La caricatura también cuenta una historia

Sep 25 • destacamos, principales, Reflexiones • 11286 Views • No hay comentarios en La caricatura también cuenta una historia

 

La exposición Cien años de caricatura en El Universal que se exhibirá en el Museo de Historia Mexicana de Monterrey hasta enero de 2022, reúne las obras humorísticas que han retratado a lo largo de un siglo la vida social y política no sólo de México sino de todo el mundo

 

POR AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ
La Ciudad de Monterrey se fundó hace 425 años, el 20 de septiembre de 1596. Al lado del sitio elegido para su creación, se encuentra un edificio que alberga el Museo de Historia Mexicana, uno de los complejos culturales más hermosos del país. A un costado, está el Museo del Noroeste y enfrente, se encuentra el Museo de Palacio, con lo que se le ha denominado Tres Museos. En una feliz coincidencia, hemos inaugurado una magna exposición: Cien años de caricatura en El Universal.

 

La vocación del Museo de Historia Mexicana, fundado hace 27 años, ha sido ilustrar la vida mexicana sin dogmas, sin exclusiones y con una pluralidad y diversidad como pocos recintos en el mundo.

 

Acorde a las visiones contemporáneas de la historia, no ha mirado ésta como algo estático o como una expresión política donde los personajes y los héroes son los protagonistas, sino con una conceptualización amplia y diversa en su exposición permanente, que va desde la inclusión de elementos de la vida cotidiana, hasta una hermosa locomotora que se mira, no como una mueble en el cementerio, sino como una forma viva.

 

No ha quedado sólo en eso: decenas de exposiciones temporales han mostrado inusitadas formas de leer nuestra historia. Este museo ha sido un espejo de lo que somos los mexicanos y, en ese sentido, ha dado cabida a un sinfín de expresiones que han hecho la delicia de los regios, quienes a diario la visitan y se miran en un espejo, pues es ya parte de la vida de esa gran ciudad.
En su libro publicado con motivo del 20 aniversario, se lee: “a través del patrimonio material entramos en contacto directo con las personas de todas las épocas y culturas, experimentamos la extraordinaria diversidad del mundo natural, y ampliamos nuestra comprensión de lo que significa la existencia humana”.

 

Así, este recinto ha exhibido muestras tan disímbolas como las Momias de Guanajuato, la Lucha libre, Pedro Infante, Cartografía de México, la década de los años 60, La tejedora de vida, etcétera.

 

Y ahora, se puede ver el trabajo de los grandes maestros de la caricatura mexicana que han participado en El Universal, en donde, prácticamente, han pasado más del 90 por ciento de los humoristas gráficos de este país. Esta muestra surgió a partir de los festejos por el centenario de El Gran diario de México y que tuvo como resultado la publicación de sendos tomos, de fotografía y de caricatura.

 

No es la primera vez que se realiza una exposición de humor gráfico. En este recinto, y en el MUNE, se han presentado muestras dedicadas a dos grandes humoristas de Nuevo León, Abel Quezada y David Carillo, así como a la historieta mexicana y a José Guadalupe Posada.

 

Esta ha sido una exposición que ha tenido un exitoso camino al presentarse en la Universidad de Alcalá de Henares y en el Instituto de Cultura de México, en Madrid, España, en 2018 y en el Instituto Cultural de México, en Washington, en 2019. En esas ciudades, fue acogida con gusto y con características particulares para dar una lectura y la elaboración de una curaduría acorde con la cultura de esos recintos y esas ciudades.

 

Este año, sorteando la pandemia, en Monterrey se mira y se lee la historia desde el universo de expresiones humanas y el entendimiento de que el humor, y la caricatura también, cuentan una historia y, mejor aún, se puede establecer un dialogo entre el acervo del Museo y la propia exposición.

 

Una de las grandes tragedias de la caricatura ha sido la desaparición de más del 90 por ciento de las caricaturas originales, pues la mayoría de los autores, a lo largo de casi dos siglos de existencia, jamás resguardaron su obra ni los medios en donde se publicaron; tampoco crearon archivos. Y ahora, sucede que muchos de estos artistas dibujan directamente en la pantalla sin llegar al papel.

 

Sin embargo, el acervo del Museo de Historia Mexicana cuenta con espléndidas obras que ahora se podrán visualizar, como el retrato que Saturnino Herrán, uno de los 11 artistas mexicanos cuya obra ha sido calificada como Patrimonio Nacional, realizó a Santiago R. de la Vega, un regiomontano al que se le debe una historia pues es, sin duda, uno de los caricaturistas más emblemático e importantes de la época de la Revolución Mexicana en donde participó, y fue director de Multicolor, una de las mejores revistas de caricatura en México, que generó una crítica enorme al maderismo y cuyo contenido es de una belleza extraordinaria.

