Michel Franco: “Nuevo orden critica el clasismo”

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El cineasta Michel Franco responde en exclusiva para Confabulario a las críticas que calificaron su última película como banal y clasista. “No es una cinta en la que hay buenos ni malos, salvo la clase militar”, dice al compartir también su método para la creación de personajes e historias perturbadoras, como ocurre con este filme, ganador del León de Plata en el reciente Festival de Cine de Venecia

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POR GERARDO ANTONIO MARTÍNEZ

Periodista cultural; Twitter: @Gerar_martinezv
“No importa tu estrato social, el rencor siempre favorece al más fuerte”. Esta fue mi primera lectura minutos después de ver Nuevo orden, de Michel Franco, quizá una de las películas mexicanas que demostró que el año pandémico no nos privaría de historias reveladoras, pero sobre todo incómodas, porque no hay nada más aburrido que la complacencia. Pero lo incómodo no es ajeno a la polémica, como sucedió con el estreno de la sexta cinta de este cineasta que hace unas semanas fue el centro del debate por dos temas que polarizan la opinión pública en México: el clasismo y el racismo. A contracorriente de lo que muchas voces expresaron acerca del tráiler de Nuevo orden, su director responde en esta entrevista: “La película critica el clasismo. No es clasista”.

 

Michel Franco (Ciudad de México, 1979) nos recibe en las oficinas de la casa productora Alazraki-Teorema, en Lomas de Chapultepec. Desde el piso 17 se aprecia la colonia Polanco, una de las zonas que concentran mayor plusvalía e ingresos per cápita del país. También se aprecian los distribuidores viales del Periférico, que remiten a algunas de las secuencias de Nuevo orden, en la que una rebelión popular es aplastada por el Ejército, a lo que sigue la imposición de un toque de queda que invade con toda su crueldad las esferas privadas de los protagonistas.

 

La película inicia con la boda de Marian y Alan, jóvenes de clase privilegiada. La felicidad de la pareja es lo de menos cuando la presencia de un alto funcionario de gobierno representa una oportunidad para el padre de Marian de conseguir contratos públicos, con su debido rebound. Todos ellos son ajenos a la rebelión que comienza a extenderse por varios puntos de la ciudad y el país. No la ven, no les importa, aun cuando una de las invitadas llega a la boda con el vestido manchado de verde, color representativo de esta rebelión; como tampoco les importa el suplicio por el que atraviesa Rolando, esposo de una ex empleada de la casa, quien interrumpe la boda para pedir un préstamo de 200 mil pesos para una operación urgente de su esposa Elisa, que fue expulsada por los manifestantes de la clínica del Seguro Social donde tenía programada su cirugía.

 

Los invasores de la boda son todos morenos, pero los señores de la boda también se tiran dentelladas. El padre de Marian no dudará en aprovecharse de su “amigo”, el político corrupto. Tampoco las sirvientas son un modelo de solidaridad: predomina la rapiña, el agandalle. ¿Por qué? Porque esa es su función en esta historia, donde la violencia corre de arriba hacia abajo, en sentido inverso y entre pares. Todos se discriminan conforme lo aprendieron en su código postal, aun cuando algunos actos de bondad, como el auxilio que Marian intenta dar a la esposa de Eligio, aparecen a contracorriente en la marejada de violencia y segregación que se va imponiendo en la historia. En una de las secuencias iniciales aparece a cuadro Sólo los muertos han visto el final de la guerra, de Omar Rodríguez-Graham, un anticipo del caos. Porque, aunque parezca una frase trillada, “el hombre es el lobo del hombre”. Ese es el nuevo orden. ¿Nuevo? El rencor y la violencia son también transversales, se discriminan entre iguales sin importar que pertenezcan a la misma clase social. En el caso de Nuevo orden, no hay mayor ceguera como espectadores que ser complacientes con nuestra conciencia de clase.

