“La literatura es como el agua, abraza a todos”: entrevista a Goran Petrović

Nov 18 • Conexiones, destacamos, principales • 1748 Views • No hay comentarios en “La literatura es como el agua, abraza a todos”: entrevista a Goran Petrović

 

A través de su reciente novela, Papel con sello de agua, editada por Sexto Piso, el serbio destaca cómo el papel democratizó a Europa cuando este material se masificó

 

POR LEONARDO DOMÍNGUEZ
La reina de Nápoles, Giovanna II, ordena a su ejército arriesgar sus vidas con tal de conseguir el papel más fino de Europa; sólo tiene un objetivo en mente: escribir una carta de amor al más querido de sus amantes. Esa es parte de la trama de Papel con sello de agua, novela del escritor serbio Goran Petrovic.

 

Ambientada en la Italia del siglo XV, antes de que la producción de estos pliegos se masificara, Papel con sello de agua (2023) es un recorrido lleno de humor con personajes que colindan con el realismo mágico, pero que tienen como centro de su universo a la escritura, al anhelo de perpetuarse en las letras.

 

Petrovic (Kraljevo, 1961) es uno de los más destacados autores serbios de las últimas décadas. Ganador del Premio Ivo Andric, prestigioso galardón en memoria al autor yugoslavo y Nobel de Literatura 1961; además, forma parte de la Academia de Ciencia y Artes de su país. La editorial Sexto Piso ha sido la encargada de traducir una parte de su obra al español.

 

Este libro es el inicio del ciclo “Novela Delta”, un proyecto literario de narraciones alegóricas que se desarrollan desde la Edad Media hasta nuestra época, desde el imperio romano, Belgrado y hasta Siberia; diversos relatos que configurarán nuestros últimos 600 años de civilización.

 

Papel con sello de agua ofrece una reflexión sobre cómo el papel no es sólo un soporte físico, sino una metáfora de la transformación; un elemento hoy cotidiano, pero que ha moldeado nuestras experiencias a lo largo de la historia.

 

 

¿Cuál fue la revolución que causó el papel en nuestras vidas?

 

Cuando el papel comenzó a distribuirse de forma masiva en Europa, trajo consigo algo que podríamos llamar “democratización”. Los libros y pergaminos eran muy caros: para dos hojas de pergamino necesitabas un cordero, se usaba la piel más fina de este animal, que es la de los costados, y sólo alcanzaba para dos, es decir, para un libro de 100 hojas necesitabas un rebaño de 50 corderos; eso suena aterrador, pero también es bastante poético. A principios del siglo XIV, en un gran número de ciudades del estado italiano se fundó una serie de talleres para hacer papel a partir de la vieja ropa de trapos, seguía siendo un proceso caro, pero mucho más accesible que el pergamino. Y si lo que sucedía con los corderos era aterrador y poético, algo similar pasaba con el papel hecho de trapos y de ropa vieja: una camisa o un vestido que alguien usó durante años, que probablemente estaba remendado, se usó para producir el papel con la textura más fina posible. Eran prendas de la gente analfabeta las que regularmente se utilizaban para hacer el papel donde se escribían los versos más sublimes. Por supuesto, nunca se ha inventado nada sin hacer un mal uso de ello, así como hoy también hacemos mal uso del papel, la prensa, la dinamita o el internet.

 

Así como cuenta que el papel logró democratizarse, ¿también se convirtió en una extensión de nuestra memoria?

 

Desde luego, aquí se trata de un ciclo de novelas y no es una casualidad de que este proyecto empezara con el papel como tema: la blancura, el vacío, son temas que también me interesan. El hecho de que un lector encuentre el papel en una librería me parece uno de los puntos más poéticos porque bien podría usarse para todo tipo de cosas: desde estampillas, billetes o periódicos que puedes emplear para que el piso de tu casa no se manche mientras la estás pintando.

