De lo privado a lo público

Nov 4 • destacamos, Lecturas, Miradas • 444 Views • No hay comentarios en De lo privado a lo público

 

Aun cuando transcurre por parajes tristes y dolorosos, Últimos días de mis padres, de Mónica Lavín, es un libro que celebra la vida y su continuidad

 

POR MARÍA EUGENIA DÍAZ DE LA CRUZ
Partimos en primer lugar de que se trata de una novela de 250 páginas en las que se narra los últimos días de vida de los padres de la autora. En un primer apartado, que tiene el mismo número de páginas que el segundo, en un afán de querer ser equitativa con ambos afectos, se cuenta en primera persona la historia del padre, y en la segunda parte, la de la madre. Sin embargo, a pesar de que se trata de los días previos al desenlace fatal por enfermedad, se van develando “pedacitos de historias de vida”, anécdotas breves llenas de color pero también de emociones de quienes son protagonistas, la autora, su padre, su madre, sus hermanos, y otros personajes reales, en esa interacción familiar que nos invita a ir conociéndoles en la intimidad de casas, viajes, celebraciones y demás.

 

Esto también pasa en la segunda parte dedicada a mamá. En esta crónica mixta de eventos van desfilando los recuerdos, hacia adelante, hacia atrás, con una maestría narrativa que nos hace mantener a sus lectores el hilo conductor de la historia sin perdernos en los saltos del tiempo. Hay a lo largo de todo el libro, numerosas y detalladas descripciones que hacen que la película gráfica de las palabras vaya asentándose mejor en la imaginación. Por poner solo un ejemplo, déjenme leerles un fragmento de la página 161.

 

Como buena guionista, Mónica nos presenta una escena inicial, luego nos cuenta todo el apartado acerca de su padre, una escena en medio que hace las veces de pausa como cierre de la anterior y como preludio de lo que viene y nos da además un pequeño respiro emocional por todo lo leído anteriormente. Después de la historia de los últimos días de su madre, el libro termina con otro apartado que puede verse como una “escena final” que nos presenta un mensaje esperanzador. No digo más porque luego mis amigos, a los que no les gustan los spoilers, se enojan conmigo.

 

La autora nos convida a un pedacito de su yo más íntimo, el de la familia. Con palabras justas que dicen lo pertinente, ni información de más ni de menos, sólo lo justo que debemos saber para hilvanar la historia en la mente, nos comparte secretos, confesiones. Así nos permite irnos metiendo en esos huequitos que quedan en las costuras de los recuerdos, quizá un poco para mitigar remordimientos, los propios de sus lectores, o los de ella, un poco para evadir nuestro propio miedo a la muerte.

 

Y es en este punto que lo privado se hace público y que lo íntimo universal. Porque los padres de Mónica —de quienes no sabemos su nombre sino hasta el final y de manera velada— son los nuestros vivos o muertos, en mi caso particular son los que se fueron y los que tuve la fortuna de acompañar en sus últimos días de hospital padeciendo experiencias parecidas a las que Mónica vivió.

 

Esta es una lectura personal pero también lo es colectiva. Porque aunque no es la intención del libro, también enuncia y a la vez denuncia la poca sensibilidad de los médicos para nuestros enfermos terminales y hace un llamado a respetar la dignidad de las personas ancianas y más si están enfermas (pág. 205).

 

También es un poco nuestra la historia porque hay en ella un pedacito de Chiapas en sus páginas. La memoria de un viaje familiar a estas tierras, la continua alusión a la finca cafetalera del abuelo y a su historia en ella. Sentimos en sus palabras, a una Mónica cercana a nuestro estado y nuestra cultura.

 

Llama mi atención sobremanera el tono positivo a lo largo de la lectura; a pesar de ser una obra que habla de la muerte, en ningún momento se siente lúgubre, vaya, no es un libro triste aunque se perciba la tristeza, se ve el dolor se su autora al escribirlo pero no hay amargura sino resiliencia. Últimos días de mis padres es más bien un libro festivo que celebra la vida y que habla de la continuidad de ella. Puede verse en fragmentos como el hecho en el que a la vez que la madre está hospitalizada, la hija prepara la boda, no en un afán insensible sino porque la vida es una continuidad de hechos y luego de recuerdos. Un mensaje de que en la pérdida hay ganancia.

 

Por todo esto que he dicho y por todo lo que vamos a descubrir de nuestras propias historias, Últimos días de mis padres es un libro que todas las personas presentes debemos leer. Gracias, Mónica, por invitarnos a hacer nuestras tus palabras.

 

 

 

FOTO: Mónica Lavín, retratada en Coyoacán, en junio de 2022. Crédito: Archivo EL UNIVERSAL

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