Muestra Internacional de Cine de la Cineteca festeja medio siglo sin Woody Allen y con “La sombra del caudillo”

Nov 6 • Reflexiones • 502 Views • No hay comentarios en Muestra Internacional de Cine de la Cineteca festeja medio siglo sin Woody Allen y con “La sombra del caudillo”

 

La Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional cumple en noviembre 50 años y 70 ediciones; a lo largo de su historia, ha visto circular los mejores títulos y directores a nivel mundial, y en esta ocasión no es la excepción, pues trae como sus grandes clásicos  La sombra del caudillo, dirigida por Julio Bracho, y El espejo, de Andrei Tarkovsky 

POR JOSÉ JUAN DE ÁVILA

La Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional cumple en noviembre 50 años y 70 ediciones e, irónico, es aun más antigua que la misma Cineteca, que la acogió desde su propia fundación en 1974.

 

El cine que la vio nacer, el Roble, ubicado en Paseo de la Reforma 135, ya no existe, no resistió los terremotos de 1979 y 1985, y en sus terrenos hoy está el Senado. Tampoco sobreviven otros teatros legendarios que, en las décadas de los 70 y 80, proyectaban su selección, como el Internacional y el Chapultepec, víctimas de sismos, o el Latino, que sucumbió al poder del dinero y ahora es otro rascacielos sobre Reforma. De entonces sólo queda, aunque sólo sea de nombre, el Diana.

 

De hecho, la Muestra ha sobrevivido a los terremotos del 79, del 85, del 2017, el incendio de la primera Cineteca en 1982, las muchas devaluaciones, la crisis del 95, el efecto Tequila y hasta una pandemia.

 

Durante 50 años y 70 ediciones se habrán presentado mil 246 títulos, incluyendo los 14 que podrán verse del viernes 12 al lunes 29 de noviembre, en medio siglo donde el estadounidense Woody Allen es sin duda el gran favorito de las Muestras, pues ha estado presente en 23, seguido por un mexicano, Arturo Ripstein (14) y dos italianos y un español: Federico Fellini, Ettore Scola y Carlos Saura (10).

 

 

La próxima edición de aniversario carecerá de bombo y platillo, sin el glamour ni invitados especiales que ha sido su carácter desde que pasó a reemplazar a la Reseña Mundial de Festivales Cinematográficos de Acapulco (1958-1968), desde que se mudó de la playa, el mar y el jet set a la ciudad, al ambiente urbano, a los cinéfilos que hacían largas filas sobre Reforma para conseguir boleto.

 

Sólo se inaugurará con un clásico mexicano, víctima por décadas de la censura política y militar, La sombra del caudillo (1960), adaptación de Julio Bracho de la novela homónima de Martín Luis Guzmán, que rescató el Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela de la Cineteca.

 

También se exhibirá un clásico del cine mundial, El espejo (1975), del soviético Andrei Tarkovski. Y exposiciones en los lobbies con los 70 carteles de las muestras y de los 18 cineastas favoritos de estas.

 

La Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional sobrevivió a casi todos los cambios en México y el Mundo y mantiene su perfil “de muestra de muestras y de directores”, de acuerdo con Nelson Carro, que la vio crecer desde 1971 como espectador, luego como crítico y desde 2007 como director de Difusión y Programación del recinto de Xoco y responsable de seleccionar las películas.

 

Carro destaca que en la década de los 50 del siglo pasado los festivales en América Latina habían seguido el ejemplo de los europeos de la posguerra, en los que en su mayoría se celebraban en balnearios como Cannes, Venecia, San Sebastián, además de en Berlín, es decir, la combinación era: cine, glamour, playa y estrellas. Así nacieron los de Punta del Este, Cartagena, Acapulco y Mar del Plata. La Muestra Internacional de Cine, en cambio, dejó el glamour, las grandes estrellas y la playa, para convertirse en “un acontecimiento social” en la capital del país, donde intelectuales, políticos y cinéfilos se daban cita en el majestuoso Roble para no perderse los títulos fuera de competencias.

