Toby Miller: “Creemos que las industrias creativas son ecológicas”

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Toby Miller, uno de los pensadores más representativos del ecologismo actual, analiza el impacto de las nuevas tecnologías en el medio ambiente

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POR LEONARDO TARIFEÑO

No son muchos los intelectuales capaces de establecer relaciones entre el cambio climático, las industrias culturales, la basura electrónica y los desafíos de la democracia. Toby Miller, inglés de nacimiento y australiano por adopción, es uno de ellos.

 

 

Especialista en estudios culturales y director del Instituto de las Industrias Mediáticas y Creativas de la Universidad de Loughborough, en Inglaterra, el autor de Greenwashing culture pasa temporadas en México y sólo muy de vez en cuando participa de encuentros públicos con otros estudiosos. Una de esas excepciones ocurrió meses atrás, cuando participó en el XXVIII Coloquio Internacional “¿Cómo surge un nuevo orden?”, organizado por 17, Instituto de Estudios Críticos, en el Museo Nacional de Antropología. Allí, Miller subrayó el impacto de las industrias creativas en el cambio climático; poco después, en diálogo con Confabulario, expresó su preocupación por el tráfico ilegal de basura electrónica en México y la ausencia de regulación en lo que apunta como “uno de los principales negocios del crimen organizado internacional”.

 

 

Usted ha escrito sobre televisión, nuevas tecnologías, inteligencia artificial y políticas culturales; sin embargo, el principal interés de sus últimos trabajos no es ninguno de esos, sino el cambio climático. ¿Por qué?
Es un tema que aparece cuando uno estudia las industrias creativas. En general creemos que las industrias creativas son ecológicas, sobre todo si las comparamos con la extracción de minerales. Sin embargo, lo cierto es que la industria cultural y las tecnologías de la comunicación tienen un impacto muy grande en el cambio climático. El altísimo uso de electricidad, los viajes en avión o automóvil y la utilización de fuentes de energía sucias son muy frecuentes en las industrias creativas. Y lo mismo ocurre con la creación de sus tecnologías, como televisores y monitores.

 

 

¿Qué se puede hacer para evitar ese impacto?
Lo que necesitamos es que cada industria haga y comparta un estudio sobre el impacto de sus actividades en el cambio climático. Hoy estamos en una situación muy parecida a la que tuvimos hace unos 20 años con la industria del tabaco. Por eso, necesitamos regulación estatal, es decir, la intervención democrática del gobierno en favor de nuestros intereses como ciudadanos y no sólo consumidores. Pienso en el caso de la basura electrónica. Urge que los ciudadanos sepamos qué responsabilidad ambiental tienen los fabricantes de smartphones y demás dispositivos portátiles, como ocurre con cualquier otro producto. Según el gobierno canadiense, la basura electrónica es uno de los principales negocios del crimen organizado internacional, y en América latina, Asia y África es un problema muy grande.

 

 

¿Cómo es la situación en México?
Bueno, sabemos que mucha basura electrónica del norte global va al sur global de una manera desigual y de alto riesgo. En México, la entrada ilegal de basura electrónica desde Estados Unidos y otros países es un problema gigante, que incluye un reciclaje muy peligroso. En algunos casos, viene a través de la frontera con Estados Unidos; se puede ver en las mismas ciudades donde están las maquilas y se fabrican televisores y computadoras. Después de su vida práctica, esos productos reingresan ilegalmente y se reciclan en el sector informal. Es algo que ocurre mucho en México, Brasil, Malasia, India y China. En México, además, ocurre que no hay un organismo estatal que se ocupe del asunto de manera nacional. En resumen, las industrias deben compartir con nosotros el impacto de sus prácticas y, por otro lado, necesitamos que el Estado ponga el interés público por sobre unos intereses comerciales muy poderosos.

 

 

Como ha escrito más de 40 libros, se ha interesado en muchísimos temas. Uno de ellos es la “ciudadanía cultural”. ¿Cómo la describiría y por qué es importante?
Históricamente hay tres tipos de ciudadanías: la política, la económica y la cultural. Con la política se tiene el derecho de vivir en un país, recibir la protección del Estado y votar. La segunda protege el derecho de trabajar y alcanzar el bienestar social. Y la cultural es importante porque se refiere al derecho a la identidad social y a expresarse a través de la cultura.

 

 

¿Cómo funciona esa ciudadanía cultural en México?
En México hay una tradición muy importante de políticas culturales. A través de la historia, esas políticas se han apoyado en la memoria del indigenismo y en una idea que propone a la cultura indígena como el corazón del país. Esta es una idea muy estática, que no permite el dinamismo y el cambio ni en la cultura indígena ni en la urbana, que en definitiva es la dominante en la mayoría de la población. Y hoy vemos que, al mismo tiempo que tenemos más recursos para fortalecer la cultura indígena, se utiliza la idea -o fantasía- de esa cultura para representar a la nación pero sin un poder real de los indígenas. Ahí hay un problema: en nombre del indigenismo, las políticas culturales imaginan una ciudadanía cultural que no es real, y por otro lado no apoyan ni desarrollan el indigenismo en sus propios términos.

 

 

En tanto estudioso de los mass media, ¿cómo ve a los medios en estos tiempos de redes sociales?
Es un momento muy difícil. Los medios han perdido muchos ingresos y eso se refleja en las pérdidas de sus bienes y en la cantidad de periodistas contratados. Por otro lado, hay toda una generación para la que ni los noticieros televisivos ni los periódicos son fuentes claves de información; ellos prefieren las redes, todos servicios que no tienen ni la historia ni la capacidad ni la responsabilidad del periodismo tradicional. El problema aquí es que sin una prensa activa e involucrada, y sin una ciudadanía cercana al periodismo, se corre el riesgo de la manipulación de información a manos de compañías como Cambridge Analytica, que ha sido decisiva en la última elección en Estados Unidos. Sin un periodismo serio y más o menos autónomo, la democracia está en peligro. Los jóvenes destacan por su tolerancia y el conocimiento del resto del mundo, pero no por la profundidad de su conocimiento político, económico y cultural, ni por la capacidad de usar ese conocimiento para enriquecer nuestra democracia. Y si esa situación no cambia, el futuro de la democracia es muy angustiante.

 

FOTO: Toby Miller es especialista en industrias culturales./ Especial

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