Edward Weston en México

May 28 • destacamos, principales, Reflexiones • 8433 Views • No hay comentarios en Edward Weston en México

POR ARTURO ÁVILA CANO Y JOSÉ ANTONIO RODRIGUEZ

 

Fue un hecho notable para la cultura visual en México: atraído por su “espíritu libérrimo, que no tolera el prohibicionismo, por su admirable clima y por sus nubes imponderables”, el mes de agosto del año 1923 llegó a México el célebre fotógrafo norteamericano Edward Weston. El llamado “mago de la lente”, miembro del ilustre Salón Londinense de Fotografía, venía precedido por una fama internacional. EL UNIVERSAL, “el Gran Diario de México” no dudó en calificarlo como el más grande fotógrafo de los Estados Unidos.

 

De acuerdo con la investigadora Amy Conger, su biógrafa más acuciosa, antes de su arribo a la ciudad de los palacios, Weston había participado ya en más de 50 exposiciones nacionales e internacionales y además había publicado cerca de diez artículos en revistas importantes.

 

Un tanto aburrido de la “típica muchedumbre de burgueses norteamericanos”, de una comunidad mojigata, según Conger, Weston decide venir a México para escaparse de un sitio que le oprimía y de un “pueblo paleto y barato” como él mismo calificaba a la ciudad de Los Ángeles. Margaret Hooks, reconocida como una de las mejores biógrafas de Tina Modotti, afirma que en California Weston  encontraba leyes cada vez más restrictivas; y a todo ello, se sumaba la ominosa presencia y el crecimiento del racismo por medio del Ku Klux Klan, por ello, el artista no dudó cuando “Assuntina” Modotti le propuso venir a México.

 

Edward Weston y Tina llegaron a México por el puerto de Mazatlán, a bordo del SS Colima, donde tomaron un tren hacia Guadalajara, ciudad en la que permanecieron por muy breve tiempo, para finalmente partir a la Ciudad de México, a la que arribaron por la noche.

 

Antes de que Weston arribara a la ciudad de México, el afamado cronista Rafael Vera de Córdova daba cuenta de su admiración por las fotografías de este artista. En el texto “Las Fotografías como Verdadero Arte”, publicado el 23 de marzo de 1922 en las páginas de El Universal Ilustrado, Vera de Córdova narra un encuentro que tuvo con su amigo Gómez Robelo, quien “trémulo de emoción y con los ojos centelleantes me dijo: Venga usted y verá algo encantador. Con una religiosidad casi mística y pagana… abrió lentamente la tapa y surgieron ante mis ojos… el soplo vivificante y claroscurado de las más estupendas fotografías”.

 

Meses más tarde, en su edición del 18 de octubre de 1923, en la primera plana de la segunda sección el diario EL UNIVERSAL informó con peculiar entusiasmo sobre la llegada de Edward Weston, “fotógrafo de fama mundial”. El redactor de la nota informativa destacó la apertura de una exposición que este “admirable artista” inauguraría en “el corazón de la ciudad de los palacios”, en  Aztec Land, tienda de antigüedades y souvenirs para turistas.

 

El anónimo redactor aseguraba que debido al particular designio de Weston, el público de la capital logró admirar un conjunto de fotografías “ejecutadas con tanta originalidad, fuerza y belleza, reunidas en un temperamento sajón y excepcional”. “No vengo a México por los dólares”, declaró el artista, y acto seguido acompañó al reportero por la muestra.

 

Ante las fotografías de Weston, el sorprendido reportero del Gran Diario de México escribió: “Tiene Weston una delicada fantasía para ver la luz y sabias atingencias para escoger los puntos de vista. Sus retratos tienen un carácter asombroso y fuerza insuperable de expresión. Dijérase que los modelos de sus desnudos escogieron para completar la obra del fotógrafo de California, escorzos atormentados”.

 

La geometría de los desnudos, la originalidad de los paisajes y la fuerza de los distintos retratos que formaron parte de aquella primera exposición sorprendieron a una comunidad cultural acostumbrada al discurso del pictorialismo y las escenas costumbristas. A la improvisada galería de Aztec Land acudieron personalidades de la bohemia y del mundo cultural de México como Adolfo Best Maugard, Guadalupe Marín, Diego Rivera y el enigmático Gerardo Murillo, “Doctor Atl”, acompañado de la hermosa Carmen Mondragón, mejor conocida como “Nahui Olin”.