 

 

Desde que pasó a la Cineteca Nacional, en cambio, se diversificó el público, sin perder popularidad. Antes de la pandemia acumulaba ya 40 mil espectadores, que durante las ediciones del último año cayeron a menos de la mitad, según el director de Difusión y Programación de la Cineteca Nacional.

 

“Además, hay que considerar que, a diferencia de lo que pasa ahora, en las primeras muestras no todas las películas se estrenaban, había muchas que no tenían distribuidor, venían sólo para exhibirse en la muestra, que pasaba un solo día en una sola sala, y eso generaba una enorme expectativa y una avalancha de gente, Reforma se atascaba del público que iban al Roble”, recuerda el crítico de cine.

 

“La Muestra es el evento cinematográfico más importante de la Cineteca Nacional desde que ésta existe, y ya desde entonces se ha encargado de ella. Ha sido una vitrina para la exhibición del cine más destacado del año, que pasó por festivales, y de los directores más reconocidos. Después de 50 años y 70 ediciones sigue manteniendo el perfil, a pesar de todos los cambios en México y en el mundo.

 

“Su perfil es el que veía desde 1971 el director de Cinematografía (de la Secretaría de Gobernación, Hiram García Borja): es una muestra de filmes que pasaron por los festivales de Cannes, Berlín, Venecia, San Sebastián y, hoy, de otros sitios como Toronto. Y con grandes nombres. Por un lado, cineastas importantes; por el otro, películas que pasaron por festivales”, explica Carro en entrevista.

 

Es muestra de ello la primera Muestra de 1971, que se presentó en los cines Roble (Distrito Federal), Variedades (Guadalajara) y Elizondo (Monterrey), con varios filmes que se volvieron clásicos: Los cuentos de Beatrix Potter, de Reginald Mills; El niño salvaje, de Francois Truffaut; Contra el viento, de B. Freedman; Trampa 22, de Mike Nichols; Antonio de las Muertes, de Glauber Rocha; La Vía Láctea, de Luis Buñuel; Mi vida es mi vida, de Bob Rafelson; Los malditos y La muerte en Venecia, de Luchino Visconti; Camino abajo, de Donald Shebib; Los maridos, de John Cassavetes; Celos estilo italiano, de Ettore Scola; Vergüenza, de Ingmar Bergman; Amor, Karoly Markk; El príncipe sin palacio, de John Boorman; Quemada, de Gillo Pontecorvo; El juego, de Jerzy Kawalerowicz; El mensajero, de Joseph Losey; Pequeño gran hombre, de Arthur Penn; Martillo para las brujas, de Otakar Vavra.

 

Y la única mexicana, Muñeca reina, ópera prima de Sergio Olhovich, adaptada del cuento homónimo de Carlos Fuentes. Curiosamente, el cineasta recién en septiembre pasado volvió a filmar después de décadas —y de alegar “censura económica” de los gobiernos panistas y priistas—; su película en proceso es 1938, cuando el petróleo fue nuestro, que incluso tuvo locaciones en el Palacio Nacional.

 

 

El perfil de la Muestra y el que se presentara como única opción de ver cine de autor en el país, soslayando el papel de los cineclubes, fue abordado y criticado en el libro Paisajes de la Muestra, que la Cineteca editó hace una década, cuando el evento cumplió 40 años, y que contiene excelentes ensayos de gente Jorge Ayala Blanco (colaborador de Confabulario), Raúl Miranda, Rafael Aviña, Ernesto Diezmartínez, Carlos Bonfil, Luis Tovar, Naief Yehya, Jorge Grajales y Ricardo Pohlenz, que fue el segundo título alusivo a la historia de las muestras después del de Muestra de Muestras (1991).

 

Sobre la censura a películas a lo largo de medio siglo de Muestras, Nelson Carro sostiene que al menos en su gestión no ha habido censura o prohibición por parte del gobierno federal, a través de la Dirección de Cinematografía, pero reconoce que en otros tiempos los filmes que se exhibían en la Muestra podían pasar sin cortes, pero después ya no era posible verlos completos en circuito comercial.