 

De la Vega fue magonista, participó en este semanario al lado de Ernesto García Cabral, Clemente Islas Allende y otros destacados caricaturistas. Junto a éste último, fue parte de los caricaturistas e ilustradores que participaron en los primeros años de la creación de El Gran diario de México. Su retrato, pues, es una de las piezas que no se pueden perder en esta muestra.

 

Otra contribución del Museo, son las imágenes de Miguel Covarrubias, sobre todo la caricatura al músico-poeta Agustín Lara, uno de los personajes más caricaturizados en su tiempo; el chamaco Covarrubias, como era conocido, es uno de los artistas mexicanos más universales, cuyo trabajo deslumbró en las portadas de Vanity Fair, New Yorker y Fortune, en Nueva York, en los años 20, después de haber estado un breve tiempo en El Universal Ilustrado.

 

Otro elemento de realce en la muestra es el juego de fotografía y caricatura en un muro donde que el espectador puede captar la idea del significado de caricatura (cuya etimología proviene del italiano caricare, es decir, recargar, cargar) El juego de imágenes entre ambos cuadros, puede mostrar de más manera más nítida esa definición.

 

Como en las anteriores muestras, la exposición abre con la primera caricatura publicada en El Universal, hace 105 años, que apareció el mismo día que se elegirían los diputados al Congreso Constituyente y en donde aparece el director y fundador Félix F. Palavicini, al lado de otros personajes del mismo periódico y quienes, meses después, habrían sido los autores de nuestra Constitución. De ese tamaño fue la importancia de El Universal, al convertirse en la base de nuestra Carta Magna, misma que habría de consolidar y pasar de la guerra civil, que se gestaba desde 1910, hasta esos años.

 

Las caricaturas, además de la crítica, la ironía, el desparpaje, el arte y el periodismo, son una manera de contar la historia. Dos ejemplos se pueden apreciar: en 1962, diversos grupos conservadores de todo el país protestaron contra los libros de texto gratuito; Rius hizo un cartón al respecto que, descontextualizado, no dice nada, pero que al estudiarse revela el testimonio del momento histórico que vivía nuestro país.

 

El otro ejemplo, de un gran maestro caricaturista que lamentablemente se llevó el covid, don Ricardo Salazar Berber, muestra un cartón en donde aparece el malestar de la afición regia contra un entrenador de futbol. Resulta que Miguel Mejía Barón tenía en una excelente posición a los rayados, cuando fue invitado a dirigir la selección mexicana, y dejó en su lugar a su ayudante, quien fue un fracaso.

 

Cartones como estos son pedazos de nuestra historia, y como toda pieza de arte, aún cuando no se entienda el contexto, lo es, por el trazo, la caracterización y la velada verdad.

 

El Universal, desde sus orígenes, fue promotor de la caricatura y ha realizado tres concursos. En 1917, de donde surgieron artistas como Carlos Acosta, Hugo Tilghman o Andrés Audiffred, entre otros; en 1965, Iracheta y Magú fueron los ganadores, y en 2016, en donde Waldo y Chelo fueron los galardonados.

 

La muestra recoge, también, un homenaje a cuatro grandes artistas de Nuevo León: Santiago R. de la Vega, de quien ya hablamos, Crescenciano Garza Rivera, un dibujante que ilustró muchos de los suplementos dominicales y cuya obra se ha plasmado en diversos murales en Monterrey (el de la fundación de la ciudad se puede ver en el Museo del Noreste), Abel Quezada que aunque no colaboró en El Universal, es regio de nacimiento, unos de los grandes de la caricatura y de quien, el año pasado, conmemoramos el centenario de su nacimiento, al igual que David Carrillo, ambos nacidos en 1920.

 

Carrillo participó en las páginas de El Universal durante varios años y es un pilar indiscutible de la caricatura mexicana pues fue, además de un espléndido artista, quien recogió y resguardó muchas de las obras que dieron origen al Museo de la caricatura que, por cierto, requiere con urgencia el apoyo del gobierno para restaurar el lastimoso estado de conservación en que se encuentra desde hace cuatro años debido al terremoto.

 

La caricatura cuenta una historia, y en Monterrey se puede leer y gozar con la obra de personajes emblemáticos como Andrés Audiffred, Helioflores o Rogelio Naranjo, que durante más de medio siglo mostraron su talento en las páginas de un diario centenario que es parte de la vida de este país y muestra un gran vigor y una pluralidad acorde a los sueños de los mexicanos que queremos una Nación plural y democrática, en donde convivan las múltiples verdades con las que se ha construido y en donde el humor gráfico ha jugado un papel de primer orden mostrando que, sin crítica y sin respeto a la diversidad, no hay caricatura ni democracia.

 

FOTO: Viñeta realizada por J.M. Peña, publicada el 22 de octubre de 1916. En ella aparecen candidatos a diputados constituyentes: Félix F. Palavacini, Ciro B. Ceballos, Amador Lozano, Rubén Martí e Ignacio Roel, entre otros/ Crédito: Archivo EL UNIVERSAL

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