La Unesco, sin guía ante el Covid

Abr 10 • destacamos, principales, Reflexiones • 2559 Views • No hay comentarios en La Unesco, sin guía ante el Covid

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La publicación más reciente de este organismo internacional, con la intención de acompañar las políticas culturales de los países miembros, evidenció su poca conexión con la realidad y su carácter burocrático

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POR GERARDO OCHOA SANDY
A finales del año pasado, la UNESCO cumplió 75 años y, como buena parte de los organismos internacionales nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, padece las enfermedades propias de la edad. Desde ese lejano 16 de noviembre de 1945, el mundo se ha reformulado varias veces y la honorable institución hace lo que le permiten los achaques, menos cada vez. En un descuido, la pandemia del Covid-19 podría contagiarla, si no guarda, a sabiendas de los riesgos, estricta cuarentena.

 

Sólo que no parece importarle. La institución, sin cubrebocas, careta ni sana distancia, se expone al virus del ridículo y, en algo parecido a un estertor, se aventura a publicar La cultura en crisis. Guía de políticas para un sector creativo resiliente (en francés, español e inglés, 54 pp). Tal vez piensa que su fuerza es moral y no de contagio, y que su manual fungirá como un “detente”. No es así.

 

En estos momentos aciagos era de esperarse que la UNESCO realizara un documentado diagnóstico de la situación global, tomase en cuenta las reflexiones de los más eminentes protagonistas, y ofreciera un planteamiento con la visión puesta en lo que sigue, que partiera de lo fundamental: la esfera cultural, tal como fue concebida, se zarandea sobre su eje de rotación, a un terremoto le sigue un cataclismo o un tsunami, edificaciones completas salen volando por los aires.

 

La asonada sacude a instituciones públicas, industrias de varia índole, infraestructuras, mercados internacionales, regionales y locales, acceso a bienes y servicios, fundaciones, colectivos, proyectos comunitarios y de autogestión. Los gobiernos otorgan inaplazable prioridad al combate de sus contingencias sanitarias, la cultura y las artes pasan a segundo orden, y en aquellas naciones donde todavía se les presta atención, las medidas son de corto alcance, asustadizas. En consecuencia, y ante la desgracia diaria, decrece el interés en la vida cotidiana y social.

 

El “ahora que pase la pandemia” se volvió el lugar común, a pesar de que la OMS, la pariente de la UNESCO también setentona pero que se esfuerza por encarar la ocasión histórica con más dignidad, indicó desde febrero de 2020 que la “contingencia” duraría de dos a tres años. El pronóstico pecó de optimista, comenzó a ser puesto en duda, un tera-millonario gurú de la tecnología anticipó de pasada que la que viene será diez veces más letal.

 

De tal modo, el regreso a la “nueva normalidad”, muletilla acuñada y pronto desechada por los altos mandatarios y que nunca se definió con exactitud, no llegó y nadie más se atreve a invocarla. Lo que ha sucedido y lo que suceda, en el ámbito que sea, desde la apertura de los espacios públicos hasta la vacunación a nivel planetario, se sintetiza en la fábula del burro, el palo y la zanahoria, para que no se alebresten más “las masas”. No hace falta alta teoría política.

 

En la esfera cultural, lo que se conserva, aunque no como existía y operaba, se intenta salvar con una caótica avalancha de actividades “no presenciales” sin perfil claro ni rumbo perceptible, de incierta calidad y dudosa resonancia, como parecen constatar los escasos indicadores con los que contamos. La valoración podría considerarse injusta, acaso es demasiado pronto para hacerla, estamos en la etapa de los trastabilleos, de la prueba y el error, la culpa es de los conservadores. Lo cierto es que en 2020 muy pocos apostaron a dar el salto con decisión y en 2021 acabará viniéndose abajo buena parte de lo que falta. Las reflexiones encaminadas a una auténtica reinvención se dejaron para después.

