Mario García Torres: un artista nómada

Abr 30 • Miradas, Visiones • 4459 Views • No hay comentarios en Mario García Torres: un artista nómada

POR ANTONIO ESPINOZA

 

Tardaron cinco minutos y once segundos. Ese fue el tiempo que hicieron tres jóvenes mexicanos (dos chavos y una chava) en su visita al Museo Nacional de Arte. Lo hicieron corriendo por las distintas salas del museo, desafiando así su carácter “sacro”, desdeñando su definición como un espacio para la contemplación estética. La carrera se puede observar en la pieza: Una breve historia del legado de Jimmie Johnson (video con sonido, 2006), realizado por Mario García Torres y que forma parte de la exposición que actualmente presenta el artista conceptual coahuilense en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo. A través de este video, en el que los jóvenes mexicanos emulan gestos iconoclastas precedentes, entre ellos precisamente el de Jimmie Johnson, García Torres cuestiona al museo como templo del saber y lugar de preservación de la memoria. Las salas de un museo también pueden servir para realizar carreras de alta velocidad.

 

Bajo la curaduría de Sofía Hernández Chong Cuy, la exposición Caminar juntos da cuenta de la producción artística de Mario García Torres en sus 15 años de trayectoria. Incluye alrededor de 30 obras, entre pinturas, cartas, fotografías, proyecciones con diapositivas y videos. Pero la exposición Caminar juntos no se limita al Museo Tamayo. En un ejercicio conceptual de delimitación territorial, el artista sobrepuso el mapa del Museo de Arte Sacramento (MAS) en Coahuila –un museo imaginario, sin muros, inventado por el artista– al mapa de la Ciudad de México, para delinear el área de acción de la muestra e indicar sus sedes: el Museo Tamayo, el Museo de Geología de la UNAM, el Teatro El Granero del INBA, el Hotel Montecarlo, Casa Vecina y la Casa del Cine MX. Además de las actividades en estos espacios, las seis esquinas del perímetro del MAS, que son puntuales direcciones citadinas, en las que el artista colocó mojoneras, integran juntas una obra: Donde, descansa, desierto (2004-2015).

 

En su complejidad intelectual, la exposición nos revela a un autor llamado Mario GarcíaTorres (Monclova, Coahuila, 1975) con un concepto nómada del arte, que ha recorrido el mundo para buscar y cuestionar los lugares relacionados a la producción y exhibición del arte. El autor coahuilense ha orientado su práctica artística a la investigación de acervos y archivos, y a la exploración de distintos espacios y lugares, con el fin de trazar líneas conceptuales para armar un gran mapa territorial del arte y responder a la pregunta sobre su propia existencia. Como buen artista contemporáneo, García Torres transita por caminos abiertos hace tiempo. No está de más recordar el célebre ensayo de Joseph Kosuth, Art after Philosophy (1969), en el que el artista y teórico conceptual estadounidense presentó su concepto del arte como metalenguaje, como un fenómeno tautológico cuya validez depende sólo de él mismo (“El arte es la definición del arte”).

Para este autor, la producción artística ya no podía plantearse en términos de estética, sino que debía consistir en una reflexión sobre la propia naturaleza del arte, en una exploración de los mecanismos de la creación y en un análisis de los signos lingüísticos que la integran.

 

Son incontables las proyecciones históricas con que el arte contemporáneo se manifiesta en su heterogénea producción. Mario García Torres participa activamente en esta aventura acogiendo una serie de preocupaciones intelectuales relacionadas con la nueva concepción del arte: el arte ya no como un objeto estético sino como un medio para la reflexión sobre su propia naturaleza. Al deambular por el mundo, construyendo su ambicioso mapa territorial del arte, el autor asume igualmente su identidad globalizada. Su exposición en el Museo Tamayo, que se divide en tres rubros, nos invita a caminar con él y a compartir sus experiencias. El recorrido por la muestra resulta ciertamente abrumador. No es fácil digerir un discurso en el que nos podemos perder si no leemos pacientemente todas y cada una de las cédulas. Así, por ejemplo, nos enteramos que la inclusión de los cuadros de Hermenegildo Bustos, José María Velasco, Carlos Mérida y Georgia O’Keeffe, obedece a que fueron los cuadros originales que inspiraron los tonos de un tipo de pintura producida por Abastecedora de Galerías, un proyecto creado por García Torres en 2001 para imitar una empresa que ofrecía sus servicios para hacer exposiciones de arte.

Para el montaje de Caminar juntos se utilizaron cuatro tipos de pintura diferentes tomados del proyecto mencionado. El dato no es irrelevante: destaca el interés de Mario García Torres en rescatar sus viejos proyectos artísticos y armonizarlos con los nuevos. Un sentido similar tiene la serie de obras que llevan como título: Prometo… que el autor inició en el año 2004. Se trata de doce cartas escritas a mano por el artista, en papel membretado de los diferentes hoteles en los que se ha hospedado mientras desarrollaba algún proyecto. Las epístolas, que implican el compromiso del artista con su obra (“Prometo dar lo mejor de mí como artista, al menos por los próximos 17 años”, reza la primera), se encuentran ubicadas en forma estratégica dentro del museo, próximas a las obras relacionadas con ellas.

 

Pero el tema de la correspondencia en García Torres no se limita a sus comentarios irónicos sobre las promesas del artista. La escritura de cartas es parte fundamental de su proceso artístico. Escribe cartas lo mismo para entablar comunicación con otras personas que para explicar sus obras, hallazgos y proyectos. Una sección de la exposición presenta sus reflexiones epistolares sobre One Hotel, fotografía tomada en 1971 por Alighiero Boetti en Kabul, Afganistán. Otra obra de García Torres inspirada en Boetti, es un dibujo que realizó a partir del performance Today is… del italiano. Un motivo más de inspiración para el artista coahuilense fue el Centro de Meditación, edificio diseñado por el arquitecto mexicano Agustín Hernández en Cuernavaca. Dentro y fuera del Centro, García Torres realizó Las extrañas cosas que ven mis ojos, una instalación sin fecha que consta de un video, esculturas y obras sobre tela. Dejo para el último una obra bastante chusca: Lección “Moonwalk” (2006), una proyección con diapositivas que nos ofrece imágenes de un grupo de jóvenes en Bruselas aprendiendo el famoso paso de baile que Michael Jackson popularizó en los años ochenta. Según García Torres, el verdadero inventor del pasito fue Rigo Tovar. No es cierto, pero como admirador del gran Sireno de Matamoros, lo celebro.

 

*FOTO: La exposición Caminar juntos se exhibirá en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo hasta el 19 de junio de 2016. En la imagen, “Impresión biológica IV”, polvo de metal sobre tela y tallos de maíz/  Cortesía: Museo Tamayo Arte Contemporáneo.

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