Estados Unidos visto por los cartonistas de El Universal

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Del 4 de septiembre al 30 de octubre, el Instituto Cultural Mexicano en Washington presentará la exposición 100 años de caricatura en El Universal. México-Estados Unidos vistos por cartonistas mexicanos, con obras de Andrés Audiffred, Antonio Arias Bernal, Rius, Boligán Helioflores, Naranjo, entre otros grandes que han retratado un siglo de vínculos, encuentros y desencuentros entre dos vecinos perpetuos

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POR AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

 

La exposición Cien años de caricatura de El Universal, que se inaugura el 4 de septiembre en el Instituto Cultural Mexicano, en Washington, es, sin duda alguna, la más importante muestra de caricatura mexicana que se ha realizado en el mundo.

 

Producto de un largo proceso de investigación y recuperación del humorismo gráfico nacional, se presentara una pléyade de artistas capaces de retratar la realidad, con calidad estética pero, también, con una permanente crítica política que genera un sinfín de lecturas.

 

La caricatura mexicana es tan joven como el país mismo, pues México nació a la modernidad casi al mismo tiempo que el mundo transitaba a una universalidad que hoy se le llama globalización.

 

Desde sus orígenes, la caricatura estuvo vinculada al periodismo. Cabe decir que no es lo mismo el dibujo satírico, que se hace casi para el goce personal, que la caricatura que se realiza para ser leída por todos quienes lean esa publicación. Es decir, la caricatura nació, prácticamente, como parte de la democratización del arte, a partir de que se liga a la litografía, al grabado y otras formas de estampación que proliferaron en el siglo XIX.

 

La caricatura es una representación de la realidad, como el arte, aunque a veces, muchos cartones no llegan a serlo. Eso ha generado discusiones bizarras acerca de si la caricatura es o no arte. Yo afirmo que sí, pero no todo cartón tiene ese requisito estético, ese metalenguaje, esa expresión que nos lleve al goce o a la frustración (en este caso, del cartón, más a ésta última)

 

Muchas lecturas tienen los cartones, como la crítica política, ser parte del periodismo, como fenómeno sicológico, como mirada estética o como lección histórica, entre otras lecturas más.

 

Tener vecinos siempre genera tensiones, sobre todo cuando solemos ser los buenos y ellos, tan sólo, los vecinos. Esta muestra revisa algunos puntos en torno a esta relación, a partir de la investigación del libro Cien años de caricatura de El Universal.

 

Un texto y una serie de imágenes, publicado en 1922 por Guillermo Castillo, un reportero-caricaturista poco conocido que firmaba como Júbilo o Cas, titulado Los hombres de la risa, rinde homenaje a los personajes de la historieta norteamericana: Mutt & Jeff, Los sobrinos del capitán, Ben Turpin o Charles Chaplin, entre otros, los que fueron retratados y evocados. Juan Terrazas, director del Museo de la Caricatura, realizó una reproducción de los dibujos de Cas para ser presentados en esta muestra.

 

La historieta norteamericana tuvo, tiene, un gran impacto en nuestros artistas, e invadió el mundo con su talento (sin duda, es la única invasión que aplaudimos).

 

El origen de los cómics se encuentra en este país, donde se crearon personajes emblemáticos como Mutt & Jeff, de Bud Fisher, que apareció en 1907 y es considerado como la primera tira cómica publicada con regularidad y que, además, se conoció en todo el mundo.

 

El Universal, desde sus orígenes, fue promotor tanto de la caricatura, como de la historieta, promoviendo sendos concursos que a la postre se convirtieron en el pilar del desarrollo del humor gráfico nacional, en ambas vertientes. Aunque la influencia de la caricatura provino de Francia e Inglaterra, la historieta, el cómic, fue exportado desde Estados Unidos.

 

Así se resolvió la segunda parte de esta muestra; al inicio, aparece la primera caricatura publicada en El Universal, el 22 de octubre de 1916.

 

J.M. Peña, de quien carecemos de datos, retrató a los candidatos a diputados constituyentes. Son parte del grupo afín a Venustiano Carranza, entre ellos está el director y fundador de El Universal, Félix F. Palavicini. La primera caricatura es excepcional, se publicó a ocho columnas y muestra a quienes, a la postre, fueron algunos de los constituyentes de 1917.

 

La caricatura de El Universal tuvo su origen, sin duda, 90 años atrás cuando, en 1826, aparece en una litografía llamada “Tiranía”, en la revista El Iris, una publicación dirigida por un trío de exiliados: los italianos Claudio Linati (que además introdujo la litografía y creó las primeras imágenes de los mexicanos) y Florencio Galli y el cubano José María Heredia, autor del primer poema de tema prehispánico: “En el Teocalli de Cholula”.

