La ciencia de los fantasmas: entrevista con Darío Jaramillo Agudelo sobre su libro “Indagación sobre los fantasmas”

Dic 18 • Conexiones, destacamos, principales • 1645 Views • No hay comentarios en La ciencia de los fantasmas: entrevista con Darío Jaramillo Agudelo sobre su libro “Indagación sobre los fantasmas”

 

Su libro Indagación sobre los fantasmas es una búsqueda literaria, filosófica y folclórica sobre esta categoría, que le ha permitido formular un acercamiento al mundo diferente al que propone el rigor racionalista

 

POR SONIA SIERRA
Medellín.— “¿Qué me ven los fantasmas para que nunca se me haya aparecido uno?, ¿por qué me discriminan?, ¿me desprecian?”, todo eso se ha preguntado, hace tiempo, el escritor colombiano Darío Jaramillo Agudelo. Su nuevo libro está dedicado a esa especie que ha hecho su aparición durante siglos —con mayor presencia en unos tiempos que otros— y en cuya constante negación parece que radicara la mayor prueba de su existencia. Más de siete años les dedicó para conocerlos, clasificarlos y divertirse a costa de ellos.

 

Indagación sobre los fantasmas (Pretextos, 2022) es el libro más reciente del poeta, novelista y ensayista. Reconocido como el mayor renovador de la poesía amorosa en Colombia, Darío Jaramillo Agudelo (Santa Rosa de Osos, 1947) es autor de más de 40 libros en géneros muy diversos: poesía, novela, cuento, ensayo, compilaciones, antologías. Algunos de esos títulos son Poemas de amor, Cartas Cruzadas, Memorias de un hombre feliz y Cantar por cantar.

 

Jaramillo vive en Bogotá, donde está jubilado; pasa su tiempo entre libros y arte. Acerca de libros y lecturas escribe en el blog Luna Libros (https://www.lunalibros.com/blog/). Cada tanto viaja a Medellín donde conserva la casa de sus padres, ubicada en el parque central de la ciudad, el de Bolívar; algo insólito en unos tiempos donde los centros de las ciudades se han mudado. La casa y el parque pueden describirse como espacios fantasmales.

 

Indagación sobre los fantasmas refrenda la diversidad de géneros de la escritura del poeta. Para construir su historia de los fantasmas, Jaramillo acude a la literatura, la ciencia, la filosofía. Lo de menos es si él cree que existan los fantasmas o no, lo que aquí pasa es que el escritor a través de esa especie encuentra que la explicación del mundo no está sólo en la racionalidad de la mente humana.

 

El fantasma le deparó hallazgos, disertaciones tan sorprendentes como las de Arthur Schopenhauer o hasta como las del propio Emmanuel Kant, antes de que se le conociera como el autor de Crítica de la razón pura. El libro es también un reencuentro con la literatura, con fantasmas de clásicos, entre los que se encuentra Shakespeare pero también Rulfo a quien atribuye grandes aportes a la “ciencia de los fantasmas”.

 

Indagación sobre los fantasmas nació de una invitación que le hizo el escritor mexicano Vicente Quirarte para participar en el Coloquio Internacional de Literatura Fantástica, organizado por la UNAM y la Universidad del Claustro de Sor Juana. “Recopilé una especie de visión universal de los fantasmas, en la literatura, en la filosofía, ante la ciencia, en las tradiciones folclóricas. Es un libro lleno de citas, de referencias, que se vuelven un manual de lecturas inducidas sobre el tema de fantasmas. Lo difícil fue cerrarlo…

 

 

Es muy difícil pensar que de algo que convenimos que no existe haya tanto que decir y ocupe tanto espacio (420 páginas).

 

Lo primero que digo en el libro es que lo mío es una venganza porque a mí nunca se me ha aparecido un fantasma. Entonces ¿es que me discriminan los fantasmas?, ¿es que no creen en mí? ¡No existo para ellos! Tenía que averiguar por qué me discriminan los fantasmas. Lo impresionante es que están en todas las culturas, en todas las épocas; en cuanto a la literatura es una cosa mayor: no hay ni un solo clásico de la literatura donde no haya uno: Homero, Dante, Virgilio, Cervantes, Shakespeare, Victor Hugo…

 

Y es un libro de literatura…

 

Es eso exactamente. El territorio actual de los fantasmas es la literatura, no la religión. Esa es mi conclusión. Lo otro es que me divertí mucho. Es una cosa que está en la naturaleza de lo fantasmal, fuera de que lo pintan como algo nocturno y de miedo, también hay mucho humor en las paradojas de los fantasmas; también porque no tengo una mentalidad demasiado trágica, tiendo más a lo cómico.