 

La historia se desarrolla en la Edad Media, momento en el que los hombres jugaban un papel preponderante. Sin embargo, en tu novela te enfocas en la reina Giovanna. ¿Por qué esta decisión?

 

Giovanna no es la única protagonista de esta novela pero sí está muy presente en la historia y sí representa el momento en el que la mujer se libera. Este libro también podría considerarse como una road movie porque es una caravana, donde le presento al lector elementos de época, pero que le permiten sentir que lee algo actual: la relación del gobernante y el artista, la sociedad consumista, los motivos de las guerras, la vanidad; tomando en cuenta que me base en un personaje histórico de esa época, yo quería que el estilo de escritura estuviese acorde con ese lapso como el Decameron de Boccaccio.

 

Uno de los puntos que desarrolla la historia es como Giovanna mueve a todo su ejército para poder escribir una carta de amor. ¿Qué hemos perdido cuando se pierde la tradición de escribir una carta de amor?

 

Nosotros hemos perdido muchas cosas como civilización, nos forma más lo que no tenemos que lo que tenemos, en diferentes niveles, por ejemplo, a mí como escritor me forma más la novela en la que estoy trabajando, que todavía no la tengo, que la que ya está terminada. Todo lo que hemos inventado como civilización es útil, pero como te comentaba: nosotros a menudo abusamos de nuestros inventos. Parece que entre más nos informamos, menos hablamos; tenemos la necesidad de sacarnos fotografías a cada segundo, como si quisiéramos comprobar dónde estamos en ese momento, o en otras palabras, como si no supiéramos dónde estamos.

 

En tu novela somos testigos de la guerra de los traperos entre los Amalfi y los Fabriano, pero termina la guerra sin un claro vencedor. ¿Esto es algo que se repite en nuestra realidad sin importar las geografías?

 

Fue una escena bizarra, donde los pobres pelean contra los pobres y el provecho sólo es para los ricos. Pienso que todas las guerras se mueven de ese modo y así terminan: los pobres siempre pierden, la vida u otras cosas, mientras que los ricos salen más ricos. Oficialmente algunos se declaran ganadores, pero los perdedores siempre son los mismos; la cuestión es el precio de la victoria.

 

Fue una novela fuera de Serbia. ¿Cuáles fueron los retos para ambientar esta historia?

 

Este libro es parte del ciclo de “Novela Delta”. Llevó más de 23 años trabajando en este proyecto, quise extender mis manos para poder abarcar lo más que pudiera en el sentido temporal, territorial y, sobre todo, en el metafísico. Porque siento que este ciclo se comporta como una confluencia de ríos, se separan, se unen, van a aguas subterráneas, algunas novelas van más lentas o más rápidas al igual que los ríos; quise imitar el movimiento del agua, que nos abarca, abraza y nos une a todos, porque eso también es una de las características de la literatura. Siempre es un reto cuando te mueves fuera de tu territorio, implica una investigación más detallada sobre la superficie y costumbres, pero para mí es mucho más importante el sentido metafórico.

 

Se van a cumplir 45 años de la muerte de Tito, el dictador de la Yugoslavia, que aparece en su novela Bajo el techo que se desmorona. ¿Cómo recuerda ese país?

 

Ese país sí tuvo algunas cualidades que eran indudablemente buenas, como educación, salud; los obreros tenían mejores condiciones y derechos que ahora, pero también se basaba en algunos errores y prohibiciones. Aunque no todo el mundo está de seguro que Tito esté muerto (bromea), no me sorprendería que estuviera aquí en México porque en Navidad le encantaba usar sombreros.

 

Comentabas tu interés por la blancura del papel y el vacío. ¿Cómo enfrentas la hoja en blanco?

 

Como principiante, como si nunca hubiese escrito o publicado nada, sé que no es así, pero la sensación es como si empezara como un niño.

 

 

 

FOTO: Goran Petrovic, Premio Ivo Andric, forma parte de la Academia de Ciencia y Arte de Serbia. Crédito de imagen: Berenice Fregoso /EL UNIVERSAL

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