Una (no)reseña de la (no)antología México 20. La nouevelle poésie mexicaine

Jun 18 • destacamos, principales, Reflexiones • 13935 Views • No hay comentarios en Una (no)reseña de la (no)antología México 20. La nouevelle poésie mexicaine

POR MARÍA RIVERA

 

Desde hace unas semanas recorre las redes una polémica surgida a raíz de la publicación de la antología México 20. La nouvelle poésie mexicaine preparada por la Secretaría de Cultura como parte de su política de promoción de la cultura mexicana en el extranjero. Según los comunicados oficiales, este año nuestro país es invitado de honor del Marché de la Poésie, en París. Como parte de las múltiples actividades organizadas para la ocasión, el gobierno mexicano, vía la Secretaría de Cultura, invitó a editoriales mexicanas para que participaran en el encuentro junto con casas editoras francesas. También designó a una delegación de poetas para llevar a cabo lecturas y conferencias en la Casa de América Latina y el Instituto Cultural de México en París. Debido a que la antología fue hecha ex profeso  para el mercado francés, la edición no es bilingüe ni se comercializa en México, lo que vuelve el tema complejo: ¿cómo se realiza la crítica de un libro pagado con recursos públicos, que no es accesible al público?

           

México 20. La nouvelle poésie mexicaine fue realizada, a solicitud de la Dirección General de Publicaciones, por los poetas Jorge Esquinca, Myriam Moscona y Tedi López Mills. La traducción es de Jean-Luc Lacarrière y Joani Hocquenghem, y el prefacio de Philippe Ollé-Laprune. La edición la hizo el sello francés Le Castor Astral. Como su título indica, el libro incluye veinte poetas mexicanos, todos ellos menores de cincuenta años, representantes de la “nueva poesía mexicana”. La idea proviene de la antología de narrativa México 20, publicada el año pasado y también promovida por la DGP, para promocionar narradores en el mercado editorial de habla inglesa. Hay, sin embargo, muchas diferencias entre ambas. Señalo sólo algunas: el criterio de edad (en la antología de narrativa el límite de edad es de treinta y nueve años, no de 49, lo que valida, hasta cierto punto, la idea de un título destinado a promover “nuevos valores”); el criterio de representación cultural (en la de narrativa aparecen autores que escriben en zapoteco y véneto, mientras que la que aquí se comenta sólo incluye a poetas que han hecho su obra en español); y el criterio de comecialización (el mercado de la narrativa nada tiene que ver con el de la poesía).

 

La antología se elaboró, pues, no con un objetivo comercial, sino como se concibe o concebía tradicionalmente a una antología, es decir, como un instrumento de la crítica literaria. Su confección implicó, necesariamente, un alto grado de responsabilidad, no sólo de antologadores y funcionarios, puesto que suponía la selección de obras destinadas a representar a la literatura nacional. Dos hechos hacen el asunto más complejo: fue el gobierno y no una iniciativa independiente el patrocinador del libro y, por otra parte, la selección implicaba la idea de proponer, a los ojos de los lectores francófonos, lo mejor de la poesía mexicana de todo un periodo.

 

La polémica estrictamente literaria en torno a una antología de este tipo se presenta ineludible, porque actualiza viejos debates sobre la poesía de nuestro país y, al mismo tiempo, plantea nuevas preguntas que atañen al contexto de las obras examinadas, un contexto que es cualitativa y cuantitativamente distinto al de hace a penas dos décadas. En estos años se formaron en ese espectro grupos bien definidos que sostienen posiciones estéticas confrontadas: la que privilegia el lirismo y pugna por la legibilidad; la que centra su interés en las derivaciones neobarrocas; la que apuesta por la politización del lenguaje; la que se plantea como un ejercicio transdisciplinario, etc.

 

Desbrozar ese panorama y jerarquizarlo se antoja arduo y, por lo menos, tardado, dado que existen muchos poetas “a considerar” a lo largo y ancho del país, cuyas obras tienen cada vez más canales de difusión debido a la presencia de los medios electrónicos. Súmesele a esto que, debido a  los estímulos a la producción por parte del Estado, hay una vasta nómina de autores que cuentan con algún reconocimiento estatal y/o nacional, lo que imposibilita su discriminación a priori.

 

Una antología con estas características plantea, necesariamente, preguntas elementales acerca de la naturaleza de lo nacional y la representatividad, al tiempo que exige criterios muy claros relativos a ellos. Por ejemplo, ¿la poesía mexicana incluye a la poesía escrita en lenguas indígenas?, ¿la poesía mexicana incluye a la poesía popular?, ¿el criterio de gusto debe primar sobre discernimientos de valoración literaria que el mismo Estado ha establecido para otorgar estímulos? Estas preguntas tendrían que atenderse para sostener un trabajo de estas implicaciones.

