¡Ahí nomás, para empezar el año!

Ene 21 • destacamos, Miradas, Música • 1478 Views • No hay comentarios en ¡Ahí nomás, para empezar el año!

 

POR LÁZARO AZAR
Espero que no sea demasiado tarde para desearles un año lo más pleno y saludable posible. Si no lo había hecho antes, es porque no hemos tenido mayor actividad musical por estos lares. Ante ello, opté por comentarles tres libros que tienen que ver con la Música y fueron publicados el año pasado. Afortunadamente, nuestras “H. Autoridades Culturales” nos brindaron esta semana un par de detallitos, muy a tiempo para darle sabor al caldo.

 

Siendo preciso, fue durante la pandemia que la Universidad Autónoma Metropolitana editó Noches de Ópera, del periodista cultural Vladimiro Rivas Iturralde, quien aquí se acerca a cronistas referenciales como Carlos Díaz-Dupond y José Antonio Alcaraz e investigadores como José Octavio Sosa y Aurea Maya al consignar su punto de vista en torno a los aciertos y tropiezos que, durante las últimas tres décadas, hemos gozado y padecido en escena. Publicado dentro de la serie “Imágenes de nuestro tiempo”, este volumen compila cerca de un centenar de crónicas –tan complacientes algunas, que parecería que presenciamos eventos diferentes- y treinta ensayos que van de la nostalgia por el adiós a los discos y la faceta como crítico musical de Gutiérrez Nájera, hasta disquisiciones sobre algunos de los títulos y cantantes favoritos del autor, así como una vasta cavilación en torno a la posibilidad de la crítica operística, concluyendo que, si es honesto, el crítico está condenado a quedarse sin amigos en el medio artístico. Gran verdad a la que llegué sin tantos vericuetos cuando La Miss Alcaraz me sentenció: “mi’jita, si haces bien las cosas, jamás te van a dar la banda de Señorita Simpatía”.

 

Editado de manera independiente, ¡Juro que en mi casa me salía mejor! – Método de estudio para pianistas… y otros músicos es de la autoría del pianista y pedagogo Raúl Herrera Márquez, a quien seguramente ubican muchos de Ustedes por ser también el autor de La sangre al río, esa apasionante novela histórica que desmitifica al Centauro del Norte a la vez que relata las vicisitudes que padeció su familia durante la Revolución. Con base en nuestra pasión compartida por el piano y sus grandes intérpretes, puedo asegurarles que –además de esa insaciable curiosidad intelectual que le ha llevado a agotar toda la bibliografía imaginable, citándola en el momento preciso-, no conozco a nadie más que se haya puesto a observar con tanta acuciosidad la motricidad que emplean los artistas que tanto reverenciamos para tener los resultados que logran. Herrera inicia abordando los patrones de aprendizaje a partir del sistema nervioso, para concluir reflexionando sobre la técnica, la memoria, el control y la interpretación; lejos de ser el libro sumamente técnico que pudiera parecer, sus más de trescientas páginas fluyen clara y amenamente.

 

Publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, Mi amor, la música, la biografía de Eduardo Díazmuñoz escrita por Brenda Elizondo me deja con sentimientos encontrados. Alabo que no hubo pichicatería alguna a la hora de imprimir: emplearon papel de primera, está profusamente ilustrado con una gran cantidad de imágenes y documentos a color, y Díazmuñoz tampoco escatimó a la hora de compartir sus recuerdos. Con gran sabrosura repasa lo mismo su vida profesional que su intimidad, y ahora que Maestro ha puesto en la mira a Leonard Bernstein, la evocación que hace del tiempo que fue su alumno en Tanglewood y el trato que tuvieron, resulta más esclarecedor sobre dicho personaje que lo expuesto en la citada película, aunque, como él admite, ello implicara haber sido objeto de infinidad de bromas y habladurías, ya que “durante toda mi vida, no sé por qué siempre sentí que tuve más éxito con los hombres que con las mujeres…” ¡Basta ver sus fotos para entenderlo!

 

Claridoso como pocos, Díazmuñoz contagia el gozo con que respondió a Javier Barros Valero, director del INBAL en aquel momento, cuál sería su receta para mejorar a esa orquesta de segunda división que es la Sinfónica Nacional: finiquitaría a todos los músicos y haría audiciones para formar “una orquesta libre de sindicatos, con un nivel que le haga honor a su nombre y no sea la Sinfonola Naconal o la Chafónica Naciomal, como todo el mundo la conoce”. Tampoco tiene tapujos al hablar de la demanda que, tras un litigio de dos sexenios, le ganó al Conaculta a raíz del pleito que tuvo con Rafael Tovar y de Teresa y lamentar que, en México, “nunca ha habido una política cultural, siempre ha habido mucha política en la cultura y muy poca cultura en la política”.

 

Lamentablemente, de manera paralela a la vida de su biografiado, la autora “contextualiza”, de manera muy sesgada, lo que ocurría históricamente. Su falta de objetividad al referirse a López Obrador es tan evidente como la torpeza con que pretende generarle unas simpatías que los hechos echan por tierra. En la página 263 no tiene empacho en citar a Lorenzo Meyer para decir que, “en los dos sexenios que estuvo en el poder el Partido Acción Nacional (…) no se perdieron doce años. Se perdió más”. ¿Qué dirá ahora Brenda Elizondo ante el más de un millón de muertos que este narco gobierno lleva en su haber, ante la inseguridad y la devastación generalizada que padecemos? Imposible no referirle las mismas palabras que ella ha escrito: hemos perdido “algo que era históricamente muy valioso; algo que históricamente no sé cuando volvamos a tener”.

 

Tal y como leímos anticipadamente en nuestra sección cultural, esta semana la coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, Rosa Beltrán, anunció que su nuevo Director de Actividades Musicales será José Julio Díaz Infante, quien tiene ante sí la invaluable oportunidad de demostrar que no es el funcionario gris del que se ha librado el INBAL, institución que no sale de Guatemala para entrar a Guatepeor, pues ante el azoro de varios de sus artistas que me dicen que el reglamento estipula que el Coordinador Nacional de Música debe ser músico, el problema no es que Lucina le encomendara el cargo a una recomendada más de su favorita en turno, sino el desconocimiento que ésta

tiene del área, ya que siendo Mireille Bartilotti de extracción teatral, ¿qué podría salir mal?

 

Sigue imperando el descuido, la ignorancia y la falta de sensibilidad, y como Fraustita no se podía quedar atrás, publicó con “afable desenfado” y mala ortografía sus condolencias por la muerte de José Agustín, ocurrida este martes 16, con fecha del tres de enero. No cabe duda que, cual personaje de Hugo Argüelles en Los cuervos están de luto, se le quemaban las habas por estrenar huipil negro…

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