 

La UNESCO lo confirma. La laica patrona de la educación, la ciencia y la cultura se confiesa burócrata y emite un penoso memorándum. La guía es una aglomeración de remiendos que en su opinión alcanzarían a conservar en pie lo que todavía no se ha dado cuenta ya se vino abajo, y repite propuestas formuladas décadas atrás que cerraron su ciclo, se han vuelto anacrónicas o no pudieron instrumentarse por inviables.

 

Encorvada, le reza a una noción de Estado de Bienestar, fruto asimismo de la posguerra, que se cristalizó sólo en unos cuantos casos y que, desde antes de la pandemia incluso, comenzaron a replantearse sus fechas de caducidad. Para colmo, la información proviene en lo fundamental de los reportes de instituciones culturales públicas tomada al azar, ubicada fuera de contexto, o caduca.

 

El documento expone tres “guías prácticas” divididas en propuestas.

 

La primera, “apoyo directo a los artistas y profesionales de la cultura: prestaciones sociales; encargos y compras de obras; compensaciones de pérdidas de ingresos, y creación de competencias”.
La segunda, “apoyo a los distintos sectores de las industrias culturales y creativas: entrega rápida de las ayudas y subvenciones; flexibilización temporal de las obligaciones reglamentarias; compensación de pérdidas por interrupción de actividades; desgravaciones fiscales y reducción de cargas sociales; estimulación de la demanda; préstamos en condiciones preferentes, y fortalecimiento de las infraestructuras”.

 

La tercera, “fortalecimiento de la competitividad de las industrias culturales y creativas: dispositivos de participación para evaluar las necesidades y estudiar la viabilidad; adaptación de los modelos empresariales; promoción de los contenidos nacionales, e incentivos fiscales para inversiones extranjeras”.

 

Loables intenciones, aunque nulo sea el contacto con la realidad actual.

 

Había que darle sustento, de alguna manera, al despliegue de recomendaciones.

 

Para ello, la UNESCO incluye “Ejemplos de buenas prácticas” que ocurren a lo largo y ancho del globo terráqueo.

 

Y no podía faltar México.

 

Leemos, al respecto del “fortalecimiento de las infraestructuras”:

 

“A fin de atenuar los efectos negativos de la crisis sanitaria padecidos por el sector cultural en 2020, el Gobierno ha adelantado la convocatoria anual de presentación de candidaturas para las ayudas públicas dispensadas a entidades culturales en el marco del programa ‘Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados’ [PAICE], que se viene aplicando desde 2001. Este programa ofrece préstamos para la programación cultural y tiene por objetivo global preservar las infraestructuras culturales ya existentes, así como prestar ayuda financiera a proyectos relacionados con la cultura, lo que incluye la construcción de edificios dedicados a actividades artísticas y culturales en zonas desfavorecidas económicamente o insuficientemente provistas de infraestructuras adecuadas. Los recursos económicos asignados al programa facilitan la rehabilitación, construcción y equipamiento de espacios consagrados a actividades artísticas y culturales –casas de cultura, centros de formación y producción artística, bibliotecas, museos, archivos históricos, teatros, etc— y también garantizan la continuidad de las actividades programadas”.

 

No se precisa quien escribió el dislate.

 

La oficina de la UNESCO en México, que abrió en 1967, cuenta en la actualidad con 35 funcionarios. El “sector de comunicación e información” con ocho personas, y el “sector de cultura” con cuatro más. No pareciera que estén al tanto de lo que sucede. Lo único que se reporta es que la UNESCO, aunque no se precisa si fue la oficina de la Ciudad de México o la de París, realizó una consulta al sitio vinculacion.cultura.gob.mx/PAICE/ el cinco de octubre de 2020. Eso bastó para incluirnos como “ejemplo de buenas prácticas”.

 

Justo un mes antes de esa consulta, el ocho de septiembre, se había difundido el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación que establecía los recortes a distintas instituciones culturales, a costa de las cuales el Proyecto Chapultepec recibiría el 25% del total. El nueve de noviembre, la Asociación Mexicana de Titulares de Instituciones Estatales de Cultura envió una misiva, suscrita por 22 de sus integrantes, en la que expresaron su descontento. Posteriormente, en el contexto de la Reunión Nacional de Cultura, realizada el tres de diciembre, refrendaron su postura. No es necesario ahondar en el descontento del sector.