 

No existe un proceso de publicaciones regulares en las primeras tres décadas del México independiente; sin embargo, durante la Guerra con Estados Unidos nació El Calavera, en 1847, que criticó la misma guerra, denunció la corrupción y mantuvo una posición nacionalista y anti-estadounidense. La publicación fue censurada y desapareció sin que hasta hoy tengamos mayores noticias de los caricaturistas. Helia Bonilla, en El Calavera: la caricatura en tiempos de guerra, escribe: “el general (Santa-Anna) intervino directamente, amenazando a los redactores, diciéndoles que ‘en manera alguna quería imponer silencio a la prensa, de la cual estaba dispuesto a recibir consejos y censura; pero que no permitiría que se hiciera burla del gobierno ni que se le dijeran picardías’”.

 

En la segunda mitad, floreció la caricatura y en su entorno contribuyó a la conformación de la Nación. Esther Acevedo, la más importante historiadora de la caricatura del siglo XIX, en su texto La caricatura en México y cómo se fue haciendo mexicana describe este hecho: “Por el uso que los caricaturistas fueron haciendo: de los aspectos de nuestra geografía, de los de la historia, del manejo de los edificios emblemáticos como el Palacio Nacional y la Catedral, del empleo de los refranes populares que se usaban en la época y que tenían un valor comunitario en el entendimiento de la situación, de los ritmos populares que hasta ahora entonan los niños, de las historias de la religión y del pasado prehispánico”.

 

Durante estos años se gestó la época de oro de la caricatura mexicana. Desde mi punto de vista, se creó la mejor caricatura, estética y políticamente hablando. A pesar de la militancia liberal de muchos de ellos (Santiago Hernández, por ejemplo, fue combatiente contra la invasiones de Estados Unidos y de Francia y fue guerrillero contra el Imperio de Maximiliano), nunca cesaron en su crítica al poder, ni jamás fueron sus voceros, tampoco propagandistas y mucho menos defensores a ultranza; todo lo contrario, con gran dignidad se enfrentaron al presidente Benito Juárez, a pesar de ser juaristas.

 

Publicaciones como La Orquesta generaron la pluralidad y la crítica, gestaron elementos para entender nuestra identidad, tal como hacía Ignacio Manuel Altamirano con su periódico El Renacimiento.

 

La ruptura del trío de liberales, Juárez, Lerdo de Tejada y Díaz, también abrió el uso de nuevas publicaciones donde el humor sirvió para atacarse mutuamente.

 

Al triunfo de Díaz, y durante su larga dictadura, la caricatura estuvo bajo control y estimuló la industrialización del periodismo a través del diario El Imparcial o en publicaciones afines como El Mundo Ilustrado, en donde los caricaturistas, convertidos en ilustradores, mostraron su calidad, cesaron la crítica al poder, pero retrataron al mundo mexicano de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

 

Empero, algunos caricaturistas, como Jesús Martínez Carrión, dibujaba en El Mundo Ilustrado a la par que lanzaba dardos envenenados contra Porfirio Díaz y los científicos, contra el ejército y la Iglesia, que había vuelto al poder con la complicidad de Díaz. Vinculado al magonismo, su crítica le valió una “sutil” represión que lo llevó a la muerte. Otro gran personaje, hermanado con Martínez Carrión, fue Daniel Cabrera. Ambos dejaron un retrato del horror de esa época.

 

Durante este periodo surgieron y brillaron muchos talentosos caricaturistas. Uno de ellos, Carlos Alcalde (1872-1917), alumno de José María Villasana (que fue fundador de El Ahuizote) y colega de genios como Santiago Hernández, José Guadalupe Posada o Martínez Carrión, había sido colaborador de las revistas Cómico, El Mundo Ilustrado y de El Imparcial, donde fue jefe de dibujantes, mismo puesto que ocupará en El Universal, al nacer el diario. Es decir, aunque Alcalde no dibujó caricatura fue el primer constructor de las imágenes y el primer autor que publicó una ilustración, el 12 de octubre, al dibujar a Cristóbal Colón.

 

De esta fecha data una larga trayectoria del periódico decano nacional. Son muy pocos los grandes caricaturistas que no han pasado por las filas de este diario.

 

Cabe decir que la tradición de la caricatura, como la conocemos, no existía entonces. Los periódicos noticiosos del siglo XIX, incluso, no solían tener ilustraciones de ningún tipo.

 

Alcalde murió en 1917. En su lugar llegó Clemente Islas Allende, un artista con una larga tradición de caricaturista, destacando su presencia en Multicolor, una de las mejores revistas de humor que se han publicado en México.

 

El Universal jugó un papel importante, también, como promotor tanto de la caricatura como de la historieta, al convocar sendos concursos entre 1924 y 1927, respectivamente. Estos certámenes fueron el semillero de los caricaturistas de todo el siglo XX y, además, fueron el preámbulo de la época de oro de la historieta mexicana.

