Semana del Cine Alemán en Línea

Ago 15 • Miradas, Pantallas • 2369 Views • No hay comentarios en Semana del Cine Alemán en Línea

/

Mi final. Tu principio, Progreso en el valle de los despistados y Coup, tres dramas existenciales disponibles en la versión web de este ciclo internacional

/

POR JORGE AYALA BLANCO

La simetría temporal. En Mi final. Tu principio (Mein Ende. Dein Anfang), debut de la cortometrajista munichense de 31 años Mariko Minoguchi, el joven físico cuántico en vías de titularse Aron (Julius Feldmeier) y la traumatizada cajera de supermercado Nora (Saskia Rosenthal) sostienen desde hace dos años una linda convivencia amorosa pese a sus abismos culturales y a que para ella todo sucede por casualidad y para él todo está predeterminado, hasta que él muere en un asalto bancario y ella empieza a sentir por doquiera la presencia de él, pero pronto pasa una noche en compañía del desempleado con hijita leucémica Natan (Edin Hanovic) que la ha salvado del suicidio callejero y de la violencia machista de antro, un azaroso lance erótico que resulta perturbador cuando ella descubre en la comisaría que el tipo era el compinche del asesino de su pareja, está a punto de acribillarlo a la orilla de un fangoso río, pero ya ha fungido como donadora de la médula ósea que la pequeña hija del desesperado requería y lo deja vivo a merced de la simetría temporal.

 

La simetría temporal va y viene por la urdimbre de los relatos y por los tiempos narrativos de esas dos trágicas historias paralelas algo equivalentes, una de cine romántico posmoderno con ribetes de ciencia-ficción (la de Nora y Aron con nombres palíndromos), otra de fatalidad social (la de Natan tras su cruel despido estilo Los miserables por el robo de un brazalete insignificante), que acaban cruzándose inextricables, para crear una perfecta estructura a la vez rígida y sensible, donde todo acontece cual colección de déjà-vus, como hurgando con dificultad en la red de los pliegues y las bifurcaciones del tiempo, en las paradojas espacio-temporales, ante seres que avanzan en sus vidas cuando en realidad retroceden y dramáticamente se dirigen hacia el final y el comienzo de sus irracionales nexos u opciones conductuales extremas.

 

Y la simetría temporal culmina en el flechazo en el Metro de los futuros amantes con memoria del futuro y de un pasado y un presente perpetuos y fijos, tras girar poéticamente en torno de ambos, porque “Mi final es tu principio”.

 

 

La megahazaña hueca. En Coup (ídem), deliberadamente opaca opera prima ficcional del documentalista dusseldorfiano en la República Checa kafkianamente formado de 44 años Sven O. Hill, sobre hechos verídicos, un oscuro empleadillo bancario norgermano de 22 años con feliz mujercita sin aspiraciones y bebé (Daniel Michel) se descubre precozmente como un superdotado para la doble vida clandestina, lo que le permite ser a la vez miembro de un club de greñudos motociclistas posjipiosos estilo Ángeles del Infierno, y en el verano de 1988 le facilita ejecutar un millonario robo perfecto con reevaluables cupones hereditarios que debería destruir por rutina, triangular con Luxemburgo, renunciar a su trabajo, cobrar los valores en efectivo por media Alemania viendo en los ojos los cajeros y huir a Australia al lado de un cómplice brutazo, para darse la buena vida, comerse una langosta de 800 dólares, comprar la nacionalidad, fracasar telefónicamente en convencer a su esposa de que lo alcance, y acabar negociando la complicada devolución del botín de esa inconcebible megahazaña hueca.

 

La megahazaña hueca se mimetiza con la inusitada grisura vertiginosa y decepcionada de sus recursos expresivos, el uso auxiliar de dibujos animados pueriles y entrevistas pregrabadas, el monólogo técnicamente preciso e impecable, la banalidad extrema del compulsivo acto gratuito límite, la imposibilidad para gozar de los cinco minutos de fama prometida, la nimia grandeza del absurdo, más la tácita figura del uróboro espiritual que morderá siempre su propia cola.

 

Y la megahazaña hueca se evoca aún hoy desde el anonimato del viejo prematuro que pasea su insignificancia ahora solitaria por un muelle de Hamburgo, caminando a lo lejos, sin atreverse a dar la cara, añorando su riqueza súbita y maldiciendo su antigua inmadurez, asegurando sin autoconvicción y en vano que nunca se ha arrepentido de algo, como un Pancho López-ánima en pena que vivió la vida con demasiada rapidez e intensidad y ya nada le queda para seguir existiendo.

 

 

El ansia utópica. En Progreso en el valle de los despistados (Fortschritt im Tal der Ahnungslosen), irónico documental del sajón nacido exacto en el 1989 de la reunificación alemana Florian Kunert, cuatro jóvenes refugiados sirios reciben alojamiento en los restos del antiguo complejo fabril para maquinaria agrícola Progreso en la recóndita Sajonia y, al resguardo de las feroces manifestaciones xenofóbicas de la región, son encargados para el aprendizaje de la lengua y aclimatación a unos rústicos pueblerinos septuagenarios, quienes pronto empezarán a iniciarlos en las prácticas y valores del viejo régimen comunista de la extinta República Democrática Alemana, la cultura ilusoria en la que crecieron y la única que aún conocen y en el fondo añoran, con toda su cruel carga de ansia utópica.

 

El ansia utópica vehicula un plausible e impávido himno entre ruinas a través de una estructura fragmentaria hecha de gozosas agudezas sarcásticas y pinceladas tiernas a lo Tati o Iosseliani y sin comentario alguno: los henchidos Cantos de la Juventud Libre entonados por un coro de ruquitas en despoblado, la recurrente demolición de un regio corredor visto desde adentro, la limpieza de un teatro espléndido, la desconfianza de los sirios ante aquella falsa felicidad vigilada y obligatoria, la visita mediática de un presidente sirio aliado o una feroz manifestación antimusulmana en el irremediable desplome de un mundo ya en escombros.

 

Y el ansia utópica se resignifica por fin como un irrefrenable impulso entre la nostalgia perenne y el ímpetu solidario, cuando los muchachos sirios y su principal anfitrión germano logran arreglar un averiado autito comunista Trabant para partir triunfal y desafiante plaza por las calles del pueblo vecino, cual niños con axiológico juguete nuevo.

 

FOTO: El ciclo de Cine alemán se puede seguir esta página web. http://cine-aleman.com/

« »