 

¿Consideró tomarlo desde la realidad y no desde la literatura, las artes, la filosofía?

 

No, porque se vuelve un libro de tesis, de demostrar que los fantasmas existen o no existen. En la literatura el problema de la existencia de los fantasmas ni siquiera se enuncia… existan o no aparecen los fantasmas.

 

Y no era su propósito confirmar su existencia…

 

No. Inclusive el libro se contradice permanentemente frente a ese problema. En unos capítulos están existiendo, en otros me estoy burlando de que existan o no existan. Como tema existen, y existen en todos los niveles, desde las religiones, hasta los literatos, desde el folclor, hasta en la ciencia. Y cito una frase de Einstein: “Aunque viese un fantasma, no me lo creería”.

 

Juega con las múltiples facetas del tema, y pregunta si no es posible que nosotros seamos los inexistentes para ellos…

 

Es decir, los fantasmas deben pensar que nosotros no existimos —hasta en reciprocidad, porque nosotros llegamos a pensar que no existen—. Además, se deben asustar porque los fantasmas no se matan entre ellos, en cambio nosotros sí nos matamos entre nosotros; somos más malos, peligrosos, como especie somos una especie podrida. Para el fantasma debe ser muy asustador meterse con ese que es capaz de matar, herir y maltratar a su prójimo.

 

¿Cómo fue el ejercicio de buscar los fantasmas en las lecturas?

 

Al principio hay búsqueda, pero después me persiguen. La búsqueda la hago a través de la literatura, relatos de fantasmas del siglo XIX, muchos en la literatura inglesa, y metido ahí descubro que la isla de los fantasmas no es Inglaterra —a pesar de que gran parte de la narrativa fantasmal se originó ahí—; la verdadera patria de los fantasmas es el Japón. Leyendo literatura encuentro que hay historias fantasmas de ingleses, japoneses y de investigadores occidentales en el oriente. Consigo mucho de ese material, y en esas antologías hay prólogos que me hacen buscar más cosas; se va volviendo una cadena que no para.

 

No sé quién me puso en la pista, pero una de las cosas que encontré fue un Kant de 30 años, que todavía no escribía la Crítica de la razón pura, que era un profesor discreto, silencioso, y que escribió un texto violento contra Swedenborg, a quien considera un farsante porque cree en fantasmas. Fue encontrar esas cosas, luego el proceso se invirtió: a donde llegaba encontraba fantasmas, era impresionante…

 

Otro hito es lo que encuentras en Schopenhauer.

 

La filosofía de Schopenhauer es básicamente la filosofía de la voluntad, del querer, y toda la teoría del conocimiento está basada en él. Cuando él hace ese cuadro, encuentra que en el querer hay dudas y que en las dudas aparecen los fantasmas necesariamente, y él los acepta como un hecho objetivo que existe en la realidad con el que tenemos que convivir.

 

En Kant no cuadra simplemente porque si el conocimiento es a través de las categorías espacio-temporales, en esas categorías no caben los fantasmas; rechaza entonces no tanto la existencia de los fantasmas, sino la imposibilidad de saber si existen o no.

 

Se usa el fantasma en ciertos contextos sociales y políticos.

 

Claro, el caso de las ánimas del purgatorio es bien interesante. El purgatorio no existía en el esquema de la religión cristiana, romana; existían el cielo y el infierno. Sin embargo, San Agustín decía que había almas malas que no eran tan malas, y buenas que no eran tan buenas, y que esas almas tienen un tratamiento especial al morir. Después un papa declara que hay un sitio a donde esas almas van a temperar, antes de llegar al cielo o al infierno; la iglesia no sólo acepta la existencia del purgatorio, sino que proclama que los vivos podemos ayudar a que las almas del purgatorio puedan culminar exitosamente su curso de postmortem. Y la cosa se volvió una industria en la iglesia, al punto que Lutero, tres siglos después, les dice: “Ustedes se están enriqueciendo con la venta de indulgencias; sean serios”. Pero en esos siglos, la moda de las almas del purgatorio inunda este planeta de fantasmas.

 

Hay otro tema: los fantasmas que nos habitan.

