Colson Whitehead: “Tenemos a un supremacista blanco en la Casa Blanca”

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Con Los chicos de la Nickel, Colson Whitehead se consolidó como uno de los autores más importantes en la literatura estadounidense. Ganador de dos premios Pulitzer, ha hecho de la historia del racismo la materia para libros que conectan con la actualidad de Estados Unidos

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POR ROBERTO CAREAGA C. 

El Mercurio/GDA
Tiene 13 años, pero Elwood parece y habla como un estudiante universitario. A él también le cuesta creerlo, pero un día se suma a una protesta por los derechos civiles de los afroamericanos y todos lo toman como un igual. Incluso le dan una pancarta que dice “soy un hombre” y él la levanta orgulloso, sin miedo a la policía. Tampoco a los blancos. Corre el año 1963 y Elwood está ansioso por hacer cumplir todos los postulados de Martin Luther King y conseguir la igualdad en Estados Unidos. Es un chico estudioso que sigue fervorosamente el movimiento contra el racismo y manda cartas a los diarios apoyando la causa. Es un tímido adolescente de Florida ficticio, pero su creador, el escritor estadounidense Colson Whitehead (Nueva York, 1969), está seguro de que existieron muchos como él: “Si eras un chico negro en los 60, es muy probable que tuvieras las ideas de Elwood”, dice el novelista.

 

 

Al teléfono desde Nueva York, Whitehead casi no alcanza a terminar la frase sobre el personaje cuando lanza una aclaración: “Pero tener esas ideas no significa que pudieras cumplirlas. Para nada”. Y justamente sobre la imposibilidad que vivieron los jóvenes afroamericanos en los 60 es de lo que trata su última novela, Los chicos de la Nickel: el idealista Elwood un día cualquiera sube a un auto equivocado y el brazo institucionalizado del racismo lo condena, por un crimen en el que no tuvo nada que ver, a ingresar a un reformatorio que destruirá todos sus sueños de igualdad. Inspirado en un caso real, el libro muestra una realidad insoportablemente cercana: la sistemática violencia y abuso que viven los alumnos afroamericanos de la Academia Nickel. Tal como se comprobó en la realidad, las autoridades trataban a los jóvenes con la misma brutalidad que en los días de la esclavitud.

 

 

Los chicos de la Nickel es la historia de una tragedia, pero no un melodrama: los ecos de cambio de los 60 rodean al colegio y, sobre todo, sus personajes lidian de frente con el infierno. Por supuesto, les deja heridas imposibles de sanar, pero Whitehead evita los sentimentalismos, llena el relato de humor y giros inesperados, y hace de la historia de Elwood y sus amigos un cuento universal con ansias de conquistar a todos los lectores. De hecho, la novela terminó de consagrar al escritor. “Whitehead está en camino a ocupar un lugar histórico en la historia afroamericana en más de un sentido”, afirmó la revista Time el año pasado, cuando puso su foto en la portada con una lectura que decía: “Narrador americano”. Quizás exageraba, pero no tanto: en mayo pasado Los chicos de la Nickel ganó el Premio Pulitzer. No era el primero para el autor: su anterior novela también lo recibió.

 

 

“Aún me parece difícil de creer, pero trato de no pensar mucho en ello. Sólo sigo escribiendo”, dice Whitehead, que hoy está encumbrado en la cima de sistema literario estadounidense. Como lo hiciera Jonathan Franzen hace una década, que fue capaz de retratar el ánimo de Estados Unidos en el cambio de siglo con novelas como Las correcciones y Libertad, Whitehead ha hecho de la historia del racismo de su país la materia para libros que conectan con los fantasmas que revivió en la era de Donald Trump: en El ferrocarril subterráneo (2016) ficcionaba un sistema clandestino del siglo XIX de ayuda a los afroamericanos que escapaban de la esclavitud. Fue su primer Pulitzer y también un ticket a lo más parecido a la fama para un escritor: vendió más de un millón de copias, el presidente Barack Obama la elogió varias veces y hoy el director Barry Jenkins, que ganó un Oscar por Moonlight, está convirtiéndola en una serie de televisión.

 

 

Si en El ferrocarril subterráneo Whitehead se movía en un terreno fantástico y coqueteaba con los mitos al estilo de Toni Morrison, en Los chicos de la Nickel es totalmente realista, a veces parece estar dictando un guion para Hollywood. A la vez, se podría decir que escribió la continuación de una saga posible: de los esclavos que huyen en el siglo XIX, pasó a los activistas afroamericanos que terminan siendo encarcelados en los 60. Y aunque el centro de la trama está en el pasado, los ecos de esos días golpean el presente, persiguiendo a los exalumnos del reformatorio. Más allá de las páginas, de pronto la violencia contra los afroamericanos de Los chicos de la Nickel tiene una inesperada y urgente relación con las protestas antirracistas que ocurren hoy en Estados Unidos, tras el asesinato de George Floyd en mayo pasado a manos de la policía.

 

 

“Es posible que hoy la novela parezca más actual o que se refiera más explícitamente a la realidad americana que vivimos, pero si escribes sobre algún tema relacionado con el racismo, tarde o temprano se va a volver algo contingente e importante. Si escribes sobre el esclavismo o las Leyes de Jim Crow (que establecían la segregación), no tendrás que esperar demasiado para que algo de la realidad te recuerde en qué país vives”, dice Whitehead. “Tenemos a un supremacista blanco en la Casa Blanca como Presidente que obtuvo 60 millones de votos, de personas que son racistas o no les importa que exista un racismo activo”, añade.

