El cuerpo humano: reflejo de la obra divina

Ago 14 • Reflexiones • 504 Views • No hay comentarios en El cuerpo humano: reflejo de la obra divina

 

 En pleno Renacimiento, Vesalio fue el primero en corregir los tratados de Galeno, que habían servido para educar durante 13 siglos a las generaciones de médicos y quien, al parecer, nunca diseccionó un cadáver humano; en ese sentido, la labor anatomista de Vesalio fue toda una revolución para comprender el funcionamiento de nuestro cuerpo

 

POR RAÚL ROJAS
En 1543, un joven profesor de medicina de la Universidad de Padua, Andreas Vesalio, publicó una obra anatómica fundamental: De humani corporis fabrica (De la estructura del cuerpo humano). La fecha es notable porque también en ese año apareció el Revolutionibus de Copérnico, el libro que desplazó a la tierra del centro del universo. Es decir, el Renacimiento estaba en plena marcha y nuestro mundo conceptual estaba cambiando profundamente. Todo estaba siendo cuestionado: desde nuestro lugar en el universo hasta la concepción de la naturaleza humana. En ese nuevo siglo la observación y el experimento llevarían a poner en duda muchas de las nociones tradicionales heredadas de la antigüedad clásica y propagadas durante la larga Edad Media.

 

Y observar es lo que hizo Vesalio. Había estudiado medicina en Lovaina y en París, en donde los profesores leían en voz alta los libros de anatomía durante sus clases, cómodamente instalados en su cátedra, mientras que debajo de ellos un asistente seccionaba a un cadáver y otro señalaba las partes mencionadas por el lector. El profesor no se ensuciaba las manos. Por eso, a pesar de que habían transcurrido ya más de trece siglos desde que el médico griego Galeno recopilara sus estudios anatómicos en diversos tratados, nadie, hasta Vesalio, se había ocupado de corregir sistemáticamente los muchos errores que contenían. Aparentemente Galeno nunca seccionó cadáveres humanos y muchas de sus conclusiones fueron obtenidas por analogía con la anatomía de los simios y otros animales que sí examinó directamente. Había mucho que subsanar y eso lo logró Vesalio, proporcionándole al mundo una visión moderna y además artística de la anatomía humana, en colaboración con pintores renacentistas del taller de Tiziano. Mientras que en las décadas previas Leonardo y Miguel Ángel habían reproducido la anatomía visible del cuerpo humano con inigualable virtuosismo, Vesalio haría algo similar, pero para las entrañas del ser humano.

 

Vesalio nació en Bruselas. Su nombre real era Andreas van Wessels, apellido que latinizó. Viniendo de una familia de médicos y farmacólogos no es casual que se haya decantado por aprender medicina. Después de haber estudiado en París se trasladó a la Universidad de Padua, que en aquella época era uno de los centros más importantes para los estudios clínicos. Ahí, Vesalio obtuvo su título de dottore en 1537, y fue inmediatamente contratado para ofrecer las clases de anatomía, con apenas 22 años de edad. En los ocho años siguientes Vesalio se concentró en realizar todas las disecciones posibles y pudo revelar los muchos errores que los libros de Galeno contenían. El resultado de ese trabajo febril fue la obra que comentamos. Las ilustraciones que contiene, de belleza impresionante, se venden hasta el día de hoy en ediciones resumidas de De Humani. Para conmemorar los 500 años del nacimiento de Vesalio, en 2014 se publicó una edición crítica que resume las diferencias entre la edición de 1543 y la de 1555, así como los cambios que Vesalio planeaba para una tercera edición que ya nunca se realizó.

 

Se ha dicho sobre De Humani que ha sido siempre un libro muy admirado, pero poco leído. Las dificultades ya comienzan con el hecho de que el original fue escrito en latín y estaba dirigido a expertos, los que también podían leer latín. Las traducciones aparecieron mucho más tarde. Además, según los traductores de la edición crítica, el estilo de Vesalio no es muy bueno: “nunca se ha escrito tan mal un libro tan importante”. Pero las ilustraciones son magníficas y eso es lo que primero llamó la atención cuando el libro vio la luz del día. Jamás se había ilustrado tan bien un libro de medicina.

 

De Humani es una obra apoteótica desde la portada. Ahí vemos a Vesalio mismo seccionando a un cadáver tendido a lo largo de una mesa. Sus ayudantes sólo se encargan de afilar los instrumentos y es el profesor el que realiza los cortes. Una multitud rodea al cirujano, quien señala los órganos del cuerpo con la mano derecha. Un esqueleto domina la escena, ya que supuestamente Vesalio colocaba siempre uno a un lado de los cadáveres, para que los estudiantes pudieran imaginarse mejor dónde se aloja cada órgano. Un simio pareciera no tener nada que hacer en el grabado, pero juega quizás el papel de recordarnos que, al contrario de Galeno, Vesalio sí se atrevió a seccionar cuerpos humanos.

 

De Humani está dividido en siete libros, de acuerdo a módulos anatómicos del cuerpo humano. El primero, casi una cuarta parte de toda la obra, se ocupa de los huesos y cartílagos, así cómo de la articulación del esqueleto. A los huesos se les añaden los músculos, en el segundo libro. El tercero trata del corazón y el sistema de circulación de la sangre. El cuarto libro se ocupa del sistema nervioso, mientras que el séptimo describe al cerebro. Los libros cinco y seis describen los órganos interiores, desde el abdomen hasta el tórax.

