Seis minutos de silencio

Ago 22 • destacamos, principales, Reflexiones • 3146 Views • No hay comentarios en Seis minutos de silencio

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La idea de duelo nacional por 30 días a causa de la epidemia de Covid-19, impulsada por el gobierno mexicano, da la espalda a las demandas de salud de la población y demuestra el grado de fantasía política del mandatario

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POR RAÚL ROJAS

La palabra demagogo proviene del griego y significaba originalmente “líder (agogos) del pueblo”. Desde ese punto de vista México puede congratularse de tener un verdadero líder del pueblo al frente, uno que no ha dejado de explotar los símbolos patrios y no patrios desde hace dos años. Uno que en medio de la epidemia asegura que el pueblo está “feliz, feliz”. Ya no sorprende nada. La difusión televisiva permanente de la ficción oficial adormece a la larga al cuerpo social. Aun así, regularmente se alcanzan nuevas cúspides de mendacidad, por ejemplo, al decretar un duelo nacional de 30 días y la obligación de los funcionarios públicos de guardar todos los días un minuto de silencio en honor a las víctimas del Covid-19. Nunca un gobierno que ha administrado de manera tan inepta una emergencia había llegado a esos niveles de fantasía política. Ese minuto cotidiano de silencio no lo tiene ni Trump.

 

 

La sociedad civil en México ha demostrado, a través de sus investigaciones, que el número de muertos por Covid-19 es mucho mayor que los que difunden las cifras oficiales de la Secretaría de Salud. El Taller de Datos de la revista Nexos demostró fehacientemente, desde hace meses, que en la Ciudad de México sólo uno de cada cuatro muertos por Covid-19 se ha registrado como tal en el acta de defunción. Cuando la prensa internacional recogió estas cifras de subconteo, el Dr. López Gatell planteó que se trataba, obviamente, de un complot. Pero he aquí que apenas hace unas semanas el Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (CENAPRECE) reveló que en 20 estados de la República había habido, hasta el 30 de junio, 72 mil muertes adicionales a las esperadas en un año normal. Extrapolando este dato a todo el país resulta que en el primer semestre del año tuvimos unos 104 mil decesos irregulares en México. ¿Y a qué se puede deber, si no al Covid-19 y sus daños colaterales? Extrapolando la tendencia de fallecimientos hasta fines de agosto, es muy posible que alcancemos del orden de 200 mil muertos por Covid-19 en todo México, casi cuatro veces más que las cifras actuales de la SSa. Estos datos se han publicado, están a la vista y nunca han sido refutados por la secretaría que prefiere simplemente ignorarlos. En vez de eso se comunica ahora el número de muertes por millón de habitantes (basados en un conteo incompleto) para aparentar así que la situación en México no es grave.

 

 

Por eso la primera pregunta que viene a la mente es esta: si el minuto de silencio diario es para las 55 mil víctimas del Covid reconocidas por la SSa, ¿no deberían ser cuatro minutos de silencio, si queremos incluir a todas las víctimas reales del virus en México?

 

 

En otros países no han guardado ni un solo minuto de silencio por las víctimas del Covid-19, porque desde el principio se concentraron, no en montar ceremonias huecas, sino en evitar fallecimientos. Así fue en Hong Kong, una ciudad de 7.5 millones de habitantes, con gran densidad urbana, en donde de inmediato la población en su conjunto se colocó el cubrebocas para no esparcir el virus. Mientras López Gatell le aseguraba a los mexicanos que la mascarilla no sirve, en Japón, en Corea del Sur y en Hong Kong lograron limitar el número de contagios a niveles muy bajos utilizándola, precisamente. Japón, con una población como la de México, contabiliza solamente mil 85 decesos por el virus. Corea del Sur, con 52 millones de habitantes, tenía hasta ayer sólo 305 muertos por Covid-19. Mientras tanto, en México el líder del pueblo se niega a poner el ejemplo con el cubrebocas, “hasta que se acabe la corrupción”. El Premio Nobel Mario Molina no se cansa de presentar datos y estudios que atestiguan la gran eficacia del cubrebocas, una medida elemental para limitar contagios. Pero parece que hubiera, como es costumbre, otros datos.