 

“En la Muestra, al igual que en la Reseña, como siempre ha ocurrido en los festivales, había una cierta libertad para que las películas pasaran sin cortes, aunque después no pudieran circular. El caso más notable fue La última mujer (1975), de Marco Ferreri, una película que se vio sin censura pero después se exhibió con cortes. El imperio de los sentidos (1976), de Nagisa Oshima, no se vio en la Muestra, porque hay casos de censura como tal y otros de censura disfrazada en el sentido de que muchas cintas no fueron censuradas porque nunca se presentaron por el distribuidor, no era una censura, sino una autocensura. Otros ejemplos fueron La última tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese, o Yo te saludo, María (1985), de Jean-Luc Godard, que tardaron años en que se pudieran exhibir en México”.

 

De los grandes nombres al cine marginal

 

Aunque en la 70 edición no hay, irónicamente, película de Woody Allen, que encabeza la lista de favoritos de la Muestra con 23 filmes, una historia de amor con los cinéfilos mexicanos que empezó en su quinta edición con La última noche de Boris Grushenko (1975). Después siguen Ripstein (14), Fellini, Scola y Saura (10); los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, y Ken Loach (9); Ingmar Bergman, el recién fallecido Felipe Cazals,, los hermanos Joel y Ethan Coen, Manoel de Oliveira, Alain Resnais e István Szavo (8); Pedro Almodóvar, Atom Egoyan, Jaime Humberto Hermosillo y Andrzej Wajda (7) y sólo una mujer entre este elenco de 18 cineastas, la francesa Claire Denis (6).

 

Por el contrario, la edición 70 carece de grandes nombres, salvo Tarkovski con su clásico. Carro reflexiona y apunta que la selección que podrá verse en noviembre es de cinematografías “marginales”.

 

“Hay varias películas de cinematografías poco habituales de la Muestra, eso quizás es lo más llamativo. Filmes de Irán, Turquía, Argelia, Afganistán, de directores de cinematografías marginales; aunque recibieron fondos europeos, son de directores y locaciones en África y Asia”, explica el funcionario.

 

Las películas que se presentarán en esta ocasión son: Primavera en París, de Suzanne Lindon (Francia, 2020); There Is No Evil, de Mohammad Rasoulof (Irán, Alemania, República Checa, 2020); Las golondrinas de Kabul, de Zabou Breitman y Eléa Gobbé-Mévellec (Francia, Suiza, Luxemburgo , Mónaco, 2019); La habitación 212, de Christophe Honoré (Francia, Bélgica, Luxemburgo, 2019); Un hijo, de Mehdi M. Barsaoui (Túnez, Francia, Líbano, Catar, 2019); El hombre que vendió su piel, de Kaouther Ben Habia (Túnez, Francia, Bélgica, Alemania, Suecia, 2020); Favolacce, de Damiano y Fabio D’Innocenzo (Italia, Suiza, 2020); My Brother’s Keeper, de Ferit Karahan (Turquía, Rumania, 2021); Great Freedom, Sebastián Meise (Alemania, 2021); Memoria, de Apichatpong Weerasethakul (Tailandia, 2021); El otro Tom, de Rodrigo Plá y Laura Santullo (México, 2021) y Algunas bestias, de Jorge Riquelme (Chile, 2021). Además, de La sombra del caudillo y El espejo, los dos clásicos.
Carro subraya que, aunque en la 70 edición no hay los grandes nombres europeos del cine, el público ha ido encontrando nuevos cineastas favoritos y pone de ejemplo a los hermanos Dardenne que, desde su primera incursión con Rosetta (1999), todas sus películas se han presentado en las muestras.
“El público que asiste a la Muestra busca siempre a los directores, no películas, es una Muestra de directores”, concluye.

 

FOTO: Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional /Crédito: Especial

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