 

Mientras la UNESCO difunde una guía sin trascendencia, en México y en el mundo ocurre el ciclo vicioso de cierres y reaperturas y cierres de librerías, salas de cine, teatros, museos, galerías, centros culturales y bibliotecas que no acaban por perfilar una estrategia de reapertura a largo plazo. La consideración casi unánime de los gobiernos a nivel mundial ubica a las actividades culturales como no “esenciales” y por lo tanto sujetas a las cuarentenas. Los eventuales ajustes son forzadas concesiones por parte de las autoridades, bajo la presión de la comunidad. Las ridículas cifras de asistentes se derivan en alguna medida del desdén desde el poder. El exhorto de la autoridad es excluyente: volvamos a las plazas comerciales y reactivemos la economía. Ni una mención a la cultura y las artes como vía de retorno a la vida que nos fue arrebatada.

 

Es así que los titanes se tambalean. La feria Art Basel primero pospuso su feria de junio a septiembre de 2020, para finalmente cancelarla, y recientemente anunció que vuelve a posponerla. La Feria Art Colonge también se pospuso dos veces en 2020 y se ha pospuesto este año una vez más. En el Museo del Louvre las pérdidas ascendieron a los 90 millones de euros y en el Museo Versalles a los 70 millones, a lo largo del año. El Museo del Prado estimó la caída en 19 millones y el Reina Sofía en cuatro. La distribuidora Disney resintió un desplome del 97% de sus ingresos. El Cirque du Soleil arrastraba una deuda de 900 millones de dólares y acabó declarándose en quiebra. La Feria del Libro de Frankfurt no logró mantener su formato presencial y para 2021 aún se está a la espera de lo que se decida al final. Los teatros de la Broadway League, que antes de la pandemia generaban 32 millones de dólares a la semana, cerraron desde el 12 de marzo de 2020, cancelaron en tres ocasiones la reapertura de sus recintos, y permanecerán cerrados al menos hasta finales de mayo de 2021. Desde septiembre de 2020, el festival de ópera de Austria anunció que cancelaba la edición de 2021. Lo mismo ocurrió con la temporada de la Opera Met de Nueva York 2020-2021.

 

En México, las salas de cine perdieron el 96% de sus entradas en relación a 2019, un retroceso de 20 años, y la cadena Cinemex cerró 145 salas fuera de la capital y reestructura una deuda de 220 millones de dólares. La cancelación de las actividades presenciales de la FIL de Guadalajara, que tuvo un déficit de 24 millones de pesos, y del Festival Internacional Cervantino de Guanajuato, tuvieron repercusiones en las economías de ambas ciudades sin precedentes. La CANIEM reportó una contracción del 22% en la industria del libro y alertó que la recuperación, de alcanzarse un crecimiento del 2.6% anual, tomaría diez años. La Zona Maco canceló su edición presencial de 2021, la versión digital se reducirá un 30% y volvería a su formato original hasta febrero de 2022. Las galerías tuvieron un desplome cercano al 80% de sus ventas. Están al borde del cierre o en una situación límite recintos emblemáticos como el Museo Papalote, el Museo Interactivo de Economía, el Museo José Luis Cuevas, el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán-Fernando García Ponce, MACAY, entre varios más, al igual que teatros, librerías, editoriales y galerías independientes. La lista continúa.

 

¿Qué hace UNESCO? ¿Qué cosa útil hace la oficina de la UNESCO en México?

 

Está claro pues que, para la reinvención que necesitamos, no contamos con la UNESCO.

 

FOTO: En noviembre de 2020, el Museo Nacional de Antropología reabrió luego de ocho meses con suspensión de actividades, al poco tiempo volvió a cerrar. / Diego Simón/ EL UNIVERSAL

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