 

El doble, el doble es una fantasma… ¿qué hace mi doble mientras yo estoy aquí? Por ahí fantasmeando. Y no solamente el doble: también el que tiene doble pero no es el doble, el que se considera el habitante habitual de nuestro cuerpo, ese también es fantasmal porque es un espíritu, no es material, sobrevive después de que nos morimos, es el que se volverá fantasma una vez que se muera, en fin… De por medio está la muerte que es la que resuelve si mi alma se va a volver fantasma o no. No sólo las personas son fantasmas, también los animales y las cosas… Y además de todo eso, hay fantasmas que han sido fantasmas desde que el mundo es mundo. La proliferación de fuentes de existencia de fantasmas es enorme y es en todas las culturas.

 

O cuando alguien se nos vuelve un fantasma…

 

Ahí empezamos a hablar del amor. El amor es casi que el afantasmamiento de un sentimiento en una persona. El sentimiento es tal que, aunque mi amada no esté aquí, yo estoy con ella, le converso. Todos, cuando hemos estado enamorados, hemos hablado a solas con nuestra pareja, y con un realismo absoluto. No hay nada que discutir: “Anoche hablé con ella, y está muerta o está en Roma…” Creo que, en buena parte, el amor es una conversión en fantasma de un ser para otro ser.

 

También los lugares los calificamos como de fantasmas…

 

En la filosofía, sobre todo —y, de acuerdo, en la vida diaria como tú lo pones, sin duda—. Pero en la filosofía el término fantasma lo usan muchos filósofos como equivalente a una cosa que aparentemente existe pero que en realidad no existe o existe de otra manera. Ya se vuelve un uso fantasmal de la palabra fantasma. Yo en cierto momento digo que me interesan los fantasmas como sustantivo y no como adjetivo. Y pongo como el ejemplo del dolor fantasma, yo soy amputado de una pierna, y me duele la pierna que no tengo, y a ese dolor lo llaman dolor fantasma. Ahí la función gramatical de la palabra fantasma es como adjetivo del dolor; no es que exista un fantasma que me produzca el dolor en la pierna que no tengo, es que el dolor mismo tiene un carácter fantasmal porque me da en un lugar que no tengo… Y es verdad, el dolor fantasma existe, tiene explicación científica; un acupunturista, cuando me amputaron, me dio una explicación desde el punto de vista alternativo: “A usted le cortaron la pierna pero no le cortaron el aura de la pierna. Lo que le duele es el aura, y yo tengo que recoger el aura para que deje de darle dolor fantasma”. Sin creer en toda la teoría de él, doy fe de que la intensidad del dolor fantasma sí me mermó. Todavía me dan dolores fantasmas… a media noche estoy dormido y siento que me pica el tobillo y voy a rascarme el tobillo y no lo encuentro y me despierto asustado… La explicación de la medicina más convencional es que el nervio que transmite la sensación de que estoy pellizcando este dedo, si lo cortan, sigue transmitiendo el mensaje del dedo que ya no existe en el sitio donde lo cortaron, entonces por eso siento que me pica el tobillo que no tengo. Es un dolor fantasma, pero el fantasma ahí no existe.

 

¿Qué tipo de fantasmas le gustan más?

 

A mí los que me interesan son los fantasmas sustantivos, los que son, lo que vamos a ser tú y yo, si creemos que nos vamos a volver fantasmas. Porque esa es otra cosa: no a todo el mundo su espíritu se le va a volver fantasma. Puede que sí, puede que no; puede ser que yo tenga una alma traviesa que cuando me muera va a estar por ahí haciendo… o puede ser que mi alma se queda calladita o esté disfrutando de Dios o del diablo, o sea: no todo el mundo tiene un alma con vocación de fantasma.

 

Al terminar el libro, ¿cómo ha cambiado su relación con los fantasmas?

 

No ha cambiado. Pero sí me pasa cada rato eso de que uno comienza a incorporar en su visión del mundo al fantasma como una presencia y se vuelve una forma de humor. Por ejemplo, salgo del ascensor de mi casa, y tengo un cuadro muy grande por fuera, al lado de la puerta, y siempre lo encuentro torcido; lo pongo derecho y al otro día salgo y lo encuentro torcido… O con los amigos que se mueren, como Juan Camilo Sierra, que iba mucho a mi casa, digo que ahí está jodiendo todo el tiempo como fantasma… Después de siete años de estar bregando con la especia, se volvió una categoría de análisis de la realidad.

