Variaciones sobre unos temas de Radiohead

Sep 18 • Ficciones • 990 Views • No hay comentarios en Variaciones sobre unos temas de Radiohead

 

POR JOSÉ FILADELFO 

I
Aterrada

por una voz

que, sin preguntas,

la persigue,

el alma

—si existiera—

se separa del cuerpo

y viaja ficcional

en la tullida atmósfera

del pensamiento que,

como los cántaros saciados,

se vacía

—un momento detenido—

hasta que el salón,

donde los instrumentos vuelan

sin materia,

despide su orquesta conmovida

por la tibia penumbra

del arbusto esquizofrénico,

mapa mental en solitario

que, sin custodios,

expulsa la tierna

ambigüedad
del extraviado

en un día desesperado,

torero de tres cabezas

y el toro se confunde,

furia que pierde sus alas,

niño que nace sin madre

pero que encuentra, raíz,

la exhausta idea

del precipicio infinito,

hablar en lenguas

como quien viaja

sin Dios

y ser su pordiosero,

hundirse en la nada

y a punto de cocción

quejarse, esa es la lira,

poetas asonantes,

ir en descenso para descubrir,

oh paradoja;

alturas ignorantes

que adoran

de los platos limpios

su blancura esnob que,

pulcra,

se marchita

en los dientes negros

de los comensales;

descender, pues,

no por soltar

al perro ciego
del instinto,

sino sorber

de lo invisible

prudente indiferencia,

ser don nada por las calles,

ir fantasma ignorado

por discreto

y luego aparecer,

gozoso y descifrado

en las floridas guitarras

de un entierro;

en el cenit paciente

diluirse

como polvo silencioso

en la obra que es astro

y hunde,

hipnotiza las horas,

nos contempla.

 

II

En las rodillas

de los presos

una gota de oro

empañada

por el lodo;

confundido

en la desolación

de un aliento

sin fortuna,

el vago, enamorado,

escupe hierbas

como entre nosotros

el concreto,

larga vida
—ternura liberada—

a la quieta bebida

de la noche,

cuando se espera,

con las manos

sudadas,

la llamada

de un ángel

que duda en amarnos

al ser fotosensible

a la víscera de arándano

que, enferma y declarada,

ata sus nupcias remotas,

y la pequeña virgen

en plumas,

amada y sonrojada,

opone tibia resistencia,

oh noche sin guarida,

fui por vino

dispuesto a abandonarme

y salió, con su cetro,

la mañana,

y en la mano solícita

que cubre

mi fantasmal soledad

para hidratarla

se abrió, de súbito,

el presidio,

y sin dormir contigo,

me fugué, a rastras,

en el insomnio;

en los ojos oscuros

de las aves rapaces
una estrella se consume,

y al provocar la gloria

de una eterna espera,

volví sonriente

y desnutrido,

con las semillas reventadas

y jugosas

pero durmientes,

árbol hueco,

tras la invariable reja

de su celda,

muerto no, pues,

pero sí, por casto,

demolido,

maroma brava

que en tu nombre

hiede a gracia

por los colores

cerebrales

que hoy son sombras,

y sin mentir,

entre oro y lodo,

ya nada me transmuta,

voy por el presente

aunque distante

como columna rota,

que en el primer destello

del sol eléctrico

vibra un momento,

y calma,

prisionera,

se detiene.

 

Fotografía: Thom Yorke, vocalista de Radiohead, durante una presentación de 2017 en el Festival Coachella / Crédito: Amy Harris/Invision/AP

« »