 

Esa primera exposición representó un éxito rotundo tanto para Weston como para la misma Modotti, quien se había hecho cargo de todas las gestiones para que “el mago de la lente” expusiera sus obras ante el público capitalino, así lo reconoce la estudiosa Amy Conger quien afirma que Tina hizo todos los arreglos para organizar la muestra en la Aztec Land. Con apenas diez semanas en México, Modotti insertó la obra de Mister Weston en los círculos intelectuales de la capital. Aunque ya lo había hecho con anterioridad durante su primer viaje al país, en 1922.

 

Durante su primer año de estancia en México, Weston luchó constantemente contra el exotismo que se impregnaba por ciertos rincones de la ciudad; procuraba que el folclor de este país no impregnara su fotografía con un pictorialismo que el mismo consideraba transnochado y del que además venía huyendo. Su búsqueda fotográfica se centraba en la exploración franca de las formas, ese era su imperio, el imperio de los objetos, de los planos cerrados; la quintaesencia de la imagen fotográfica, “sin subterfurgios ni evasivas”.

 

Para el año 1924, Weston logró memorables naturalezas muertas con objetos de la vida cotidiana,  como juguetes y ollas de barro, así como notables retratos para los que Tina Modotti y Carmen Mondragón posaron diligentemente. En octubre de ese mismo año, la Aztec Land recibió de nueva cuenta los trabajos de Weston. La muestra obtuvo un éxito rotundo y generó muchas controversias. De acuerdo con Oliver Debroise, en su diario Weston subrayó la siguiente nota que da cuenta de la reacción del afamado fotógrafo Gustavo F. Silva, quien enloqueció y arruinó la copia de un torso desnudo, afirmando que esa imagen había sido hecha expresamente para él. “¡Esta impresión es mía!, ¡Debo tenerla!”.

 

A pesar de que su trabajo fue bien recibido tanto por la colonia americana que vivía en la capital del país, así como por sectores de la comunidad cultural de México, Edward Weston se vio obligado a realizar trabajos de encargo; el pago del alquiler de las casas que habitó con Tina tanto en Tacubaya como en la colonia Condesa, fue un factor que le llevó a elaborar retratos de señoritas de la “alta sociedad capitalina”, damas que deseaban tener un retrato elaborado por el maestro norteamericano.

 

En las páginas de El Universal Ilustrado es posible encontrar algunos retratos inéditos elaborados por el señor Weston. Estos trabajos, publicados en el suplemento cultural del Gran Diario de México son desconocidos en su mayoría por el gran público y no forman parte de los libros en los que se ha reunido la obra de este artista. Estos retratos cuentan con la información básica que permite la identificación de las personas que posaron para la cámara del fotógrafo, tal es el caso de Ana María Quintanilla de González de León, cuya imagen fue publicada en la edición del 17 de julio de 1926. El texto que acompaña al retrato elaborado por Weston destaca el carácter “aristocrático” de esta mujer que descendía del señor Luis Quintanilla y Fortuño y de doña Ana María del Valle y Lerdo de Tejada. Este es un retrato que no se ha vuelto a publicar en ningún libro que aborde la vida y la obra de Weston. Vamos, ni siquera en el prestigioso libro Edward Weston in Mexico 1923-1926, publicado por la propia Amy Conger.

 

Asimismo, en la edición del 24 de marzo de 1927 de El Universal Ilustrado apreciamos el retrato de cuerpo entero de la señorita María del Carmen Fernández Bustamante, quien posó sentada en un baúl para la “cámara aristocrática de Weston”. Luciendo un corte moderno y una especie de bufanda atada a su cuello, la señorita Bustamante aparece con una mirada en lontananza (característica en el trabajo del fotógrafo); su rostro se dirige hacia el lado derecho de la imagen, mientras que sostiene su brazo izquierdo a la altura de la cintura. En la bien equilibrada composición predominan las figuras rectangulares que son contrastadas por la postura del cuerpo de la modelo. Este retrato de la señorita Fernández Bustamante forma parte de los trabajos de Weston que igualmente no se han vuelto a publicar.

