Charles Bukowski a cien años de su nacimiento: el poeta detrás del mito

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El 16 de agosto fue el centenario de Charles Bukowski, del representante del realismo sucio y que en su trabajo poético reflejó en un ejercicio minucioso la soledad de una generación

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POR DANIEL GIGENA 

Consideraba que era una suerte ser famoso en Europa y poco conocido, e incluso censurado, en Estados Unidos; tildado de ateo, machista, homofóbico, se declaró creyente de la bondad de las personas (a las que no obstante quería lejos de él) y en el poder de los gatos de alargar la vida; en su opinión el alcohol estaba entre las mejores creaciones de la humanidad, Charles Bukowski (1920-1994) fue durante décadas el prototipo del escritor underground, epítome del realismo sucio estadounidense. Su narrativa, que le trajo fama y dinero, eclipsó en parte la obra poética, que lo perfiló como un “antibeat” de la clase trabajadora. Detestaba a Allen Ginsberg, Neal Cassady y William Burroughs y admiraba a Ezra Pound. El domingo 16 de agosto se cumplen cien años de su nacimiento.

 

 

Espontaneidad y alcohol
Había nacido en Andernach, Alemania, un 16 de agosto, y llegó con sus padres a Los Ángeles, Estados Unidos, a los tres años. No tuvo una infancia feliz, y en su juventud se mudó a Nueva York para hacerse escritor. En 1946, estaba de vuelta en Los Ángeles, donde siguió haciendo trabajos menores mientras escribía y publicaba cuentos y poemas en diarios y revistas literarias. Durante casi diez años, pasó el tiempo bebiendo en bares: ese fue su periodo reconocido como los barfly years, que retrató en su volumen de cuentos Erecciones, exhibiciones e historias generales de locura ordinaria (1972) y fue llevado al cine por Barbet Schroeder en el film Barfly, con guion de Bukowski. A los cincuenta años, aceptó la propuesta del editor John Martin, de Black Sparrow Books, que le ofreció pagarle cien dólares mensuales de por vida si abandonaba su trabajo como cartero para convertirse en un escritor de tiempo completo. Una de las primeras obras que siguieron a esa oferta fue la novela Cartero, de 1971, donde aparecía por primera vez Henry Chinaski, el antihéroe alcohólico y misógino que muchos identificaron como un álter ego del autor. Nacía el mito Bukowski.

 

 

“Pese a lo autorreferencial y provocativo de su prosa, y pese a que se trate de un autor más conocido por sus novelas, Bukowski dedicó gran parte de su vida a la poesía, escribiendo y publicando más de veinte libros en el género desde 1959 hasta el día de su muerte —dice el poeta y traductor Juan Arabia—. Con sus relatos cortos y novelas hizo algo de dinero, pero su corazón siempre estuvo más cerca de la poesía, género con el que se sintió sin duda más identificado”. En Mujeres (1978), el escritor reconoció su deuda con John Fante, su mentor literario.

 

 

Aunque afirmó que la poesía estaba sobrevalorada, escribía versos todos los días. Sus poemas se publicaron por primera vez en periódicos de Los Ángeles como Open City y The Los Angeles Free Press y en revistas literarias. Flower, Fist and Bestial Wail, su primera colección de poesía, se publicó en 1959. “A diferencia de la atmósfera que aún prevalecía por la influencia de la Nueva Crítica, y la convergencia posterior de la Escuela de Nueva York (John Ashbery y Frank O’Hara, entre otros), es decir, de una poesía llena de giros, revisión y trabajo, tan contraria a su falsa y mentada espontaneidad, Bukowski planteaba que los poemas tenían que salir ‘de la misma forma que sale un vómito a la mañana luego de una borrachera'” —describe Arabia, editor de Buenos Aires Poetry—. Al igual que Walt Whitman, William Carlos Williams y la Generación Beat intentaron llevar la poesía a un lugar más orgánico, uno que coincidiera con el discurso y las tradiciones estadounidenses, Bukowski llevó el lenguaje más cerca del verdadero núcleo y centro del corazón de la sociedad norteamericana: no sólo hay un modo de vida americano sino un modo de muerte americano. Ningún otro escritor fue tan rudo, solitario y original como él”.

 

 

Acuérdate de tu corazón
“El centenario de Bukowski ofrece una buena oportunidad para releer y repensar su tremenda poesía, que se ha distinguido desde el principio por generar cualquier tipo de recepción menos la indiferencia —dice a La Nación de Argentina el poeta, ensayista, traductor y catedrático cubano Víctor Rodríguez Núñez—. En uno de sus poemas tempranos, recogido en The Roominghouse Madrigals (1988), narra cómo un domingo aburridísimo su mujer le pide el divorcio y su respuesta: ‘acuérdate de tu corazón’. Esa frase podría estar dirigida, también y sobre todo, a la poesía estadounidense de su tiempo, y aun la de nuestros días, severamente limitada por la represión de los sentimientos”. Para Rodríguez Núñez, la obra del poeta de Los Ángeles se vincula con la manera latinoamericana de entender la poesía. “Es menos whitmaniana y más vallejiana, y esto explica la fervorosa aceptación que ha tenido al sur del Río Bravo —señala—. Como toda poesía verdadera, la de Bukowski desafía la ideología dominante, en su caso la combinación del protestantismo fundamentalista y el liberalismo burgués, para quienes los casi 165 mil muertos por la pandemia no son razón suficiente para cerrar las iglesias ni los negocios. Su voz es la de un outsider y por tanto la de uno de los nuestros, para quien escribir es la única libertad”.

 

 

Para la poeta y ensayista Anahí Mallol, encontrarse con la escritura de Charles Bukowski es siempre un shock. “Bukowsi te enfrenta con la no complacencia absoluta: caen las ideas habituales acerca de la belleza o la virtud del poema —dice—. Y algo te interpela: la sospecha de que todo es una gran farsa, que no hay nada que esperar, que la poesía es poesía cuando va directo a lo que quiere decir, con un lenguaje coloquial, casi desprovisto de imágenes, y avanza como golpes, hacia el corazón de un dolor objetivo, de una desesperación generacional y existencial”. En cierto sentido, la poesía de Bukowski es una escuela de entrenamiento para asimilar el fracaso que, tarde o temprano, llega en la vida. “Mientras, te da unos consejos valiosísimos sobre escribir, y te confiesa, a medianoche, que hay un pájaro azul que canta, muy de vez en cuando, en el centro del corazón —concluye la autora de Como un iceberg—. Entre Emile Cioran y los jóvenes Rolling Stones, Bukowski está ahí, para decirte que si vas a hacerlo, lo hagas hasta el final. Aquí, ahora. Escribe. Aunque a nadie le importe”.

 

FOTO: Charles Bukowski. Circa 1970. / Huntington Library

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