 

Por otro lado, se sustituyeron las historietas norteamericanas para “dar preferencia a las historietas de asunto nacional”, creando los estereotipos nacionales, como Mamerto y sus conocencias, historieta ganadora, realizada por Jesús Acosta y Hugo Tilghman, con personajes de sombrero verde, camisa blanca y moño rojo.

 

En 1929 nació el Partido Nacional Revolucionario, con el que Plutarco Elías Calles mantuvo el poder y creó el presidencialismo, un sistema que mantuvo un control a la prensa y en donde la caricatura política prácticamente desapareció. Comparativamente, de 1929 a 1968, apenas si hubo caricatura con crítica política y mucho menos dedicada al presidente de la república.

 

La que no desapareció fue la caricatura que criticaba al Tío Sam o al presidente norteamericano en turno; de ambos temas, vinculados entre sí, surgieron sendos módulos para la exposición que se presentará en las siguientes semanas en las instalaciones de la antigua embajada mexicana.

 

Prácticamente no existe ningún caricaturista mexicano, y me atrevo a decir que de todo el mundo, que no haya tocado estos temas, en mayor o menor número. Hoy en día, por ejemplo, Trump es el villano favorito.

 

La última parte de la muestra, recoge una muestra representativa de algunos de los más importantes autores que han publicado en las páginas de El Universal, desde Andrés Audiffred, hasta ElFer, pasando por otros grandes maestros como Arias Bernal, Rius, David Carrillo, Salazar Berber, Dzib, Palomo, Efrén, Omar o Ángel Boligan, o autores jóvenes como Galindo, Paco Baca o Waldo.

 

Uno de los problemas más serios que conlleva una exposición de caricatura es la falta de cartones originales; nunca hubo una preocupación de los autores por conservar su obra; me da la impresión que un muy alto porcentaje de obras se fueron a la basura. David Carrillo comenzó a recuperarlos para mantener así, una memoria y ese fue el origen del acervo del Museo de la Caricatura de la Ciudad de México, que facilitó la mayoría de las piezas que se mostrarán en Washington.

 

Este museo depende de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas y varios de sus presidentes han publicado en El Universal y están presentes en esta muestra: Carrillo, Kemchs, Ramón, Trizas, Apebas y Terrazas.

 

 

Dos grandes maestros

 

A partir del último cuarto del siglo XX, nuestro país empezó un proceso de transformación que rompió con el partido único, el control autoritario de la prensa o la censura para retratar al presidente en turno.

 

A la crisis económica, la ruptura del desarrollo estabilizador, las luchas populares de diversos sindicatos y el movimiento estudiantil de 1968, se sumó a la debacle del sistema político.

 

De nueva cuenta, la prensa tuvo también un respiro y un espacio de mayor libertad. En 1969, hace medio siglo, llegó a dirigir El Universal Juan Francisco Ealy Ortiz, quien invitó a colaborar a dos de los más importantes caricaturistas: Rogelio Naranjo y Helioflores, quienes jugaron un papel fundamental en el proceso de democratización del país.

 

Durante este medio siglo, Naranjo mantuvo una presencia impactante hasta el fin de sus días, mientras que Helioflores, considerado por su colega Rius como uno de los diez caricaturistas más importantes del mundo, sigue mostrando su calidad estética en el diario, a la par que retratando el acontecer nacional.

 

La presencia de ambos se ha constituido como una lectura imprescindible. Su obra contribuyó a romper el presidencialismo mexicano y su obra forma parte, sin duda, de lo mejor de la caricatura mexicana de todos los tiempos.

 

Mirar un recorrido centenario de caricatura, conforma una lectura diferente de mirar la historia, el periodismo y la vida mexicana misma.

 

Hace unos meses, una exposición semejante a ésta se presentó en el Instituto Quevedos de las Artes del Humor, en la Universidad de Alcalá de Henares, y luego estuvo en el Instituto de México en Madrid. Ahora llega al Instituto Cultural Mexicano de Washington, en uno de los centros de poder político en el mundo y las lecturas serán diferentes, sin duda alguna. Me atrevo a afirmar que nunca se ha realizado una exposición de caricatura mexicana en el mundo, tanto en calidad, como en cantidad.

 

Observar estas caricaturas semeja la vista de la antigua Casa de los Espejos, de Chapultepec, donde veíamos nuestros cuerpos deformados, absurdos, con pena o con gracia, como la tragicomedia que vivimos; exactamente de esa manera es como la caricatura refleja la realidad, a través del humor, la forma más seria de mirar nuestra historia.

 

 

FOTO:  “¡¡Aaaaranceles!!” ElFer Archivo EL UNIVERSAL

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