Secretaría de Cultura, en proceso de amputación

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En el número 380 de Confabulario se publicó el artículo “Un lustro de la Secretaría Cultura”, en el que su autor se refirió, entre otros temas, al trabajo del Fondo Editorial Tierra Adentro. El director de este programa y el autor del artículo debaten sobre la rendición de cuentas y descentralización en la promoción de nuevos escritores

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POR SERGIO RAMÍREZ CÁRDENAS

Músico, académico y gestor cultural

En relación con los comentarios del director del Fondo Editorial Tierra Adentro, Víctor Santana, me permito hacer las siguientes precisiones, compartiendo con él la idea de enriquecer el debate de la política cultural.

 

Mi escrito, por decisión propia, no hace una “valoración del trabajo del Fondo Editorial Tierra Adentro” ni de ninguna otra área o programa impulsado por la Secretaría de Cultura (SC); fundamentalmente se centra en alejarse del mito de que, por sí misma, la creación de la SC significaría el fortalecimiento del sector cultural. En el trayecto discursivo se dan argumentos que evidencian el progresivo debilitamiento institucional, tanto presupuestario como estructural, y su proceso de alejamiento —que en algunos casos es franca ruptura— con un sector muy importante de las comunidades culturales. La mención a Tierra Adentro se da sólo como ejemplo en el contexto de la amputación que se hace a la SC de la Dirección General de Publicaciones (y no de la “centralización”, como lo interpreta en sus comentarios).

 

 

Sin embargo, la decisión de Santana de volver con su carta a esta controversia de 2019 nos sirve para subrayar algunos de nuestros argumentos. Por ejemplo, la cancelación de órganos dictaminadores integrados por especialistas externos a la institución y sustituidos estos por funcionarios, lejos de abonar a la rendición de cuentas, como nos quiere hacer creer en su carta, confirma nuestra tesis de que “tiende más a funcionar como un mecanismo de centralización y control que atenta contra la diversidad cultural y de pensamiento, concentrando las decisiones de publicación en una sola institución y bajo un solo criterio editorial”. Afirmar, como lo hace el director de Tierra Adentro, que lo correcto es dejar en manos de los funcionarios culturales la decisión de qué se publica y qué no con recursos públicos —pues, según él, así asumen la responsabilidad sobre los libros publicados— tiene que ver con una concepción autoritaria y centralista que prescinde de los ciudadanos, particularmente de la comunidad literaria. Adicionalmente, dejar estas decisiones en el reducido espacio de la oficina del director (tal y como se consigna en El Economista del 19 de junio de 2019, donde dejó claro “que los dictaminadores externos se terminaron y que ese trabajo lo harán él y su equipo editorial”) nos traslada directamente al territorio de la opacidad y la discrecionalidad. Por desgracia, abundan los ejemplos en la historia moderna de las ominosas consecuencias que tiene el control del Estado sobre la creación artística, razón por la cual abrir y mantener los espacios de deliberación y decisión colegiados e integrados por especialistas, es y será una demanda fundamental del sector.

 

 

Por otro lado, la desconsideración que hubo en este caso con los creadores, desconociendo el trabajo de dictaminación y los logros de los jóvenes escritores, fue una de las primeras acciones institucionales que provocó la indignación de las comunidades culturales. Así quedó plasmado en una carta que circuló en su momento con más de ochocientas firmas de integrantes de la comunidad, entre otras las de Rosa Beltrán, Anamari Gomís, Enrique González Parra, Mónica Lavín, Luis Felipe Lomelí, Fabio Morábito y Paola Tinoco, pidiendo respeto al trabajo de los escritores y dictaminadores involucrados. En este caso, las decisiones en Tierra Adentro no cuidaron ni las cuestiones de fondo ni las de forma: abolieron la dictaminación externa para dejar las decisiones de publicación exclusivamente en los funcionarios y lo hicieron, además, desconociendo los méritos de los escritores y las opiniones y observaciones de los especialistas. Son este tipo de acciones institucionales las que han abonado al distanciamiento con las comunidades culturales.

 

 

Finalmente, ante la pérdida acelerada de lo ganado por las comunidades culturales en la construcción institucional en las últimas décadas, el crecimiento de los proyectos e iniciativas surgidos de estas comunidades les está confirmando el papel protagónico que siempre les ha correspondido. Es ahí donde se han desarrollado y desarrollan los movimientos culturales, con o sin secretaría. Si bien es cierto que el uso de los recursos, la infraestructura y los programas institucionales, al ser públicos, son del interés de la sociedad y se relacionan y confrontan permanentemente con ella, la discusión debe darse en el terreno metainstitucional, en donde la sociedad civil y sus organizaciones participen en condiciones de igualdad, si es que queremos aspirar a que el debate tenga consecuencias prácticas y duraderas.

 

FOTO: Especial

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