mundo todos somos brutos, unos más hombres, otros más putos…

 

En más de una ocasión, Leñero no ha dudado en afirmar que el cine se alimenta en exceso de la literatura. “Yo normalmente adapto… pero el problema de adaptar una novela generalmente es la extensión. Una novela dura más que cualquier película. El problema siempre es cómo comprimir, cómo escoger sus elementos fundamentales”, dijo Leñero hace algunos meses, al tiempo que explicó que ha tenido dos experiencias significativas como adaptador: El crimen del padre Amaro, una novela decimonónica portuguesa de 800 páginas en la que, para que quedara en hora y media, tuvo que cortar la historia de la infancia del padre para entrar directamente a cuando ya era un joven. Para eso leyó la novela completa de un jalón, en dos ocasiones.

La otra experiencia significativa la vivió con El Callejón de los Milagros, proyecto en el que, antes de su llegada, ya habían participado otros guionistas, pero cuyo trabajo no había dejado satisfecho al director Jorge Fons ni al productor Alfredo Ripstein. En una primera lectura, Leñero detectó que a pesar de ser una novela muy interesante y contar con una amplia gama de personajes con bastante carnita, la historia resultaba muy lenta en su desarrollo y las cosas importantes sucedían al final. Él mismo ha dicho que de haber seguido la misma línea que planteaba Mahfuz, hubiera sido una película muy lenta y aburrida. De ahí que decidiera trasladarla al México de finales del siglo XX y dividirla en cuatro historias para que la tensión dramática no se perdiera. Incluso, algunos críticos llegaron a señalar que Leñero le había copiado la fórmula a Quentin Tarantino en Pulp Fiction, que se estrenaba por aquella época, pero el escritor y guionista demostró que su trabajo en El Callejón de los Milagros había comenzado mucho antes de que la película de Tarantino llegara a la cartelera.

En una entrevista con la revista Cine Toma, Leñero manifestó que la escritura de guiones para cine se ha esquematizado mucho, y que Syd Field, quien es considerado por muchos como el gran gurú de los guionistas en Hollywood, “ha sido muy dañino con su preocupación por los ‘plots’ y la estructura teatral de antaño –eso de primer acto, segundo acto, tercer acto–, que ya ni siquiera el teatro respeta. Esa estructura en sí no es mala, pero se ha quedado muy débil porque la forma cinematográfica se ha desarrollado muchísimo más. Eso ha contaminado mucho la escritura del cine, porque todas las historias se estructuran igual”.

Y remató: “Ahora, todo mundo sigue el manualito. Por ejemplo, en eso de la lógica del personaje, que el autor sepa todo sobre el personaje, analizarlo hasta los detalles mínimos. Siento que el primero que debe sorprenderse con los personajes y no saberlo todo sobre ellos es el propio escritor. Una vez le preguntaron a Harold Pinter algo sobre un personaje de una obra suya y él respondió: ‘Pues no sé, no lo sé todo sobre los personajes’. Los personajes son un misterio que no tiene por qué resolverse. Los personajes deberían plantearse como seres misteriosos, no con trampas ni ocultando información, sino como un misterio que el espectador deber tratar de resolver y que no necesariamente tiene que quedar resuelto al final de la película”.

 

El crimen del padre Amaro

Escena 92 / Interior. Tapanco en el cuartucho. Tarde.

(El padre Amaro contempla la belleza de Amelia, que se ha quedado en sostén y pantaletas. Luego se dirige al paquete que ha desenvuelto ya -el paquete de Amparito- y extiende un manto de azul-cielo, bordado de estrellas. El padre Amaro avanza con el manto para la Virgen, con intenciones de ponérselo a Amelia).

AMELIA:

No, por favor. No.

PADRE AMARO:

Déjame vértelo.

(Amelia se resiste, pero el padre Amaro termina poniéndoselo sobre la cabeza, como si fuera la imagen del altar. El manto le cae hasta el suelo. El padre Amaro contempla a Amelia).

PADRE AMARO:

Eres más hermosa que la virgen.

(Avanza y la besa, como si besara la imagen. Luego el beso se vuelve apasionado.

El manto resbala hasta el piso).

 

FILMOGRAFÍA

 

1972

El festín de la loba (de Francisco del Villar)

El monasterio de los buitres (de Francisco del Villar)

 

1974

El llanto de la tortuga (de Francisco del Villar)

 

1976

Los de abajo (de Servando González)

Los albañiles (de Jorge Fons)

 

1977

Cuando tejen las arañas (de Roberto Gavaldón)

 

1978

Cadena perpetua (de Arturo Ripstein)

Las grandes aguas (de Servando González)

La tía Alejandra (de Arturo Ripstein)

 

1980

Misterio: Estudio Q (de Marcela Fernández Violante)

 

1986

Mariana, Mariana (de Alberto Isaac)

 

1992

Miroslava (de Alejandro Pelayo)

Amor que mata (de Valentín Trujillo)

 

1994

El callejón de los milagros (de Jorge Fons)

 

1999

La Ley de Herodes (de Luis Estrada)

 

2001

La habitación azul (de Walter Doehner)

 

2002

El crimen del padre Amaro (de Carlos Carrera)

 

2005

Mujer alabastrina (de Elisa Salinas y Rafael Gutiérrez)

El garabato (de Adolfo Martínez Solares)

 

2006

Fuera del cielo (de Javier Patrón Fox)

 

FOTOGRAFÍA: Fotograma de la cinta El crimen del padre Amaro/Archivo El Universal.

« »