 

La (no) antología

 

Lo primero que sorprende o hasta desconcierta al examinar México 20… es el enorme descuido con la que fue hecha, empezando por la contraportada del libro, donde se consignan datos erróneos sobre el contenido. ¿No hubo nadie entre los editores de la Secretaría de Cultura que pudiera revisarla y señalar que la antología no se ocupa de autores nacidos a partir de 1970 sino de menores de cincuenta años, como lo consigna el prólogo?  Lo segundo que sorprende es que no sea bilingüe, puesto que, como ya se ha dicho, aunque el libro sirve a otro mercado está hecho con recursos públicos y debiera ser asequible, de alguna manera, para los contribuyentes que lo pagaron. La parte más grave, sin embargo, no está en estos descuidos. La antología abre con un texto que Phillipe Ollé-Laprune redactó para la ocasión, “Le temps de la tangente”. En siete páginas, el autor se propone introducir al lector francés en la poesía mexicana, a través de un somero recorrido histórico que termina en los poetas seleccionados en la muestra. Su texto deriva en una mezcla de lugares comunes de la visión eurocentrista de la literatura, salpicado con opiniones muy discutibles respecto al carácter de la poesía mexicana. Me interesa destacar, sin embargo, la completa omisión, en el recorrido histórico de Ollé-Laprune, de la poesía precolombina, que no sólo es protagonista de la poesía mexicana, sino que ha sido referente literario para muchos de los más importantes poetas del país: Tablada, Pellicer, Paz, Bonifaz Nuño, Efraín Huerta, entre muchos otros. Esta omisión, sumada a la decisión de los antologadores de no incluir un solo poeta entre los muchos que escriben en lenguas indígenas, llama poderosamente la atención en un libro que forma parte de la política cultural del Estado.

 

La antología se derrumba, estrepitosamente, en cuanto se conoce el “método” de selección empleado por Esquinca, López Mills y Moscona. Contra lo que muchos suponen (y no pueden más que “suponer”, porque como he dicho el libro no es asequible en México y está enteramente en francés), la obra en cuestión no es una antología, sino un compendio de poetas seleccionados arbitrariamente. No hay en ella ningún tipo de justificación crítica. Los antologadores, a diferencia de Ollé-Laprune quien al menos escribió siete cuartillas,  no se tomaron el trabajo de elaborar un ensayo introductorio que diera cuenta del universo que consideraron, de sus hallazgos, de las discusiones sostenidas en torno a las inclusiones y exclusiones, de los criterios que aplicaron, así como el tiempo que invirtieron en examinar las obras.

 

Redactaron, sencillamente, un prólogo de una cuartilla que no incluye nada de lo anterior y que, en cambio, está sembrado de generalidades y lugares comunes. Para muestra, un botón: “La ruta de la poesía mexicana se compone de caminos que se cruzan, que regresan sobre ellos mismos o que parten hacia senderos imprevistos”. Sobre los autores seleccionados tampoco aventuraron nada, salvo que “cada uno debe ser considerado en su particularidad”. ¿En qué consistirá la particularidad de cada uno? No sobra decir que tampoco se tomaron la molestia de redactar alguna nota crítica para introducir a cada autor. No hay, pues, ningún aparato crítico que explique, argumente y justifique la selección. Como se sabe, cualquier antología que aspire a ser medianamente seria requiere, inexcusablemente, de él.

 

Lo que en su brevedad sí consigna el prólogo es un asunto de procedimiento. Un procedimiento instrumentado por funcionarios de la Dirección General de Publicaciones que institucionaliza la discrecionalidad en el uso de recursos públicos, al tiempo que  eleva el dedazo a procedimiento literario. Escriben los autores: “Nos fue solicitado que eligiéramos veinte poetas de menos de 50 años para realizar una antología de poesía mexicana”. Es evidente, debido a que no hay un texto crítico que justifique la selección, que el trabajo de los antologadores consistió en sentarse a discutir una lista en la que se repartieron y negociaron autores. En el mismo prólogo, dicen los antologadores: “En primer lugar nosotros escogimos a los poetas y después cada uno de nosotros hizo su propia selección. Así el libro contiene 20 breves antologías.” Según los propios poetas antologados, sin embargo, Esquinca, Moscona y López Mills no realizaron la selección de las “breves antologías” sino que fueron los poetas mismos quienes, a petición expresa de la DGP, eligieron una muestra “no mayor de 20 cuartillas” de su propio trabajo. De modo que los “antologadores” ni siquiera eligieron los poemas que componen México 20. La nouvelle poésie mexicaine. La “antología” no es, en realidad, más que la reunión de veinte autoantologías: una simulación deshonesta.

