Las Touza: la emergencia de lo humano en el teatro

Ene 30 • Escenarios, Miradas • 3289 Views • No hay comentarios en Las Touza: la emergencia de lo humano en el teatro

POR JUAN HERNÁNDEZ

 

Supongamos que es 1942, en un lugar llamado Ribadavia, España. Ahí tres mujeres comunes, señoritas dedicadas a las labores del hogar y a dar servicio en un bar, ofrecían cobijo a judíos polacos, que llegaban huyendo de la persecución nazi. Les daban comida, ropa y los escondían en su casa, mientras preparaban el escape de los refugiados a Portugal. Y, de ahí, a América.

 

Esa es la trama de Las Touza, obra del dramaturgo mexicano Alfonso Cárcamo (Ciudad de México, 1974), quien es uno de los escritores, actores y directores de teatro más arriesgados de la escena teatral del país.

 

Dirigida por Carla Soto, joven artista que se expresa de manera clara, sencilla y sin rebuscamientos a través del teatro, Las Touza logra el objetivo de generar intimidad en escena y crea vínculos que permiten una fuerte empatía del público con los personajes interpretados por las actrices Laura Aréchiga, Adriana Focke y Sandra Garibaldi.

 

La propuesta escénica tiene, en la sencillez y lo cotidiano, el fundamento de sorpresa que potencia la acción dramática. Las hermanas “Julia” (Laura Aréchiga), “Lola” (Adriana Focke) y “Amparo” (Sandra Garibaldi) extienden harina sobre una mesa y cocinan pan en una sartén en donde el aceite hierve.

 

Todo esto se hace de manera literal. No fingen cocinar. Cocinan. El olor del vino tinto, de los panes y la miel inundan el olfato del espectador. El sonido del aceite hirviente genera un estado de emergencia, los sabores dan pie a un estado relajado y festivo que esconde la emergencia, que se adivina en las miradas, los gestos sutiles y la respiración, por momentos agitada, de las protagonistas.

 

Las hermanas Touza conocen y forman parte de la tragedia humana, provocada por la Segunda Guerra Mundial, la aniquilación judía por parte de los nazis, la Guerra Civil Española y la dictadura franquista. Nada es como parece. Por debajo de la piel, los músculos se estremecen y la sangre corre agitando el estado del alma de los personajes.

 

El escenario no pudo ser mejor elegido: el Espacio Urgente del Foro Shakespeare. Un lugar pequeñito que empuja a los espectadores unos contra otros y los coloca dentro de la escena misma. En la propuesta de la directora Carla Soto el público no es el observador pasivo que se esconde en la oscuridad; es un invitado, que está ahí, entre las actrices, para sentir la tensión del drama, saborear los panes cocinados, humedecer los labios con vino tinto, mientras ellas, las Touza, arriesgan la vida para dar esperanza de futuro a la humanidad, a través de actos de solidaridad invaluables.

 

El espacio escénico es una cámara negra, en donde se coloca una mesa larga de madera, bancos, parrillas eléctricas, sartenes, platos, tazas de café y copas para el vino. Estamos en el interior de una cocina o en una taberna a la que asisten hombres, mujeres y niños para ser asistidos por estas mujeres que se oponen a la tragedia humana provocada por la sinrazón y el uso cruel del poder.

 

El texto de Alfonso Cárcamo fue escrito para la escena. Su efecto comunicativo es inmediato. Las actrices construyen personajes verosímiles. Y la directora de escena realiza su propuesta bajo la premisa de generar una experiencia, un momento de verdad, profundo, sobre la necesidad y la urgencia de la solidaridad en la humanidad, en el pasado y el presente.

 

Evita a toda costa caer en el melodrama, en la de emoción desbordada que podría desprenderse fácilmente de una situación como la que plantea la obra. Por lo contrario la directora elige el camino de la contención. Mantiene el ritmo de la cotidianeidad para hacer aún más patente la tensión que se revela en una lectura sensible del subtexto, en la evocación, en la narración de sucesos que, sin ocurrir de manera literal en escena, tienen un efecto en la conciencia del espectador, quien culmina la construcción del suceso en el ejercicio de la imaginación.

 

Las Touza es una experiencia sensorial. Es también una obra que vincula al hombre del presente con el pasado, para entenderse mejor. Plantea el dilema moral sobre lo que el individuo puede hacer por mejorar el mundo que habita. Y subraya, sobre todo, el valor de las acciones, en apariencia insignificantes, de estas tres mujeres que de algún modo salvan al mundo.

 

Una obra corta que no le hará llorar, ni compadecerse, de manera gratuita, del genocidio, por todos conocido, ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, sino disfrutar de una experiencia en comunidad, que vale la pena ser vivida. Un momento para habitar este otro mundo, el del teatro; tan verdadero, porque lo que ocurre en el espacio escénico no es fingido: sucede.

 

* FOTO: Las Touza, de Alfonso Cárcamo, dirección de Carla Soto, con Laura Aréchiga, Adriana Focke, Sandra Garibaldi y Abigail Jottar (alternante), se escenifica en el Espacio urgente 1 del Foro Shakespeare (Zamora 7, Condesa), los miércoles a las 20:30 horas, hasta el 30 de marzo/Cortesía Foro Shakespeare.

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