Svetlana Alexievich: Lecciones de libertad

Mar 21 • Conexiones, destacamos, principales • 4119 Views • No hay comentarios en Svetlana Alexievich: Lecciones de libertad

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La escritora y periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015, conversa desde su casa en Minsk sobre las expresiones modernas del populismo, el papel que tienen las mujeres y los jóvenes en el futuro global, y comparte su lectura sobre la revisión de la historia reciente en México: “la libertad es un proceso lento”

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POR GERARDO ANTONIO MARTÍNEZ

 

 

Traducción de Saniya Majmutova
El trato con Svtelana Alexievich, Premio Nobel de Literatura 2015, remite a la calidez de la voz materna y al oído de la hermana paciente. En entrevista telefónica desde su casa en Minsk, Bielorrusia, Alexievich (Ucrania, 1948) habla sobre varios temas urgentes de la agenda global: la importancia del feminismo en la sociedad rusa y sus resonancias en el mundo occidental; la llegada de una nueva generación de líderes mundiales comprometidos con el medio ambiente (no oculta su entusiasmo por Greta Thumberg) y sobre los peligros del populismo en distintos países, entre los que destaca a Donald Trump en Estados Unidos y a Vladimir Putin en Rusia. Comparte también su proyecto de fundar una editorial en la que el catálogo estará ocupado sólo por mujeres.

 

 

Autora de seis libros en los que la sociedad soviética contó sus historias personales y familiares, de su pasado reciente y su nostalgia por la era soviética, Alexievich lanza algunas claves para que la sociedad mexicana pueda entender y asimilar la revisión de su historia reciente: “En México deben ser muy cuidadosos. La libertad es un proceso lento.”

 

 

En su obra destaca la experiencia en el trato con el ciudadano de a pie: viudas de guerra, mujeres que han perdido a sus hijos en los frentes de batalla, veteranos de las guerras de Afganistán, como leemos en Los muchachos de zinc (1989); sobrevivientes de las dos catástrofes que han marcado la historia reciente de Rusia y las ex repúblicas del bloque socialista en Europa del Este: el accidente nuclear de Chernóbil en abril de 1986 (Voces de Chernóbil, 1997) y la caída de la Unión Soviética en 1991 (El fin del homo soviéticus, 2013). En esta última, las altas esferas militares no son ajenas a su narración, como ocurre con la historia del general Ajroméyev (una especie de Javert), cuyo suicidio nos lleva a conocer las dimensiones humanas de las crisis políticas.

 

 

El estreno de la miniserie Chernóbil (producida por la cadena británica HBO y dirigida por Craig Mazin), basada a su vez en algunas historias de su libro Voces de Chernóbil, reabrió un debate mundial sobre ese episodio de consecuencias mundiales y sobre el desprecio que los gobiernos totalitarios tienen por la ciencia. Su preocupación sobre las expresiones populistas en Europa y el resto del mundo no la llevan a la condena, sino a la precaución, a un llamado a la fraternidad y a la orientación que merecen aquellos que se ven acorralados por el miedo: “Hay que matar estas ideas del odio y no a la gente”.

 

 

El año pasado se estrenó la serie Chernóbil, basada en su libro Voces de Chernóbil. ¿Qué representa la historia de Valeri Legasov, el científico que alertó sobre la catástrofe nuclear y fue despreciado por la verdad oficial?

 

Todo lo que sé de ese personaje es como está escrito en el libro. Cuando esta serie se vio en Rusia, muchos rusos se sintieron agredidos. La creyeron una mentira cuando en realidad sólo es una versión. Ellos decidieron hacer su propia serie sobre los hechos. En ésta, el protagonista es un espía norteamericano que trabaja en la planta de Chernóbil, que es vigilado por los rusos. La crítica se rió de esta producción y decidieron dejar de transmitirlo.

 

 

Hace unas semanas anunció que creará una editorial que publicará sólo a mujeres. ¿Por qué sólo mujeres? ¿Qué autoras conoceremos cuando estas obras lleguen al mercado en lengua española?

 

 

Primero consulté las listas de las editoriales. Vi que están llenas de autores varones. Cuando una mujer participa en un evento siempre se tiene que adaptar a las opiniones masculinas. Esta editorial está dirigida a mujeres que quieran publicar con aceptación y la libertad de hablar de sus sentimientos, de los hechos. En este momento se me complica mencionar algunas autoras, pero serán escritoras con obra reconocida, modernas.

 

 

 

Existe en la historia soviética una tradición feminista que para las sociedades hispanoamericanas resulta lejana e incluso desconocida. ¿De qué nos hemos perdido?