 

La selección de autores no podía, bajo este procedimiento, ser seria. Se incluyen poetas con obras ya hechas que gozan de una amplia recepción crítica: Amara, De Aguinaga, Peña, entre otros, junto a otros con poca o ninguna relevancia, algunos legitimados por becas, premios y ediciones que los antologadores mismos les confirieron. Es evidente, también, que los autores utilizaron este trabajo para saldar rencillas, rivalidades o animadversiones. Todo con recursos públicos. (¿Cuánto les pagaron a los antologadores por hacer una lista y redactar una cuartilla?).

 

Basta con echar una ojeada a la antología para constatar  el engaño: 17 de los 20 poetas que forman “la nueva poesía mexicana” son o viven en exclusivamente dos ciudades del país: Guadalajara y la Ciudad de México, como los antologadores. Más de la mitad de los seleccionados, doce, tuvieron como tutores a López Mills y/o Esquinca en el programa Jóvenes Creadores de poesía del FONCA (más de una cuarta parte fueron, de hecho, becarios en la promoción 2008 cuando ambos fueron sus tutores).

 

La versión de la poesía nacional escrita por menores de cincuenta años que propone esta muestra excluye, como era de esperarse, a muchos de los autores de mayor mérito de dos generaciones, como Jeremías Marquines (Tabasco, 1968), Alfredo Quintero (Sinaloa, 1969), Mario Bojórquez (Sinaloa, 1968), Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) y Enzia Verduchi (Roma, 1967) por mencionar unos cuantos. También a poetas como Jorge Ortega (Baja California, 1972), o Balam Rodrigo (Chiapas 1974), quienes cuentan con una trayectoria mayor a la de varios de los poetas seleccionados. A autores como Kenya Cano (Cd de México, 1972), Sergio Briceño (Colima, 1970) o Daniel Téllez (Ciudad de México, 1972). Del mismo modo dejaron fuera a los mejores representantes de la poesía en lenguas indígenas, como Natalia Toledo (Oaxaca, 1967). A los poetas que hoy enarbolan la poesía interdisciplinaria, como Rocío Cerón (México, 1972); a los que con más fortuna abrevan de la poesía documental o aquellos que están haciendo la crítica política más radical desde la poesía, como Hugo García Manríquez (Chihuahua, 1978), Heriberto Yépez (Baja California, 1974), o Sara Uribe (Querétaro, 1978), por citar sólo algunos.

 

La polémica (no) literaria

 

Mucho habría que debatir aún sobre los criterios que se utilizaron en el libro, que igualmente se antojan arbitrarios, como el número y la edad de los seleccionados. Baste solamente señalar la ridícula situación por la cual un autor de 45 años, que lleva veinte publicando, puede ser considerado como “nuevo” por otro autor de 57 años, encargado de escogerlo. Asimismo, habría que preguntar quién y por qué seleccionó a Esquinca, López Mills y Moscona y bajo qué criterios, para hacer un trabajo en el cual el título, La nouvelle poésie mexicaine, muestra la clara intención de presentar un panorama abarcador de la poesía mexicana reciente.

 

Es lamentable que la Secretaría de Cultura no se haya ocupado en coordinar la creación de una verdadera antología, hecha con rigor, conformada a partir del análisis minucioso y riguroso del panorama poético nacional y haya, en cambio, simulado un ejercicio crítico. Se perdió de esta forma la oportunidad de presentar, fuera de nuestro territorio, la diversidad de propuestas, registros y búsquedas que caracteriza a las generaciones recientes y de entablar una discusión literaria en torno a su condición múltiple. Siendo, en principio, bien intencionado, el proyecto derivó en una muestra que falsea el rostro, multifacético y contradictorio, de la poesía mexicana. No cabe sino esperar que los funcionarios culturales sean más estrictos en un futuro a la hora de promover este tipo de iniciativas.

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Tedi López Mills, Jorge Esquinca, Myriam Moscona (antologadores)

Paula Abramo, Luis Vicente de Aguinaga, Luigi Amara, Luis Jorge Boone, Hernán Bravo

Varela, Claudina Domingo, Dolores Dorantes, Luis Felipe Fabre, Rodrigo Flores Sánchez,

Maricela Guerrero, Julián Herbert, Mónica Nepote, Ángel Ortuño, Óscar de Pablo, Christian

Peña, León Plascencia Ñol, Karen Plata, Xitlalitl Rodríguez Mendoza, Alejandro Tarrab, Karen

Villeda (poetas).

Jean-Luc Lacarriere, Joani Hocquenghem (traductores)

Philippe Ollé-Laprune (prólogo)

“México 20. La nouvelle poésie mexicaine”

Paría, Francia, Le Castor Astral-Secretaría de Cultura, 2016

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FOTO: Cartel de la edición 34 del Marché de la Poésie, que se celebra en París, Francia, y que este año tuvo a México como invitado de honor/ Especial.

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