 

 

Nuevo Orden generó polémica, y atención del público y de la crítica. ¿Cómo surgió esta historia?
Mi interés por Nuevo orden empezó en 2014. De ahí tengo mis primeras notas y mails que intercambié con Gabriel Ripstein en los que comentaba mi preocupación por el ascenso de la ultraderecha en Europa, que combinado con la xenofobia y la desigualdad social en el mundo eran un mal presagio. Pronto me di cuenta que no sería una película en Europa, sino en México. Un país con 60 millones de pobres y poco interés de la clase privilegiada por cambiar eso, me parece la fórmula del desastre, una bomba de tiempo. Desde entonces sabía que quería hacer una película, pero no sabía cómo exactamente. Tardé tres años en entender la historia y el guión lo escribí en 2017. Ahí hay ocho puntos de vista centrales, más o menos. Está la familia y quienes trabajan para ella. Está Eligio. Traté de darle voz, en la medida de lo posible, a todas estas voces sin caer en lo explicativo, sin dar conclusiones muy digeridas al espectador, dando mucho espacio al diálogo y a la interpretación. Fue así como llegué a la fórmula final de Nuevo orden. El proceso fue largo. Llegó a haber en el guión saltos de tiempo en los que explicaba más quienes eran estos personajes. Al final decidí confiar en el espectador. Para mí uno de los valores principales del cine es la síntesis.

 

 

Algunas de las críticas que circularon en los medios iban sobre los personajes. ¿Cuáles fueron los criterios que se consideraron en el guión para determinar la complejidad de cada uno de ellos?
Yo trató de que todos los personajes en mis películas, aun los que aparecen en una sola escena, tengan una construcción elaborada y que no caigan en la salida fácil, el estereotipo. Creo que Nuevo orden no es una cinta en la que hay buenos ni malos, salvo la clase militar. No se salvan en la película, que no es un reflejo de la realidad. Responde a la ficción que escribí; también el político corrupto que interpreta Enrique Singer. Fuera de eso, todos los personajes tienen bastantes contradicciones.

 

 

Cuando se habla de una obra narrativa, literaria o en este caso audiovisual, se habla del mensaje que puede tener. ¿Crees en esta idea? ¿Es parte del diálogo entre el autor y los espectadores?
Hay muchos mensajes en una película. Pero no creo en hacer una película para transmitir cierto mensaje o para educar. Creo que esa arrogancia en el cine simplemente minimiza la confianza del espectador y la confianza en que el espectador es tan inteligente como el director; vuelve unilateral el diálogo, quiere educar. Yo nunca trataría de hacer eso. Para mí es importante tener un diálogo de iguales. Hay muchos mensajes, depende de cómo lo interprete cada espectador.

 

Son ocho personajes conviviendo a lo largo de la historia. Así como mencionas, éstos están relacionados con los temas que identifico: el rencor, la violencia, el clasisimo. ¿Cuáles contemplaste como temas centrales de la película?
Uno muy importante fue la desigualdad social, la falta de justicia y la normalización de la violencia, incluso cuando no es física, la militarización, la corrupción. Es imposible hablar de desigualdad social sin hablar de corrupción. Ambos son los principales males de nuestro país y del mundo. Uno alimenta al otro. No se avanza en temas de equidad social porque la corrupción no lo permite. La película es compleja. Es inevitable. Para abordar un tema hay que abordar el siguiente.

 

 

¿Crees que las críticas que se centraron en la presencia de personajes morenos, ejerciendo un tipo de violencia física, ignoraron la apreciación de otras violencias, las de tipo simbólico o económico?
Mucha gente tal vez no vio la película, o vio otra película, y sólo quería confirmar lo que de antemano suponía que la película representaba. La manera en la que la familia que representa a la clase privilegiada está retratada para mí es de lo más cuestionable. Hacen una boda en medio del caos que está viviendo el país, en medio de una explosión social que termina por concretarse; les interesa más el potencial de negocios que pueden hacer a partir del evento social que el festejo; les angustia más que llega una invitada manchada con pintura verde por la vanidad y bienestar de esa invitada, pero no por lo que eso representa y ocurre a unas cuadras. Me parece que hay gente que no vio todas esas señales que son poco sutiles. Por eso, supongo que muchos no vieron la película o vieron lo que quería ver.

 

 

¿Consideras que este tráiler fue efectivo, provocador?
Hay muchas maneras de verlo. Si se entiende como un material de venta que busca llamar la atención, fue tremandamente efectivo. Creo que cualquier tráiler hubiera llamado la atención. No había una manera sutil de presentar Nuevo orden. La película es una bomba. Habla de una manera frontal de los temas que mucha gente prefiere esconder, ignorar. Si el tráiler se hubiera centrado en la militarización hubiera sido igualmente polémico. Yo no me metí en la elaboración del trailer. No lo digo por lavarme las manos. El distribuidor hace su trabajo.