 

 

Los países que han tenido éxito conteniendo el virus han sido aquellos que reaccionaron a tiempo y de manera fulminante, entendiendo que una intervención así podría afectar a la economía, pero había que actuar de manera decisiva para poder vencer a la epidemia. A la larga, ese gran esfuerzo concentrado inicial rinde sus frutos, ya que es posible levantar las restricciones mucho más rápido que en otros países y el costo económico final es menor. Es el caso de Nueva Zelanda, que desde el 24 de marzo decretó la emergencia nacional y un cierre riguroso de las fronteras, los locales comerciales y la actividad económica, a pesar de que el número de contagios en ese país era todavía mínimo. Funcionó: en sólo cuatro semanas lograron desplomar la tasa de infección a un nivel bajísimo y manejable. Por esas mismas fechas, en México el líder del pueblo aconsejaba seguir saliendo a las fondas hasta que él avisara… que fue unas 12 horas después, cuando la Organización Mundial de la Salud estaba por declarar a México en fase dos de la epidemia. En la mañanera se le tuvo que adelantar a la OMS. Desde entonces, cada semana se anuncia que ya viene el pico, ya pasó lo peor, la epidemia está domada, ya se recuperaron 12 mil empleos (del más de un millón de empleos formales perdidos), no pasa nada, vamos a rifar el avión.

 

 

Lo que tienen en común los líderes del pueblo, recordando el vocablo griego, es que no conciben que la realidad no se pueda rendir a su voluntad. Si todo el país y todos los partidos ya se rindieron, ¿por qué no el virus? Es el caso de Brasil, donde el líder del pueblo califica al Covid-19 de ser una simple gripa que se cura con clorhidrato. Es el caso de Estados Unidos, donde Trump intentó reabrir la economía antes de haber logrado reducir el nivel de contagios a un nivel manejable. Es el ego y la voluntad del líder contra el universo. En México un simple virus no va a arruinar la gran transformación en curso, equiparable a la Independencia, la Reforma y la Revolución. Hay un tributo de sangre que se debe pagar, así es en todas las revoluciones.

 

 

¿Un minuto de silencio? Exijamos cuatro, para recordar también a aquel 75% de los fallecidos que no cuentan en la estadística oficial de la epidemia.

 

 

Más bien, exijamos cinco, cuatro para los muertos por el Covid, y uno adicional para recordar a todos los muertos por la violencia en México. Tan sólo en el primer semestre de 2020 fueron asesinadas casi 18 mil personas en México. Y mientras una epidemia parece algo accidental, algo que cayó del cielo, la violencia en México es hecha en casa y ha cobrado un número récord de vidas desde 2019. Si creyéramos la estadística oficial de la SSa, desde enero de 2019 para acá habrían muerto en México más personas por la violencia que los que han muerto en 2020 por Covid-19.

 

 

Y no nos olvidemos de exigir un minuto de silencio adicional por la Constitución Mexicana, que es violada todos los días en el Congreso de la Unión. Como ha explicado Ciro Murayama, la coalición “Juntos Haremos Historia” obtuvo el 43.6% de los votos en 2018 pero controla 61.6% de la Cámara de Diputados a través de trucos electorales, ya que inscribió a militantes de Morena como candidatos del PT o del PES para asegurar una sobreasignación de diputaciones plurinominales. El partido MORENA obtuvo el 37.5% de los votos, pero controla, por sí solo, el 51% de los diputados. Sin embargo, la Constitución dice: “En ningún caso, un partido político podrá contar con un número de diputados … que representen un porcentaje total de la Cámara que exceda en ocho puntos a su porcentaje de votación nacional emitida” (artículo 54, párrafo V).

 

 

¿Y quién ha protestado contra esta violación flagrante de la Constitución? No lo ha hecho aquel que pretende ser de aquí para adelante el “guardián de las elecciones”. Se reciclan las viejas artimañas del PRI y se inventan nuevas para asegurar una sobrerrepresentación anticonstitucional en el Congreso de la Unión, de aquí para adelante.

 

 

Sí, hay que tener minutos de silencio, pero repartidos de manera equitativa. Cuatro para recordar a todos y no sólo al 25% de los fallecidos por Covid-19. Uno adicional para recordar a los mexicanos que han caído baleados en las calles, en los caminos, en los pueblos y durante asaltos. Y uno más para no olvidar que con cada día que pasa se viola la Constitución al tolerar una sobrerrepresentación ilegal de un partido.

 

 

¡Exijamos seis minutos de silencio!

 

 

Y la bandera que se ha movido a media asta por treinta días: ahí que la dejen mientras se siga violando la Constitución.

 

FOTO: Toque de silencio del presidente López Obrador el pasado 9 de agosto en Palacio Nacional./ Presidencia/ Cuartoscuro

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