Internet no matará a la música

Sep 26 • destacamos, principales, Reflexiones • 1337 Views • No hay comentarios en Internet no matará a la música

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Estos meses han probado que el público ha sido fiel a los músicos, compositores y productores de eventos, en una industria que sabrá resistir a las nuevas realidades

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POR IVÁN MARTÍNEZ

Cada tanto, aparece entre la gente de música (artistas, públicos y críticos) un temor sobre el terrible evento meteórico que acabará con nuestro arte. También ha sucedido con otras disciplinas: el cine iba a terminar con el teatro, por ejemplo, y ahí sigue; e incluso ambos sobrevivieron luego a la televisión.

 

 

La paranoia en la música, sin embargo, ha sido más frecuente y constante a lo largo de los siglos, y la mayoría de las veces ha ido acompañada de un puritanismo clasista ciertamente feo y vociferante.

 

 

Primero fue la música popular, como si ésta no hubiera existido antes que la teoría; ahora incluso hay quien cree que ciertos géneros “menores” de esa música acabarán con otros, que para ellos son sólo “menos menores”. Luego fue el malvado Monteverdi y en otro momento un instrumento, el violín; más tarde Beethoven y enseguida Debussy. El gramófono tuvo su época como enemigo favorito y luego le pasó la estafeta al disco compacto. En el siglo XXI los más terribles y amenazantes indicios de que el arte musical muere son youtube y “las cabecitas grises”.

 

 

Ninguno ha acabado con la música clásica y, por ende, tampoco con la necesidad del público de escucharla en vivo: la Ciudad de México, Guadalajara o Zacatecas tienen más orquestas sirviéndoles que cuando se fundó youtube y todas llenan sus salas constantemente. Las que cerraron, en todo caso, fueron las tiendas de discos; que son una economía importante, pero no representan la salud de la música. Y sobre el último, leí hace unos días de un lector del New York Times la mejor defensa: “las cabecitas grises somos recurso renovable”.

 

 

Durante el encierro, hay quien ataca los videos de cuadritos, los recitales caseros por los que no se cobra y el concierto online. El caso mexicano es específico, pues la mayor parte de su actividad es cobijada por fondos que provee el Estado y eso implica otras conversaciones –incluso éticas– sobre la modalidad de su difusión y su acceso (que no hemos tenido), pero llegué a leer, puestas en la misma discusión, que la gente no escucharía en streaming a las orquestas de Philadelphia o Aguascalientes, porque en internet también está, y desde antes, Berlín.

 

 

Exacto: hay quien cree que la amenaza para que la gente pague por ver un concierto de la orquesta de Philadelphia es que otra, a miles de kilómetros, tiene su propia plataforma.

 

 

Hace seis meses no era Berlín, sino que la gente no regresará a los conciertos porque se acostumbró a internet y con todo gratis online nadie volverá a pagar un boleto: pero en cualquier ciudad donde se hayan ofrecido conciertos con público limitado, esas pocas entradas se han agotado en menos horas; ni el temor a un virus que sigue presente y rondando los ha detenido. Y para quien no vio la temporada de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes (OSA), que los últimos cuatro domingos dirigió Iván López Reynoso, sepa que todos tuvieron, y siguen aumentando, miles de vistas.

 

 

Me temo que están nuevamente equivocados los catastrofistas de la nueva normalidad y de sus impactos sobre cómo escucharemos la música. Esto es temporal: cómo lo aprovechemos cuando regresemos, no. Tienen el mapa al revés quienes creen que el reto es regresar a la gente a las salas de concierto y no viceversa, el aprovechar la herramienta tecnológica para ampliar sus perfiles y aumentar sus públicos.

 

 

Si el público tarda en regresar, tendrá que ver únicamente con el manejo personal de la pandemia (cuándo se lo permita la autoridad y cuándo se lo permitan ellos mismos) y no por tener contenidos, gratuitos o de pago, en casa. En la elección de qué ver y de por cuáles contenidos pagar, tampoco podemos ponernos exigentes ni mucho menos subestimar la inteligencia o la sensibilidad del público. El público regresará en cuanto pueda, y si antes no se paraba en ciertos teatros (la gente de teatro suele quejarse del público que no tiene) o en ciertos conciertos (Beethoven llenaba más que Xenakis y lo seguirá haciendo), tampoco lo hará después.

 

 

En todo caso, habría que aprovechar este paradójico efecto globalizador. Por eso creo que Aguascalientes (como también Chihuahua y la OFUNAM, de quienes ya hablé antes aquí) lo hizo bien: su orquesta dejó de ser el ensamble mediano que sabíamos que existía en el centro de México, por el que alguna vez pasó Iván López Reynoso como su director principal en interinato, pero que nadie de fuera –acaso algún zacatecano ocioso por pasar la tarde en la ciudad vecina– llegaba a escuchar.

 

 

Ahora, y quizá sin ser conscientes de ello, no sólo ofrecieron cuatro programas al público local que “ya los extrañaba”, sino que la situaron en el mismo perfil internacional creciente que ha ido labrando esta batuta, atrayéndoles nuevos likes y views que los han colocado –ciudad y orquesta– como destino cultural, poniéndose en el mapa de las orquestas latinoamericanas. Algo que, por cierto, no había logrado el par de discos que grabaron antes para una marca de distribución mundial.

 

 

El reto no será volver a ver a su público en el teatro. En todo caso, el nuevo director tiene uno para mantener el nivel al que los llevó este huésped; y el productor para evitar sus cortinillas fastidiantes (tampoco podemos obviar lo perfectible, aunque la música se acercara a la perfección). El reto es global, es mantener internet aun cuando vuelva a no ser imprescindible para nuestra disciplina. Y el de otras orquestas, sea en Toluca o Xalapa, Monterrey o Mérida, igualarlos. Puede que algunas sean mejores orquestas, pero por ahora, la que elevó su perfil, de quien se habló, fue de la OSA.

 

https://www.facebook.com/InstitutoCulturaldeAguascalientes/videos/232073898233416

 

FOTO: El director de orquesta Iván López Reynoso durante una de las presentaciones de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, en las que participó como director huésped./ Tomada e la página de Facebook del Instituto Cultural de Aguascalientes.

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