 

 

En el caso de los personajes militares son los que tienen menores matices. ¿Consideras que Nuevo orden posee un discurso antimilitarista?
Esto atiende a la ficción. Creo que algo que me halaga mucho pero ha sido estresante es que la gente olvida que es una película y quieren hablar de Nuevo orden como si fuera un tratamiento de la realidad. Creo que lo que se ve en la película nunca ha sucedido y nunca va a suceder, al menos de esa manera. Hay que entenderlo como algo simbólico, por lo que representa. Viendo experiencias de países hermanos que han padecido dictaduras militares, veo que son indeseables. Nadie puede argumentar lo contrario. Mi visión es bastante simple. Me llama la atención cuánto se politizó la película. De política nunca quiero hablar porque, imagínate, si ha sido difícil que la gente centre su atención en lo que la película realmente representa, si yo hablara de política hubiera sido otra discusión. A veces la gente piensa que no tengo una postura política. Yo lo que quiero es que la película se defienda por sí sola. Sobra lo que yo opine. En ese sentido sobra lo que yo opine sobre la militarización. Todo está ahí retratado.

 

 

Has mencionado anteriormente que algunas aspectos visuales con correspondencias a esta historia son los movimientos de los Chalecos amarillos, en Francia y Black Lives Matter, en Estados Unidos. ¿Hay sustratos de eso en Nuevo Orden?
Cuando terminé el guión y estaba en pláticas de preproducción sucedió el movimiento de Chalecos amarillos. No afectó el guión. Fue una confirmación de que íbamos por buen camino. Es muy interesante que los Chalecos amarillos no son de derecha o de izquierda. No está claro quiénes son los líderes. Simplemente es la gente diciendo: “Estamos hartos”. Black Lives Matter ocurrió a dos meses de estrenar en el Festival de Venecia. Claramente la película estaba terminada. En Chile, hace un año, fue lo mismo. Ya habíamos terminado el rodaje cuando Chile estalló. Todas estas fueron confirmaciones de lo urgente que era la película. ¿Considerábamos guardarla un año por la pandemia? Pues no. La distopía que hace seis años imaginé parece acercarse cada vez más de algún modo. Otra vez: no en nuestro país. No del modo que lo retrato. Pero había que liberar la película. Me hablabas de referencias: La batalla de Argel (Gillo Pontecorvo, 1966) fue una referencia importante. Pero creo que uno de los aciertos de Nuevo orden es que es bastante única, a pesar de que tuvimos algunas referencias como La batalla de Argel.

 

 

Acabas de mencionar el concepto de distopía. ¿En qué consiste el manejo de concepto como distopía y cine de zombies en el desarrollo de la historia?
Sobre los zombies, creo que sucede que en México nunca se había hecho una película de desastre a gran escala, donde se haga una radiografía a nivel nacional y se presente caos en un tono distópico. Las únicas referencias que tenemos en México son las películas de King Kong o de zombis. Por eso la comparan. Fuera de eso no le encuentro ningún sentido.

 

 

¿Cómo prevés que envejecerá Nuevo orden?
Sólo el tiempo nos lo va a responder. Creo que, como dices, el tiempo pone las cosas en su lugar. Creo que en cinco o diez años, la gente va a disfrutar la profundidad cinematográfica sin centrarse en la controversia que, no a todos, a muchos les impide ver realmente la película. La ven para confirmar lo que creen que la película representa. Es curioso porque la película habla de lo enojada que está la sociedad, de lo inconformes que estamos. Retrata eso y en vez de resultar catártica para un sector de la población, es motivo de enojo. Pero como bien han dicho muchos críticos, creo que García Tsao fue el primero: “No se confundan. La película critica el clasismo. No es clasista”. Es una gran diferencia. Creo que con el tiempo eso va a relajarse mucho. Es como si vieras Anticristo (Lars von Trier, 2009) años después ya sin escandalizarte, ves que es una gran película; olvidándote de la polémica de Cannes hace once años la disfrutas muchísimo. Creo que eso va a suceder con Nuevo orden.

 

 

FOTO:  Nuevo orden es una coproducción entre Teorema y la productora francesa Les Films d’Ici./ Videocine

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