 

 

En la historia de Rusia, las mujeres siempre han tenido fuerte presencia en los ámbitos laborales. En tiempos contemporáneos han cuestionado esto. Se preguntan por qué deben cumplir doble jornada, primero en el trabajo y después en la casa. Lo que ellas buscan y exigen es libertad en la casa, que en la preparación de la comida y el cuidado de los hijos también participe el hombre. Muchos hombres no están contentos con esa decisión de las mujeres. Es un proceso lento y no aceptan que las mujeres sean dirigentes. Cuando hay reuniones de tipo político o científico, no aceptan su presencia. Los hombres son muchos más lentos para la apertura. La mujer está mucho más cerca de la tierra, es más abierta. Por ejemplo, si enciendes la televisión en Rusia, hay mucha agresividad. Muestran mucha actividad bélica. Las mujeres ahora quieren ver paz, quieren tener una vida más humana. Gretha Thumberg nos habla del amor a la tierra, a todo ser vivo. Es una persona muy maternal. Ahora es el tiempo de las mujeres.

 

 

 

¿Cómo evalúa las protestas convocadas por Greta Thumberg? ¿Qué representan?

 

Hace varias semanas estuve en Londres. Ahí estaba Greta. Hubo en esos días muchas manifestaciones. La mayoría de estas personas eran jóvenes, quienes están abiertos a la protección del ambiente. Las generaciones anteriores son más cerradas. Me dio gusto ver a esta multitud de jóvenes muy conscientes.

 

 

La obra de Alexievich está marcada por el amor. No importa si el mundo se está cayendo a pedazos, si los combatientes han llegado mutilados de la guerra o una mujer se enamora de un expresidiario al que todos condenan con el dedo flamígero de las buenas costumbres. Hay amor de entrega materna y hay amor de confidencia de pareja. Un fragmento de El fin del Homo sovieticus dice lo siguiente: “Lo que se dice una pareja en la intimidad de la noche no queda registrado en historia alguna, porque sólo tenemos acceso a la historia diurna de los hombres”, frase que lleva la siguiente pregunta:

 

 

Hace unos meses se estrenó en Europa el documental Lyubov, amor en ruso, en el que usted participó como productora y en uno de los testimonios. ¿Es posible creer en el amor como lo viven nuestros padres y nuestros abuelos en una era donde la vida personal, actividades laborales, incluso nuestro historial afectivo, está a disposición del big data?

 

 

Las generaciones que crecimos en la era soviética vivimos el amor de una manera más inocente, de una manera más abierta, más tierna. La generación contemporánea es más cerrada. Les hace falta esta apertura e inocencia. Van a ver esta película como algo inocente.

 

 

 

México está entrando en una revisión de su pasado reciente, lo que ha generado polémicas. Con el antecedente de lo que se vivió en Rusia y las ex repúblicas soviéticas tras el derrumbe de la Unión Soviética, ¿qué se puede esperar de estas revisiones de la historia reciente?

 

 

Sobre estos procesos escribí el libro El fin del homo sovieticus. El imperio soviético estaba cayendo frente a mis ojos y quise anotar todo lo que estaba sucediendo. En ese momento la gente salió a las calles al grito de libertad. Se quería la libertad y un cambio, pero la realidad resultó al revés. Al caer la Unión Soviética también cayó la industria. La gente empezó a vivir peor de como vivía antes. Cuando las personas viven tanto tiempo encerradas no saben qué hacer cuando conocen la libertad. En México deben ser muy cuidadosos. La libertad es un proceso lento. Cuando una persona vive siempre recluida, sale y empieza a construir otro campo de concentración. Es lo que ahora está ocurriendo en Rusia con Vladimir Putin. El camino de la libertad es muy largo. De ninguna manera hay que apresurarse y hacer cosas drásticas.

 

 

 

El año pasado usted se sumó a una carta titulada “La Casa Europea, en llamas” que se publicó en distintos medios europeos. Los intelectuales firmantes hicieron un llamado a detener el avance de expresiones populistas. ¿Es este el principal riesgo que enfrentamos actualmente?

 

 

Con la caída de la Unión Soviética ha cambiado mucho al mundo. Ahora suceden cosas que no me imaginaba hace 20 años, como que Estados Unidos sea gobernado por una persona como Trump o en Rusia Vladimir Putin. Esto ha fomentado las expresiones populistas. Las personas mediocres siempre viven con miedo, y esto favorece estas olas populistas. Estos personajes no llegarían a gobernar sin el miedo.

 

 

 

¿Qué nos queda a los electores para enfrentar estas expresiones populistas?

 

 

En estas situaciones es cuando los sectores más ilustrados de la sociedad tienen que ayudar a la población a revalorar su historia y su presente, no dejarla sola, no dejarla gobernarse por el miedo. El odio en la sociedad no nos va a resolver los problemas ni nos va a llevar a ningún lado. Hay que matar estas ideas del odio y no a la gente. Sólo nos queda el amor.

 

FOTO: La escritora bielorrusa es autora de seis libros que han sido traducidos a 55 idiomas./ Reuters

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