 

Después de creer pasamos a no creer, a la urgencia por demostrar… todo lo vemos con demasiado rigor, que todo tiene una explicación…

 

Creo que eso nos lo han impuesto. El planteamiento de la ciencia, desde el siglo XVIII, es que “eso que usted creía que era misterioso no es tan misterioso y aquí se lo explicamos racionalmente”. Ergo, el oficio de la ciencia es develar misterios y volverlos accesibles por la explicación lógica y natural. No es que la lluvia decidió llover, no; es que hay un fenómeno de temperatura, humedad, de relación con las nubes, y así se desencadena la lluvia. Entonces, enfocada la ciencia así, pareciera que su oficio es llegar a demostrar que puede hablar con Dios, si Dios existe, o que puede demostrar racionalmente que Dios existe, y que todo lo que se relaciona con lo esotérico es lo contrario de la ciencia. Yo no creo que la relación sea de negativo y positivo, creo que es un enfoque equivocado de la ciencia pensar en eso. Porque, y eso uno lo ha vivido a medida que envejece, cada vez que conozco más el mundo, más misterioso me parece, con todo y las explicaciones científicas, porque a esas explicaciones también le podemos aplicar elementos de análisis que vuelvan misterioso el fenómeno. Entonces siempre estaremos en la incertidumbre que nos produce la inteligencia humana, que no es capaz de abarcar toda la realidad y que cree que la razón es la que explica la realidad, cuando la razón que creó el mundo no es la razón humana. Entonces la razón humana no tiene por qué tener la explicación total de algo que se encontró hecho. La ciencia se va a tener que olvidar de decir “estoy develando por fin tal misterio”. La explicación racional nos puede servir, pero el misterio sigue…

 

Hay un tema definitivo ante los fantasmas: creer o no.

 

Yo no sé si creo o no. En este minuto no creo pero en el siguiente sí. De eso te das cuenta en el libro. El problema de la existencia para mí pasa a ser secundario, porque existan a no están ahí.

 

Los fantasmas permiten hablar de eso que está por fuera de lo que parece siempre urgente.

 

Por supuesto; son una fuente de conocimiento desde otro ángulo, con otras categorías mentales que no son las pruebas racionalistas. A estas alturas del partido, los dos equipos son el racionalismo y los fantasmas, y los fantasmas derrotan al racionalismo, y el racionalismo se defiende.

 

No le interesa el racionalismo…

 

No. Me parece muy limitante; me parece que le ha aportado mucho al ser humano, pero tratar de pensar que la concepción del mundo fue hecha sobre la base de la razón humana es un acto de soberbia enorme del género humano. No. El mundo estaba creado antes de que usted tuviera razón, y no fue una razón como la suya ni un esquema efecto causa como el suyo bajo el cual se creó el mundo; ese racionalismo es suyo, le ayuda a funcionar, da unas pautas de comportamiento, pero eso no quiere decir que el mundo funcione todo —y más el mundo que no ha inventado el nombre— bajo las categorías del hombre. Sería un acto de soberbia enorme pensar que mi razón fue la que concibió el mundo…

 

Hay varias referencias a fantasmas de autores latinoamericanos, a Arreola a Rulfo.

 

Yo creo que el aporte de Rulfo a la ciencia de los fantasmas es enorme. Juan Villoro, en un ensayo que cito, dice que los fantasmas hasta Rulfo son nocturnos, viven en otro mundo… en Comala no; en Comala yo mismo no sé si soy un fantasma. Pedro Páramo se encarga de demoler las convenciones de la literatura de fantasmas.

 

Está explorando cada vez más géneros.

 

Sí. Es el vicio de escribir. Me lo explico más como una limitación que como una ventaja. Yo, pa’ entender una cosa, necesito escribirla. Entonces no es que, como todo el mundo, se me ocurre una duda y la resuelvo mentalmente; no. A mí se me ocurre una duda, esa duda se transmite a través de la mano por un lápiz al papel, ese lápiz me pone ahí la duda y una vez que la veo ahí entiendo más, pero me salen más dudas…

 

Hay una distancia con la urgencia por escribir de lo que está ahí.

 

Pues yo quisiera salirme de eso. Escribir novelas es una de las formas de decir mi realidad no es esta voy a inventarme otra, en el fondo Madame Bovary soy yo, y todos los personajes que invento son una realidad que yo inventé. La literatura, en cierto modo, añade realidades a la realidad cotidiana que vivimos.

 

FOTO: Darío Jaramillo recibió el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca 2018/ Sonia Sierra

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