Sébastien Lifshitz y la ternurita trans

Sep 4 • destacamos, Miradas, Pantallas, principales • 4673 Views • No hay comentarios en Sébastien Lifshitz y la ternurita trans

/

Este documental sigue la vida de Sasha, una niña transexual de siete años que se ha enfrentado a la discriminación, la cual enfrenta en compañía de su familia

/

POR JORGE AYALA BLANCO
En Little Girl (Petite fille, Francia, 2020), conmovedor undécimo largometraje del célebre parisino especializado en ficciones y docuficciones LGBTTTIQ+ de 52 años Sébastien Lifshitz (Casi nada 00, Por el lado salvaje 04, Los invisibles 12, Bambi 13), la amorosa e inteligente madre sensible de cuatro hijos Karine dentro de un pueblo del noreste de Francia se ha concentrado especialmente en su encantador hijito de siete años y lindos cabellos largos Sasha, quien con hiperconvincente firmeza asegura desde mucho más pequeño que cuando crezca se convertirá en niña y se aferra a esa convicción, toma clases de ballet, es feliz vestido de mujer, sufre humillantes rechazos en la escuela primaria y debe ser llevado por su progenitora, descorazonada y escarnecida por haber querido inútilmente deshacerle años atrás esa fantasía-decisión (“No es un capricho pasajero, se siente una niña atrapada en el cuerpo de un niño, detesta su pene y no ser capaz de llevar en su vientre un bebé algún día, en la escuela se le exige ser como los demás niños, no veo por qué molesta a la gente, le están impidiendo vivir su infancia”), primero ante un médico local y luego ante una psiquiatra parisina especializada en construcción de identidades sexuales que diagnostica disforia de género, extendiendo un certificado que esgrimir en la escuela, y así la empecinada madre comienza una verdadera cruzada en favor de su [email protected], contando con el decidido apoyo de su severo marido terminante (“Son supermezquinos”), de la hermana mayor adolescente (“Nació con un cuerpo equivocado”) y hasta del hermanito que apenas la aventaja en un par de añitos, todos explicándose velozmente de frente a la cámara de esta única e inusitada película documental, y viviendo ante ella, en pie de lucha por el resguardo de la precocidad de esa insólita ternurita trans.

 

La ternurita trans trasciende cualquier caída en el melodrama sentimental o en el frío caso de precoz disforia de género, mediante ese inasible espíritu ligero que tanto ponderaba Nietzsche, hecho de pudor, delicadeza, habilidad, cálculo, agudeza y observación comprometida, negándose tanto a la detonante crónica panfletaria o pintoresca, como al mero registro clínico o al escalpelo, pero igualmente rechazando aspectos y dimensiones más específicas y particulares como la satanización de aquellos niños y adultos que rechazan a Sasha en la escuela, empezando por el inmostrable director beato sin valor siquiera para dar la cara en una reunión público-privada con los padres de familia, o en la clase de ballet, siguiendo con la análogamente inmostrable instructora rusa que con la discriminadora sonrisa en los labios ha expulsado a Sasha de su clase dándole un portazo, cero facilidades, nula complacencia, sin más rollo o entrevistas doctas que las oportunas preguntas lógicas y los certeros comentarios del médico y la psiquiatra a lo largo de la consulta, aunque en momento alguno se indague o especule sobre la evidente edipización de Sasha por sus valerosos, solidarios e indulgentes progenitores obviamente y asimismo castrantes.

 

La ternurita trans retoma la docuficción coloquial metaescolar francesa allí donde la habían dejado los sutiles pálpitos de Nicolas Philibert (en el incógnito pueblaco de Sasha también parece haber algo semejante a las clases únicas como en Ser y tener 02) y el vigor preciso que nunca salía de las cuatro paredes de La clase (Laurent Cantet 08), volcados a un ahondamiento abierto, más que a la vivisección subrepticia, de un pequeño núcleo social, sea escolar, sea sucedáneo familiar, siempre en situación y en inminencia dramática, si bien un tanto marginada a la antecámara del teatro neoclásico, apremiante aunque en apariencia tranquila, porque reclama y obtiene el inigualable don de la devoción fervorosa hacia sus criaturas transexuales que ya había mostrado el asentado Lifshitz de cara a un fluctuante prostituto trans en Por el lado salvaje y su estrella queer de pasado turbulento nunca por completo superado en Bambi, más allá de los productos rutinarios destinados al ghetto de los festivales de cine alternativo, puesto que aquí cobran incomparable interés la duda de la fuerza de la edad cambiará los anhelos de Sasha, la temeraria resolución parental de aprovechar que aún no le han bajado los testículos para bloquear su pubertad blindando su futura transformación en fémina.

 

La ternurita trans encuentra su punto culminante tanto anecdótico/no-anecdótico y nodal en los preparativos de Sasha escogiendo atuendo femenino en la boutique y estuche de lápices y nueva mochila para asistir al inicio de clases del tercer año, con la férrea voluntad de obtener aceptación y respeto, en imágenes dulces que logran hacerles eco a las imágenes vehementemente líricas de Sasha superando en soltura etérea a sus compañeritas de ballet, imágenes de diálogos entre perfiles en paralelo y monólogos frontales o idílicas visiones impresionistas en el día de campo o en las playeras vacaciones familiares con fotografía de amplio espectro opcional de Paul Guillaume, imágenes persecutorias de pompas de jabón y cita puntual de La sirenita disneyana (Musker-Clements 89) o armónica agitación con alas de mariposa, imágenes sabias sin regodeo pese a cierta seductora amalgama musical de Debussy/Dvorak/Vivaldi/Ravel/Pook y merced a la edición de Pauline Gaillard en definitiva tajante.

 

Y la ternurita trans juega a las barbies con una amiga anteojudita que la respalda, se deshace de todo lo azul en beneficio del rosa y se apresta melancólicamente acostada a solas para el sufrimiento y el dolor (“Tienes derecho a estar triste y enojada”) que sus padres no podrán evitarle (“Su personalidad la defenderá, es su batalla y no la mía”) y de seguro la aguardan, para cumplir con la ignorada misión que debe sin embargo cumplir según su madre (“Siempre hay un papel que desempeñar en un momento dado, creo que si está aquí es para ayudar a cambiar la mentalidad de la gente”).

 

FOTO: Especial

« »