 

 

La literatura política
Los zombis se mueven por Nueva York, pero ya quedan pocos: cada día son más fáciles de eliminar. Pero en un momento pusieron en jaque a la civilización. En realidad, la amenaza fue un virus que se contagiaba rapidísimo y que, como efecto terrible, convertía a las personas en zombis. Sí, una pandemia encendía la trama de Zone one (2011), la novela que Whitehead publicó antes de El ferrocarril subterráneo. En estos días, al escritor se la han recordado varias veces y él también ha pensado en ella. “Lo que nunca se me ocurrió pensar era cuánta cantidad de papel higiénico necesita la gente. Definitivamente incluiría el tema si escribiera otra novela posapocalíptica”, dice Whitehead bromeando. “Han sido días rarísimos, más aburridos de lo que podríamos imaginar un fin de mundo. Para mí no hay mucho más que hacer que escribir”, dice.

 

 

Graduado de Harvard, Whitehead nació, creció y aprendió a escribir en las calles de Manhattan: a los 20 años ya escribía para la revista de la ciudad The Village Voice. Su ficción iba por el lado de la fantasía y debutó con una novela ambientada en un futuro cercano en el que una ciudad muy parecida a Nueva York ha crecido desproporcionadamente, pero hacia arriba, en enormes rascacielos. Publicada en 1999, The Intuitionist anunció el futuro que venía para el escritor, la trama urbana incluía el tema del racismo y logró llamar la atención: John Updike reseñó la novela llenándola de halagos y advertía que Whitehead era “el escritor afroamericano que no había que perder de vista”.

 

 

Tan influenciado por García Márquez como por Toni Morrison, Whitehead inició su carrera en los bordes de la ciencia ficción, siempre poniendo un ojo a la historia del racismo. Ahora muchos creen que lleva la posta de la tradición de la literatura afroamericana. “Vengo de una tradición, pero creo que es más amplia. Ahí está Toni Morrison, pero también Thomas Pynchon y Allen Ginsberg”, dice. “Más que en cualquier historia de la literatura, escribo pensando en mis personajes. Elwood, en Los chicos de la Nickel, tenía como modelo a Martin Luther King, pero ese no soy yo. Su trabajo aún sigue siendo inspirador, la lucha por los derechos civiles es parte de nuestros derechos civiles hoy. Y aunque admiro muchísimo al doctor King, no despierto en las mañanas saludando a su estatua”, dice. El movimiento contra el racismo en los 60 es importante en Los chicos de la Nickel, pero es un contexto para una historia que conoció por primera vez leyendo el diario: en 2011 fue hallado un cementerio clandestino en el terreno del Colegio Dozier, un reformatorio de Florida. “Se fue descubriendo que en ese colegio, entre principios de siglo y no hasta hace muchos años, los chicos fueron castigados muy duramente. Torturados y asesinados, muchas veces”, cuenta Whitehead, que sacó de esa escuela la idea para el libro. “Esta es la primera vez que escribo sobre un hecho real. Era todo bastante cruel: los culpables nunca fueron castigados y los inocentes nunca obtuvieron algún tipo de venganza. Si había un lugar como este, cuántos otros lugares así podrían existir en otras partes, de los cuales no tenemos idea. O, lo que es lo mismo, si no habíamos visto esto, cuántas otras cosas no estamos viendo”, dice el escritor.

 

 

Pero para Whitehead Los chicos de la Nickel es una novela sobre la posible redención de sus personajes. Su resistencia. Incluso, sobre lo inevitable de su destino como afroamericanos. “La historia de América surgió en torno a la esclavitud. Y eso es lo que conecta a mis dos últimas novelas: hablan de individuos que son víctimas del racismo a lo largo de un siglo. De los esclavos que hacían todo por escapar y de unos adolescentes que son sometidos a una forma de esclavitud. Es lo mismo de siempre”, dice, y luego advierte que ya cerró un ciclo: en los meses de cuarentena terminó una novela llamada Harlem Shuffleen, en la que cambia el tono: “Es muy diferente, es un policial ambientado en Harlem y tiene mucho más bromas”.

 

 

Quizás Whitehead le está haciendo el quite a una pesada responsabilidad que pudieran haberle dado sus últimas novelas: ser una voz literaria contra el racismo en Estados Unidos. Pero él tiene pocas esperanzas políticas en los libros. “Sinceramente no sé cuánto puede cambiar la cultura de un país por una novela, soy muy escéptico en ese sentido. Yo trato de escribir mis libros guiándome por una idea artística y no me preocupo demasiado por la audiencia. Me preocupo por mis personajes y, ojalá, la gente llegue a interesarse. Y en realidad no sé qué más se le puede pedir a un escritor que a un profesor o a un carnicero en términos políticos”, dice Whitehead. Mientras, afuera de su casa se preparan las nuevas elecciones presidenciales. Él, como simple ciudadano afroamericano, espera que no sea reelegido Donald Trump: “Podrían mejorar un poco las cosas. Un poco”, dice.

 

FOTO: Colson Whitehead obtuvo el premio Pulitzer 2020 por su novela Los chicos de la Nickel./Chris Close

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