 

Vesalio relata en De Humani sus experimentos y observaciones, corrigiendo a Galeno de pasada. Vesalio descubrió, por ejemplo, que el esternón humano está compuesto de tres partes y no de siete, como había extrapolado Galeno de sus exámenes de algunos monos. Además corrige la extendida creencia, en el vulgo, de que los hombres tenían una costilla menos que las mujeres. También corrige a Galeno en cuanto a los nervios, que no transportan ningún fluido, como creía el erudito griego, quien pensaba que el cuerpo humano está regido por un “espíritu natural” y motriz, que se manifestaría a través de los músculos, y un “espíritu vital”, que se distribuiría por los nervios. Lo más importante es que Vesalio ubicó a la mente y las emociones en el cerebro, y no en el corazón como aún se creía en la antigüedad grecorromana. Uno de sus descubrimientos más importantes fue que los ventrículos del corazón están realmente separados, sin una conexión a través de la pared ventricular, a pesar de que Galeno así lo había propuesto. Esto despejaría parte del camino, décadas después, para la explicación de la circulación de la sangre por William Harvey, quien también estudió medicina en Padua.

 

Aun así, De Humani no está libre de errores. Quizás uno de los que tienen más consecuencias, en términos de la fisiología, es que Vesalio creyó haber verificado la idea de Galeno de que la circulación sanguínea está basado en dos sistemas separados: un sistema basado en arterias partiendo del corazón, y un segundo sistema, el de las venas, centrado en el hígado. La interrelación entre arterias y venas sólo sería elucidada posteriormente por Harvey. Los diagramas de Vesalio también contienen sutiles errores y es un ejercicio para estudiantes de medicina competir para ver quién puede encontrar el mayor número de discrepancias con tratados anatómicos modernos.

 

Se puede afirmar que el trabajo de Vesalio en De Humani consistió en proporcionar el fundamento estático y constructivo para entender, posteriormente, la fisiología del cuerpo humano. De hecho, a William Harvey se le considera el fundador de la fisiología moderna, basada en experimentos. Su obra maestra Motu Cordis apareció en 1628, casi ocho décadas después de De Humani.

 

Desde el principio de sus investigaciones en Padua, Vesalio trabó relación con pintores y dibujantes en el taller de Tiziano, especialmente con Jan Stephan van Calcar, un artista de origen flamenco, como Vesalio. Con él, tras un año en Padua, preparó en 1538 el breve compendio con título Seis tablas anatómicas, en donde aún no se distanciaba de Galeno, pero ya comenzaba a utilizar su nuevo método pictográfico para desplegar la anatomía humana. Es posible que van Calcar y otros discípulos de Tiziano hayan preparado todas las ilustraciones de De Humani, pero Vesalio no lo especifica en su libro. Existe un retrato de Vesalio, pintado por Tiziano en claroscuro, lo que demuestra la relación que existía entre ambos.

 

¡Y que ilustraciones concibió Vesalio para su libro! Son famosas la serie de grabados mostrando diversas poses del esqueleto humano. Vesalio describe los huesos uno por uno, pasando por el cráneo, las vértebras, las costillas, etc., y lo culmina con tres esqueletos, uno de ellos leyendo desde una tribuna. El segundo libro contiene una serie de grabados de los músculos, completos o separados del esqueleto. Todos estos “hombres de músculos” tienen como fondo detalles de la campiña alrededor de Padua. En la actualidad se han creado instalaciones de cadáveres “plastinizados” que se exhiben en museos y que recuerdan mucho el método gráfico utilizado por Vesalio.

 

Lo que muestran todos los detalles presentados por Vesalio en los diversos diagramas (que son cientos) y su combinación en figuras completas del cuerpo humano, es que todo tiene una posición que obedece a una especie de “diseño” arquitectónico. El lenguaje que utiliza Vesalio tiende a sugerir que estamos desentrañando el diseño divino del cuerpo humano, que no puede obedecer a ninguna casualidad. La “obra” refleja la voluntad del gran arquitecto del mundo.

 

Los dibujos de las venas y arterias en el libro tres muestran el gran trabajo que debe haber costado reconstruir las estructuras tridimensionales en los pulmones y en el resto del cuerpo. Lo mismo sucede con los nervios en el libro cuatro, de manera que las ilustraciones de Vesalio las vamos entendiendo poco a poco como una descripción completa del cuerpo humano, capa por capa, comenzando con el esqueleto para recubrirlo con todas sus partes. Ya que las ilustraciones crearon furor cuando apareció De Humani, Vesalio pensó que iban a ser copiadas y plagiadas. Así que se le adelantó a los popularizadores. Vesalio mismo confeccionó un resumen de De Humani, centrado en la parte gráfica y con una descripción mínima de la anatomía, que estaba destinado a ser usado por estudiantes. El resumen fue un éxito y le garantizó un ingreso adicional a su autor.

 

Se dice que con el libro Vesalio “creó su propia leyenda” y logró acercarse a la corte de Carlos V, a quien dedicó el libro. Fue nombrado médico imperial, se mudó a España y se dedicó durante 11 años a viajar con la corte de aquel emperador y después de su hijo. No se sabe por qué emprendió una peregrinación a Tierra Santa en 1564, de la que no volvió con vida. Murió de regreso contando con sólo 49 años de edad y sin haber publicado ya nada de gran importancia después de su obra cumbre.

 

De Humani nunca fue un libro económicamente accesible para cualquiera, era un libro para la élite científica y social. Hasta la actualidad: la edición crítica de 2014 de la editorial Karger cuesta mil 650 dólares. Pero no hay que preocuparse: en nuestra época digital las ilustraciones de Vesalio se pueden encontrar en internet, junto con el texto completo de su obra maestra.

 

FOTO: El anatomista Andreas Vesalio (Bélgica, 1514- Grecia, 1564), quien además fue un gran ilustrador que se esmeró en reproducir los órganos que constituyen el interior del cuerpo humano/ Crédito: Especial

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