 

Otros notables y originales retratos fueron publicados en posteriores ediciones de El Universal Ilustrado, entre ellos destaca el rostro de la señorita Ruth Stallsmith de Quintanilla, en cuya composición destacan las formas ovaladas de su cabello, de su cara y del cuello de su vestido. El redactor del texto, Luis de Lerma afirmaba que la señorita Stallsmith era dueña de “un extraordinario sentido artístico, de una fina comprensión estética y de una encantadora sutileza mental.” Una inicial comprensión pionera a la obra de Weston.

 

Con motivo de la exposición de sus fotografías en Aztec Land, que tuvo lugar del 17 al 30 de octubre de 1923, El Universal Ilustrado dedicó varias páginas al trabajo del fotógrafo. Bajo el titular “La Suprema Expresión Fotográfica de la Mujer”, el suplemento reunió en una sola plana varios de los más destacados retratos westonianos, entre los que destacan la figura de Tina Modotti, de Guadalupe Marín y de la señorita Ruth Stallsmith de Quintanilla. “Las cabezas de estudio que reproducimos devotamente en esta página darán una idea de la fuerza y del interés de esta exhibición que ha de conseguir un nuevo lauro para el artista itinerante.”

 

La estancia de Edward Weston en nuestro país fue breve, pero muy significativa. Indudablemente tanto su trabajo como el de su “alumna” Tina Modotti representan una ruptura y el comienzo de un nueva gramática en la fotografía mexicana: el discurso de la modernidad.

 

En su edición del 10 de julio de 1924, El Universal Ilustrado lamentaba la partida del señor Weston con un titular en el que subrayaba que “el mago del lente” nos abandonaba. El comentario del Caballero Puck manifestaba que “Weston no era el fotógrafo vulgar que se repite hasta el bostezo y que se contenta con sentar frente al objetivo a cualquier tipo grosero, torpe o corriente. Weston es ante todo un psicólogo profundo, un atento observador de espíritus. Para que sus placas tomen un gesto, un perfil, un grito, es necesario el trato continuo, la charla sin exageraciones, el análisis, en fin.”

 

Para dar énfasis a los pronunciamientos del Caballero Puck, el texto fue ilustrado con dos retratos elaborados por el llamado “mago de la lente”. En uno de ellos observamos a “La Señorita X”, cuyo elegante y sobrio atuendo nos recuerda al de las damas sevillanas. La misteriosa señorita está vestida con una mantilla, vestido largo con pliegues delicados y además presume un hermoso abanico que sostiene con ambas manos. “La Señorita X”, de quien ignoramos todo, permanece sentada, bajo un cuadro rectangular y además está enmarcada por dos candeleros de pared. Para contrastar con las formas rectangulares que predominaban en la composición, Weston utilizó un esquema triangular para “La Señorita X”.

 

Un perfil de la enigmática Tina Modotti es otro de los trabajos de Weston que utilizaron los editores de El Universal Ilustrado para acompañar las palabras de Puck. En este retrato Modotti luce una mirada contemplativa, en lontananza. Weston enmarcó a Tina con un fondo negro para que únicamente resaltara el bello rostro de su modelo; en la composición final resaltan formas triangulares y ovaladas.

 

Las actividades que Weston desarrolló en la ciudad de México fueron objeto de una amplia cobertura por parte del gran diario de México. En el acervo de esta centenaria publicación es posible encontrar imágenes desconocidas de este creador, que junto con Tina Modotti, revolucionó el quehacer fotográfico en nuestro país. “Conocer una vida no es bastante, ni conocer todas las vidas es necesario”, cantó el poeta, pero para comprender la irrupción de la modernidad en nuestra fotografía se hace indispensable un eterno retorno a las aportaciones visuales y discursivas que Edward Weston desarrolló durante su periodo mexicano. Un hecho que nunca pasará desapercibido.

 

*FOTO:  El 24 de marzo de 1927 El Universal Ilustrado publicó el retrato de María del Carmen Fernández Bustamante, “a través del lente westoniano”. Esta imagen y las que aparecen en  portada no han sido catalogadas por especialistas en la obra del artista.

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